Venezuela marca una nueva época de las “zonas de influencia” que significan un nuevo reparto del mundo. Se acabó el orden mundial internacional resultado de los pactos derivados de la Segunda Guerra Mundial. ONU condena la acción armada contra Venezuela. Muchos venezolanos aplauden la medida. Pero no nos engañemos. EEUU no tomó a Maduro para devolver la democracia a ese país. Su excusa es que era un narcoterrorista que usurpó las funciones presidenciales que no se reconocieron por el fraude. Se liberó una orden de aprensión en su contra en EEUU y se actuó en consecuencia, no contra Venezuela, sino contra una banda criminal. Esta versión genera polémica, pero deja en claro que Norteamérica está dispuesta a ser una potencia hegemónica en América, desde Groenlandia hasta la Patagonia.
Para Donald Trump controlar toda América es un punto estratégico para afirmar su hegemonía mundial, hoy en disputa con otras potencias, China, Rusia, India, principalmente. Deja a Europa con una OTAN disminuida en la defensa de Ucrania, e impone condiciones de pago por su intervención con recursos petroleros, tierras raras y otras condiciones, que incluyen posible pérdida de territorio. Deja a Europa a su suerte. Alemania está en el centro de esta nueva conformación. Ni EEUU interviene en Ucrania, ni Rusia en Venezuela. A China se le corta una fuente de suministro de petróleo que era del 75% de lo producido, y busca en su momento su predominio en el mar del China.
El gobierno interino de Delcy Rodríguez se da en términos de gobernabilidad. Ni Corina Machado, ni ninguna otra fuerza de oposición venezolana puede en estos momentos controlar al ejército, a las fuerzas paramilitares, diversos grupos armados, grupos progobierno. La nueva Presidenta puede negociar con los diversos grupos, ya sea para buscar permanecer en el gobierno, bajo directrices de Washington, o bien para preparar un proceso de transición que de paso a un gobierno que necesariamente estará bajo la influencia de EEUU.
Ya Donald Trump anunció que entrarán las empresas petroleras americanas para invertir y producir petróleo, no solo para surtir a Norteamérica, sino para cobrar las exportaciones hechas por los gobiernos venezolanos sin hacer los pagos respectivos más su actualización, por lo cual no costará al pueblo norteamericano esta modernización y apropiación de petróleo, turismo, cemento, minería, fertilizantes, oro, gas, bienes inmuebles y fincas, medios de comunicación, entre otros.
La negociación para apropiarse de Groenlandia ya empezó bajo diversas modalidades. Cuba perderá ingresos y caerá en grados de pobreza muy altos. Y en Nicaragua, Colombia, México y otros países, en el juicio de Maduro se arrojarán hechos, nombres y acciones de funcionarios de esos países involucrados con el narcotráfico. Así que esta fiesta apenas empieza.
Quienes somos defensores de la democracia, debemos exigir como pasos hacia la reconstrucción de un gobierno civil en Venezuela tres cosas. Liberación de todos los presos políticos de las cárceles; la reforma del proceso electoral para darle mayor fortaleza a la certidumbre de las votaciones y sus resultados; devolver la independencia al poder judicial; permitir que resurjan los medios de comunicación masivos privados.
Sin acciones concretas de avance en la democratización de Venezuela, la aprehensión de Maduro, solo se inscribirá en la estrategia de EEUU de controlar a los países americanos con gobiernos a modo para sus intereses. El pretexto del contrabando de drogas, que sin duda es grave, justificará la política expansionista, pero no la defensa de la salud del pueblo norteamericano. Este gobierno no tiene políticas públicas de prevención o intervención para tratar la enfermedad de la dependencia de la drogadicción. No parece ser parte de su agenda.
Quienes piensan que EEUU intervendrá militarmente en México, tienen una visión limitada. Nadie va a salvarnos de la construcción de un régimen autoritario. Esa es nuestra tarea. Sin duda el entorno internacional va a influir en las decisiones. Ya hay divisiones y confrontación entre los morenistas. Marx Arriaga es un ejemplo de su ala radical y fanática. El pronunciamiento de AMLO sobre Venezuela no tiene peso internacional, pues no ocupa cargo alguno en México.
La Reforma Electoral marcará el rumbo, y parece que será una limitante para la democracia. Claudia Sheinbaum no puede controlar al Ejército, ni a los cárteles de la droga, infiltrados en el gobierno. Porque una cosa es que el narcotráfico corrompa y amenace para imponer sus condiciones, como fue el caso de Carlos Manzo y otra muy distinta es que el Estado organice sus propias bandas criminales. Fue muy triste ver a la SEMAR ser parte de La Barredora, y más aún, que este grupo surgiera del gobierno tabasqueño, es decir, de las propias instituciones.
Nuestro país hoy se endeuda más, no hay crecimiento económico, no hay inversiones, ni empleo, no hay certeza jurídica. No hay ingresos, no hay inversión. ¿Cuánto tiempo podemos aguantar? El narcotráfico y el crimen organizado forman parte del gobierno, en diversas modalidades, no lo combaten, lo propician, y ahora nos enteramos que lo crean como lo hizo Adán Augusto López. Este sí es un tema de seguridad para EEUU. No lo es la democracia ni el autoritarismo, mientras el gobierno mexicano sea dócil a sus intereses. Lo que hoy nos preguntamos es ¿cuál será la posición de Claudia Sheinbaum? ¿Cuál, la posición de México en este nuevo reparto del mundo?