La Feria

Qué pena que Puerto Vallarta no es sede del Mundial

Aunque no tenga estadio donde se juegue un mundial, Puerto Vallarta ‘es un ejemplo del reto que aguarda al país luego del domingo’, explica Salvador Camarena.

Imaginen este escenario. Imaginen que Puerto Vallarta –sí, el nidito de amor de Liz Taylor y Richard Burton– hubiera sido designada sede mundialista 2026. Qué cara pondríamos al planeta hoy, ¿les diríamos ya casi encontramos a los 23 reos de alta peligrosidad fugados ahí el domingo, pero no worries, amigous, vengan, tienen todas las garantías? Con qué cara.

Fuera de la zona metropolitana tapatía, Vallarta es la ciudad más conocida, el destino más popular, el mar jalisciense por antonomasia. Y ahora también es el lugar más golpeado por la insurrección criminal del domingo luego de que la Federación cazara a Nemesio Oseguera.

Las imágenes de las columnas de humo el domingo estrujaban el corazón de cualquiera que tenga alguna vivencia en ese puerto. Fue un pandemonio.

La reportera Carolina Gómez Aguiñaga informaba el lunes de alrededor de 200 vehículos incendiados. Tantas tristezas para tantos vallartenses, para todos los que quieren Vallarta.

Pero como Vallarta no tiene Mundial, a quién le importa que desde el domingo en sus calles transitaran 23 presos de alta peligrosidad fugados del Centro Integral de Justicia Regional (Ceinjure), ubicado en la zona de Ixtapa, y donde perdió la vida ese día un custodio.

Las fichas de los presos fugados dan cuenta de desaparición forzada, homicidio, robo, delitos contra la salud, entre otros. Dos esperaban sentencia, mientras que los otros 21 purgaban penas desde el año 2000 (uno), y el ingreso de otros ocurrió en varios años desde 2014.

Por fortuna para los gobiernos federal y estatal, buena parte de la atención mediática del domingo se fue a la zona metropolitana de Guadalajara, a Tapalpa, donde fue detenido –versión oficial– Nemesio El Mencho Oseguera, o a las fake news.

Si acaso, desde la Federación Vallarta recibió comentarios de la presidenta Sheinbaum por la suspensión de vuelos, destino muy visitado por estadounidenses y canadienses, particularmente. No pocos de ellos tienen casas o tiempos compartidos. No pocos de ellos se sienten vallartenses.

Puerto Vallarta no debería necesitar de un Mundial para ser prioridad del gobierno mexicano.

Encima, las y los vallartenses siguen pagando el costo de lo ocurrido el domingo: dos cruceros notificaron que se evitarían la escala programada ahí. Eso es menos ingreso para los que viven del turismo en ese destino. Eso es un golpe más a la imagen de un sitio de gente trabajadora.

Aunque el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, podría ir hoy al puerto, éste demanda visibilidad desde las instancias federales. La presencia ahí del cártel es conocida de tiempo atrás. No por nada fue el lugar donde fue asesinado el exgobernador Aristóteles Sandoval (diciembre 2020).

Vallarta es un ejemplo del reto que aguarda al país luego del domingo. El operativo que descabezó al Nueva Generación sólo tendrá sentido si se arrebata al cártel la capacidad de movilizarse como vimos, si más pronto que tarde resultan impensables otros narcobloqueos de tal magnitud.

Por ahora, la cantidad y la peligrosidad de los reos fugados son un gran foco de alerta. El domingo, la poca información oficial y la incapacidad de respuesta gubernamental para resguardar avenidas y calles provocó aún más temor. Que en la mañanera no se le dé prioridad a capturar a los fugados es un terrible augurio.

“Incendiaron mi secundaria. Incendiaron la pescadería donde compra mi mamá. Incendiaron el súper donde compra mi papá. Fue una noche difícil: los ataques continuaban y la población estaba expuesta, sin presencia de fuerzas de seguridad. Ah, pero la operación fue un ‘éxito’”, publicó en X el abogado Miguel Alfonso Meza.

Si Vallarta fuera sede mundialista quizá le daríamos la prioridad a sanar tantas heridas que los criminales causaron ahí el domingo. Quizá.

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