Retomo aquí algo dicho por Federico Berrueto en el foro de EL FINANCIERO de ayer. Él señaló que las reformas constitucionales de López Obrador pueden ser vistas como una oferta electoral para 2024. En ese orden opino que se convertirán en polarizantes ejes temáticos de las batallas políticas por venir. La duda es si esa oferta será efectiva para acarrearle más votos de las clases medias.
Como se sabe, ayer fueron revelados los detalles de la llamada reforma electoral del lopezobradorismo que este mismo jueves llegó a San Lázaro.
Si la oposición se quiere suicidar, este es el momento adecuado para involucrarse en la trampa armada en Palacio Nacional.
Caso contrario, la iniciativa está destinada al cesto de la basura del Congreso.
Sin embargo, Andrés Manuel y sus colaboradores empeñarán tiempo, energía y recursos públicos en tratar de vender tan inopinado camello. Venderlo, como en el caso de la malograda iniciativa energética, no a los opositores para lograr pasarla en el Legislativo, sino a la población, a la que de nueva cuenta se querrá encandilar.
El meollo de la jugada política de ayer es que tenemos ya en la mesa el segundo elemento del discurso político del régimen de aquí al fin del sexenio.
El primer elemento de lo que también puede ser considerado una plataforma electoral es el del patriotismo. Se nos dijo que la iniciativa energética era para devolverle a México su patrimonio, en una emulación –bastante rabona– de lo realizado por el general Cárdenas con el petróleo y por López Mateos con la electricidad.
AMLO insufló un murmullo que buscaba despertar el arraigado nacionalismo de muchas y muchos. Y él y su partido lo siguen haciendo con el peligroso cuento de la supuesta traición de los legisladores que votaron en contra. Han llegado al extremo, que sería ridículo si no incubara riesgos, de citar el Himno Nacional para acusar a la oposición.
Como sea, ahí está el primer eje discursivo. Si eres patriota vota Morena. Sólo los no patriotas están fuera de nuestro movimiento.
El segundo componente de la plataforma será el que buscará incitar humores de ciudadanos en contra de los políticos. Sí, ellos son políticos, pero ya se sabe que ellos ‘no son iguales’.
Con la iniciativa electoral pretenden vender espejitos: “abarataremos la democracia”, dijeron ayer en una frase que revela sus motivos verdaderos. En efecto, quieren una simidemocracia: el partido en el poder, el que ha abusado de los recursos públicos para su agenda sectaria, pretende árbitros débiles y procesos baratos.
Pero no nos desviemos. A más de ser un peligro, la propuesta de ley es sobre todo un ariete para un golpeteo que dirá noche y día que el gobierno bueno quiere erradicar los abusos de una clase política y de un árbitro caro y malo heredados del pasado.
Machacarán esa cantaleta a sabiendas de que, al igual que con la energética, al no aprobarse la iniciativa podrán decir que el Presidente enfrenta gigantescas resistencias de… los abusivos e insaciables partidos a los que hay que echar del poder. Esa película ya la vimos.
Y el tercer elemento de la oferta de la plataforma sería el de la seguridad a cargo del pueblo uniformado que es el Ejército. Esa iniciativa llegará y con los magros, y para nada definitivos, descensos en los índices delictivos nos dirán que sólo los criminales podrían estar en contra de darle más poder a las Fuerzas Armadas. Los criminales de la oposición, se entiende.
Dicho de otro modo: traidores, rateros y, de paso, criminales.
No por nada dicen que el que hace (la iniciativa de) ley hace la trampa. Discursiva esta trampa, nada inofensiva, pero, ¿funcionará electoralmente?