La Feria

Un libro para arrancar 2022

“Para construir la democracia es indispensable reformar y controlar al aparato de seguridad. Si fallamos, esta organización puede convertirse en una amenaza a la seguridad nacional”.

En el fin de año algunos columnistas, Luis Rubio notablemente, suelen mencionar libros que leyeron en los 12 meses que concluyen. Yo, en cambio, hoy quiero proponer un libro para 2022, uno que, sin ser novedad, considero más pertinente aun que cuando fue publicado: La Charola. Una historia de los servicios de inteligencia en México, del periodista y escritor jalisciense Sergio Aguayo Quezada*.

Tras la lectura de miles y miles de fichas del acervo del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, y de entrevistas con agentes y exagentes, con exdirectivos, y por supuesto con familias de perseguidos del régimen, el investigador concluye que puede “asegurar que hubo una política deliberada (y profundamente inmoral y deshonesta) para desaparecer personas y manipular información”.

Tal aseveración –por supuesto– no sorprenderá a una sociedad que ha atestiguado durante décadas los abusos de los aparatos represores del régimen, como fue la Dirección Federal de Seguridad, extinta en los años 80.

Sin embargo, esa frase adquiere un significado especial y único por lo meticuloso del trabajo realizado por Aguayo a partir de los archivos a los que le permitieron acceso, así fuera parcialmente. Y es obligada referencia cuando desde el gobierno y la sociedad hay hoy iniciativas para esclarecer los crímenes del pasado en contra de activistas, opositores, guerrilleros o simples ciudadanos.

Cito algunos extractos:

“Puede asegurarse que la guerrilla mexicana tenía una capacidad limitada y en regiones muy específicas. Era un factor irritante, no una amenaza real a la seguridad nacional”.

“La DFS distorsionó de manera deliberada la información y el análisis sobre la insurgencia”.

“Todo organismo de seguridad requiere de un enemigo, y mientras más poderoso sea éste, mayor será la influencia y poder de aquél”.

“Fernando Gutiérrez Barrios, Miguel Nazar Haro y Javier García Paniagua armaron su prestigio y poder sobre la falsa idea de haber derrotado a organizaciones poderosas”.

“La DFS triunfó porque estaba mejor organizada y equipada, pero también por la debilidad y falta de preparación del enemigo que combatía y por la indiferencia de la sociedad mexicana y la comunidad internacional.

“Con la llegada de García Paniagua, la DFS y la ‘Brigada Blanca’ adoptaron una política de aniquilamiento en las ciudades, lo que explica el aumento en las cifras de desaparecidos.

“Entre los testimonios que obtuve en Guadalajara (y que merecerían una crónica tan extensa como ésta) se cuenta el de la extraordinaria simbiosis de la DFS con los narcos. Era tan completa que los narcotraficantes pagaban la renta de la delegación de la DFS en Jalisco. La Policía Judicial del estado, por su parte, era la encargada de hacer las ejecuciones”.

“Profundizar documentalmente en las responsabilidades permitiría saber, por ejemplo, si Echeverría y López Portillo dieron órdenes precisas para desaparecer opositores, lo que tal vez ayudaría en el esfuerzo por averiguar lo que sucedió con los centenares de mexicanos y mexicanas que siguen sin aparecer”.

El volumen, además, es puntual en poner en contexto las historias de las vidas rotas, la justa demanda de las familias de las víctimas, pero también las chuscas limitaciones de agentes que, por un lado, se creían más de lo que eran, pero podían hacer daño irreparable.

Por si hiciera falta otro argumento para leer La Charola, el autor nos advierte: “Para construir la democracia es indispensable reformar y controlar al aparato de seguridad, tarea que se facilita entendiendo su origen y funcionamiento (…) Si fallamos, esta organización puede convertirse en una amenaza a la seguridad nacional. Como sucedió en el pasado”.

*El libro se consigue en Kindle o en la página web del autor.

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