La Feria

Pregunta simple a la presidenta sobre la colección Gelman

La voluntad de Natasha y Jacques Gelman era que su legado quedara en México. Es todo un culebrón lo que pasó tras la muerte de los coleccionistas y lo que el albacea ha hecho por décadas con ese acervo.

El 17 de enero de 2022, al reaparecer tras contagiarse de covid-19, el entonces presidente López Obrador declaró que, en el caso de la venta de Banamex, él preferiría que lo compraran mexicanos, pero que, en todo caso, el patrimonio cultural del banco aquí se quedaba.

“Está el patrimonio cultural que tenemos que cuidarlo, estamos hablando de edificios, de arte, de los mejores artistas. Vamos a estar pendientes, buscando que se quede en el país, eso no puede salir del país”, dijo en esa fecha. Varias veces repitió esa condición.

Desde que en 2018 Morena llegó al poder, el discurso nacionalista estrenó holanes. Se celebra con toda razón cuando se logra repatriar piezas prehispánicas o cuando se cancela alguna subasta de patrimonio nacional. Claro, también se destruyen vestigios en el sur para hacer el Tren Maya y se tiene en huesos el presupuesto cultural, pero esa es discusión para otro día.

Porque lo que hoy llama la atención es el contraste entre la contundencia de Andrés Manuel sobre el patrimonio cuando la venta de Banamex, y la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la colección Gelman, con decenas de piezas que –según denuncian artistas, curadores y periodistas– podrían ser sustraídas indebidamente de México.

Para decirlo pronto y en corto, la Gelman reúne una importante cantidad de pinturas de Frida Kahlo (10, más un grabado y siete dibujos), volumen al que solo compite la de Dolores Olmedo (la extraordinaria de Banamex del Foro Valparaíso, en el Centro Histórico, tiene menos).

La voluntad de Natasha y Jacques Gelman era que su legado quedara en México. Es todo un culebrón lo que pasó tras la muerte de los coleccionistas y lo que el albacea ha hecho por décadas con ese acervo. Ahora se dice que pertenece a la “familia Zambrano”.

Y de ahí, para seguir con la trama cubierta de sigilo, se supone que Santander, el banco, se la llevaría a España, a ser el corazón de un recinto cultural. Un comunicado de enero de ese organismo español es desdeñoso del “trámite” obligado de permanecer en México.

Eso que algunos llaman despectivamente “el mundillo cultural” ha denunciado que las piezas de Kahlo, Rivera, Siqueiros, Orozco e Izquierdo podrían cambiar de casa –de país, se entiende–, lo cual violaría la voluntad original de los Gelman, pero, más importante aún, la legislación mexicana: al tener declaratoria de monumento artístico, solo puede autorizarse su exportación temporal y bajo estricta vigilancia de traslado y retorno de Bellas Artes.

Precisamente el gobierno de México, en este mismo sexenio (noviembre de 2024), ya había impedido que la casa de subastas Sotheby’s rematara el cuadro “Caballo en el circo” (1940), de María Izquierdo, que forma parte de esa colección.

Hoy, luego de dos décadas de no ser exhibidas en México, en el Museo de Arte Moderno se pueden admirar 68 de las mejores piezas de la Gelman. Y, de esas, 27 son de las que no pueden irse del territorio nacional indefinidamente. ¿Se imaginan que no regresen?

En el sector cultural hay todo un debate sobre cómo llegó a manos de la fundación Santander lo que antes fue de los Gelman, quiénes son los Zambrano que habrían comprado a Robert R. Littman, el albacea, luego dueño, y en qué condiciones se irá de México la colección.

Pero para el público de a pie, ese que es el que importa, la única pregunta es sencilla, es esta: Presidenta Sheinbaum, ¿permitirá que en su sexenio se vaya de México para siempre uno de los tesoros más importantes del siglo XX?

Respetuosamente, favor de tranquilizar a todo mundo –menos a “los Zambrano” y a la fundación Santander, supongo– con un pronunciamiento de que México no perderá ese patrimonio. Gracias.

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