La Feria

El lápiz del Presidente

El presidente tiene un lápiz sencillo, común, pero muy poderoso. Tanto que ni siquiera requiere de la goma para borrar programas, plazas, dependencias, recursos e incluso compromisos.

El Presidente tiene un lápiz. Con él hace cuentas. Sobre todo sumas y restas. O sería mejor decir restas y una suma. Quita de muchos lados para poner en otro. Es el del Presidente un lápiz sencillo, común, pero muy poderoso. Tanto que ni siquiera requiere de la goma para borrar programas, plazas, dependencias, recursos e incluso compromisos.

Para el Presidente gobernar es fácil. Saca el lápiz y en cualquier papel arma una columna con una lista donde están los programas sociales, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, los estados de la República y, por supuesto, las Fuerzas Armadas, Dos Bocas, Santa Lucía, el interoceánico y el Tren Maya. Nada más.

Luego, en una segunda columna pone todas las otras dependencias del gobierno federal. Todas. Desde Gobernación hasta Cultura, pasando por Educación y Salud, incluyendo órganos autónomos y desconcentrados.

Tras ello pone un asterisco, de ésos para no olvidar que hay algo pendiente; y en una esquina arma un cuadrito y adentro pone: *Poder Judicial, *Legislativo, *Banco de México, *IMSS *Infonavit...

Acto seguido comienza el truco del lápiz presidencial. Éste consiste en que la primera columna tenga dinero. “Entonces, Rogelio -dice el Presidente-, de cuánto debe ser la cifra para esta columna”. Sin despeinarse, el funcionario muestra el monto para CFE, Pemex, adultos mayores…

Cuando le dan el número, el lápiz del Presidente lo escribe arriba, bien claro, de la primera columna. “A ver, Rogelio -dice luego el Ejecutivo-, de dónde vendrá ese dinero”. Rogelio no tiene lápiz –ése está reservado para el mero mero–, a él sólo le tocó una tijera.

Durante días el buen ‘Roger’ se la pasa como jardinero. Chaz, chaz, chaz. Poda aquí y poda allá. Y va juntando dinero. Secretario, se acaba de echar a los eventuales de la ENAH. Rogelio apenas si se detiene. Oiga, ese dinero era para pagar software y hardware de la Secretaría de Economía. El titular de Hacienda ni se inmuta. Chaz. Doctor, se despachó buena parte de las políticas de cuidado ambiental. Chaz. Y ésos eran programas para el campo. Chaz. ¿Ya no va a haber programa de lenguas indíg… chaz.

‘Roger Scissorhands’ es incansable. Y creativo, porque además de irse de largo se acuerda de que en el recuadro que dibujó el Presidente, y al que le puso un asterisco, igual y puede encontrar dinero en el Banxico, el IMSS o el Infonavit, quién sabe, en unas de ésas: sólo de la emoción hace chasquear a sus tijeritas.

Acabada la operación el Presidente felicita al secretario y pide a los diputados que no le muevan ni un centavo a sus sumas y menos aún a sus restas. La columna de lo que le importa ya dio la cifra requerida, con el Legislativo no se mete gran cosa para que ellos no hagan lo propio, y al Judicial le da sin más para sus chicles.

Cuando los otros secretarios y responsables de dependencias y organismos –gobernadores incluidos– reciben sus presupuestos descubren no sólo que habrá carreteras sin mantenimiento, niños sin escuelas de tiempo completo, pacientes sin medicinas o investigadores sin recursos.

Descubren algo que ya saben pero no se atreven a denunciar: que al Presidente le vale un comino todo lo que no sean sus programas insignia, sus obras emblemáticas, y Bartlett y Nahle. Todo.

Pero ninguno saldrá a decirlo. Y así, la mañanera será la cantaleta de que nuestro Presidente es, encima, austero: su lápiz puede desaparecer cosas importantes pues al fin y al cabo ‘Roger’, los secretarios, los gobernadores y hasta los empresarios, calladitos se ven más bonitos.

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