Hay visitas presidenciales que tienen que ser históricas. La de Claudia Sheinbaum de mañana a Jalisco es una de ellas. La recibirá una población aún con el Jesús en la boca, temerosa de que en cualquier minuto un infierno tipo 22 de febrero se desate de nuevo.
Con una crisis es crucial no pasar página sin hacer un exhaustivo recuento sobre lo ocurrido, su origen y sus lecciones. Por ejemplo, conviene ver números de daños en, por ejemplo, Vallarta.
La reportera Carolina Gómez Aguiñaga publicó ayer en su cuenta de X este listado sobre lo destruido en ese puerto:
“186 sedanes, 32 camiones, 6 tráileres, 4 camiones recolectores de basura, 59 kioscos, 59 Oxxos con daños mayores (tres con daños menores), 4 Farmacias Guadalajara, 1 Benavides, 1 Banco del Bienestar, 4 tiendas 2box, 1 refaccionaría AutoZone, 1 cafetería, 1 negocio diverso, 1 tienda Coppel, 1 gimnasio, 1 concesionaria Honda, 1 deportes Pirma, 1 tienda departamental RAC, 1 de línea blanca Supercolchones, 1 tienda de motocicletas Vento, 2 estaciones de servicio (gasolineras) y 1 cajero automático”.
La fuente es Protección Civil y Bomberos de Puerto Vallarta, una población de alrededor de 300 mil habitantes (un 60 por ciento de los que viven en la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX).
Vallarta es el municipio más golpeado por la reacción al operativo que descabezó al CJNG, pero no el único, desde luego. Y si una cosa hizo bien el gobernador Pablo Lemus, al visitar PV, así fuera cuatro días tarde, fue reconocer que la normalidad no llegará de inmediato.
Eso exactamente es lo que tiene que saber la presidenta mañana en su visita a Jalisco. Que la normalidad quedó comprometida por el gigantesco vacío que su gobierno, y el de Lemus, dejaron el domingo 22 de febrero. Hacerse cargo de ese silencio, de ese abandono.
Sheinbaum y Lemus parecían coordinados en su mutis frente a una población que se quedó esperando indicaciones. Si la operación armada en Tapalpa inició en el terreno antes de las ocho de la mañana, ¿por qué se tardó tanto en avisar de la emergencia?
La presencia en Jalisco de Claudia debe servir para aclarar qué es eso que, pomposa, es decir, huecamente, Lemus llamó Código Rojo, fórmula retórica que no aclara a la ciudadanía salvo lo obvio: algo grave está pasando, mas ¿qué me toca hacer?, ni idea.
El proceder de la autoridad local fue replegarse (había más seguridad en el entierro de El Mencho que en las calles tapatías el 22 y el 23 de febrero) mientras la autoridad federal ejecutaba el operativo.
Ojalá hubieran pensado en los que quedaban en medio, a merced de los delincuentes: ciudadanos de a pie, en vehículos y en establecimientos.
No pensaron ese día, y no han pensado desde entonces. Y aunque Lemus anunció apoyos de cientos de millones de pesos, los reclamos que se escuchan de negocios y ciudadanos son que han de afrontar las pérdidas por su propia cuenta. Ni en eso es funcional el gobierno.
Hay que hacer votos para que la presidenta no cometa el error de tratar –como hizo en Sinaloa el fin de semana– de demostrar con sus otros datos que los homicidios se han desplomado. Ojalá hable de desaparecidos, pero no para cuestionar las cifras, sino para pedir que no se quiten de los lugares públicos las fotografías de esas víctimas, cosa que pretenden en Jalisco en la antesala del Mundial.
Sería ideal que antes de ir a Jalisco, Sheinbaum recuerde la película The Queen, con Helen Mirren, de 2006, donde ante la frialdad y lejanía de Elizabeth II con una población en duelo por su princesa, le demandaron, vía un titular del Daily Mirror, “Show us you care”.
Eso quieren las y los jaliscienses, una presidenta que deje para otra visita sus datos; una mandataria que muestre que le importan las personas, sus testimonios y su ansiedad de esos días en que el gobierno desapareció; escuchar de ella la promesa de que no ocurrirá de nuevo.
Sería humano e histórico.