La Feria

Iglesia, ¿alcahueta de Cuauhtémoc Blanco?

Como los políticos no se mandan solos, quizá a Blanco le espere lo mismo que al gobernador de Veracruz: una comisión del Senado para darle seguimiento.

Los políticos no se mandan solos. Para que no hagan lo que les da la gana, o para que, si lo hacen, sean llamados a cuentas, existe el Congreso, del respectivo estado o de la Unión, algunos mecanismos legales –cortes, referéndum…– e incluso comisiones de derechos humanos.

Por eso el escándalo de Cuauhtémoc Blanco debería ir más allá de la conmoción mediática, y hacer rendir cuentas a ese improvisado gobernador, pero también a algunos de sus compañeros de –digámoslo leve– aventuras, como son los prelados que parecen jugar a ser sus alcahuetes.

Luego de ser balconeado la semana pasada en una fotografía donde aparece con tres personas identificadas como líderes delincuenciales (uno fallecido, uno detenido y uno prófugo), Blanco ha tratado de salir del embrollo alegando ignorancia: que él ni sabe quiénes eran porque no pregunta con quién se toma fotografías. Sus explicaciones no vuelan, pero parece que la Iglesia católica está dispuesta a echarle una mano al gobernador morelense en sus evasivas.

En un gesto que no necesariamente es de buen samaritano, el vicario de la diócesis de Cuernavaca, Tomás Toral Nájera, salió a dar explicaciones –es un decir– sobre el lugar en que habría sido tomada la fotografía. Como ya se ha publicado, según ese prelado la imagen corresponde a una misa llevada a cabo el 12 de diciembre en una parroquia de Yautepec, y estaría involucrado en los hechos el párroco Juan Alvarado, que ahora no aparece –se ha dicho que está en Argentina, pero hay quien lo ubica en la capital morelense.

Lo dicho por Toral Nájera el 7 de enero no duró gran cosa. En la reconstrucción de los hechos se ha ubicado que tal misa guadalupana sería de 2018, pero medios y periodistas pusieron en entredicho que en la agenda de Blanco se hubiera incluido esa visita a Yautepec –estuvo ese día en otra celebración religiosa en Cuernavaca y en la Ciudad de México con otros gobernadores.

¿Por qué el párroco Juan Alvarado no da una versión puntual? ¿Por qué el obispo Ramón Castro también ha preferido –contra su costumbre– guardar en esta polémica un perfil discreto?

En el pasado reciente el obispo Castro ha tenido declaraciones polémicas y desatinadas, como cuando dijo que el COVID-19 se debía a que Dios quería ponerle un alto a la humanidad por el aborto, la eutanasia y la libertad sexual. Eso fue en marzo de 2020.

En noviembre pasado, además de retuitear apoyos al candidato presidencial ultraderechista chileno José Antonio Kast, Castro publicó en su cuenta de Twitter que a los católicos se les quiere callar: “Debemos defender la verdad del reino de Dios. Hoy nos quieren callar por defender esa verdad. Seamos verdad, coherentes y vivamos en la libertad del evangelio”.

Castro ha fungido como tesorero de la Conferencia Episcopal Mexicana y en su cuenta de Twitter es muy activo, incluso publicando videos.

En el caso de la imagen de Blanco, donde está en entredicho la participación de uno de sus párrocos, que además ha tenido acceso al gobernador en otros eventos, el obispo Castro, sin embargo, guarda silencio.

Como los políticos no se mandan solos, quizá a Blanco le espere lo mismo que al gobernador de Veracruz: una comisión del Senado para darle seguimiento.

Por su parte, los representantes de la Iglesia católica deberían entender que su actuación no puede prestarse a dudas. No estamos para volver a los tiempos de Prigione. Y si su jefe jefe está lejos lejos, y preocupado sobre todo por las mascotas, sus feligreses en cambio están aquí, y son víctimas de narcos.

COLUMNAS ANTERIORES

No es la injuria, es el abuso de poder
El despegue del primo entre pares en Morena

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.