La política es una ciencia social. No es un espacio putrefacto. Se refiere a los sistemas de gobierno y al ejercicio del poder. Analiza las actividades políticas, el pensamiento y el comportamiento políticos en el marco del Estado de Derecho. El pluralismo es parte de esta realidad. No existe hoy en el mundo un país con un pensamiento único, por más que existan regímenes dictatoriales que busquen imponerlo. Pueden acallar a la prensa libre, a los opositores, proscribir partidos, arrestar a críticos, pero va a persistir la resistencia que aflorará en el momento en que se den las condiciones para ello.
Construir la democracia implica reconocer que la sociedad es plural en su cultura, en su humanismo, en sus ideas, en sus costumbres y en su pensamiento. Que construir la unidad nacional es una tarea política de la más alta envergadura, pues implica crear condiciones de convivencia de lo diferente, de lo diverso, de lo distinto, sin generar polarización o descalificaciones, para dar paso a una convivencia respetuosa y tolerante. De hecho es construir una nación bajo libertades que permitan plantear diversas opciones para solucionar el mismo problema y encontrar la solución más adecuada.
El debate político es el ámbito de la construcción de las buenas decisiones políticas. Se trata de confrontar ideas y buscar cual es la que aporta a la sociedad una mejor forma de vida. No es un ejercicio de demagogia o de confrontación. Es un ámbito de responsabilidad política. La mejor idea, la mejor solución, debe imponerse para avanzar juntos de la forma más incluyente y respetuosa posible.
Hay muchos mecanismos para recibir la opinión de la ciudadanía, la prensa libre, la formación de un pensamiento crítico, los sistemas de consulta, la voz de los legisladores y representantes populares que deben, en su cargo escuchar y llevar al ámbito de la toma de decisiones las ideas, causas y demandas de la población. Si no funcionan, entonces el sistema de representación se atrofia, y surge un nuevo sistema, generalmente autoritario, que niega la existencia, los derechos y la interlocución con los otros, los diferentes.
México está viviendo una falta de diálogo político. Se quiere imponer una sola verdad y la realidad choca con declaraciones falaces, inverosímiles y a veces facciosas. Crece el rechazo al creciente autoritarismo basado en falsedades que no duran ni siquiera un día en la narrativa oficial. Caso más reciente el de Mimsa.
Urge recuperar el diálogo político, no solo para reconocernos como nación, con sus diferencia y coincidencias. Urge porque estamos viviendo un reacomodo de la geopolítica mundial y México puede ser víctima y no beneficiario de este proceso. Urge para recuperar nuestra identidad nacional. Urge para incluir a todos como parte de un país diverso. Urge para rescatar al país, que puede ser una potencia mundial, pero que por el momento enfrenta una gran deuda pública, una falta de recursos para financiar su desarrollo, y una falta de certeza jurídica que inhibe la inversión nacional y extranjera.
Es necesario reconstruir la vigencia de los derechos humanos, desterrar la discriminación, la violencia, el discurso de odio, para dar paso a lo que ha funcionado bien para el país. Hay logros como el incremento del salario mínimo que ha sacado de la pobreza a millones de mexicanos, cuando en la época neoliberal se aseguraba que incrementarlo traería presiones inflacionarias. Lograr la propuesta de 40 horas laborales es un derecho que tienen las familias para lograr la recreación. Pero hacerlo sin recursos, solo influirá en un deterioro de la productividad y de nuestra competitividad mundial. La progresividad con la que se implementa es adecuada, pero se debe siempre escuchar a los productores.
La falta de diálogo político genera que se agote la política, y entremos a decisiones de fuerza. Gana el más fuerte, no hay ley, no se respetan derechos. Eso está ocurriendo en el campo mexicano. La ley de aguas se aprobó, pero la realidad nos muestra que productores agrícolas, transportistas y comunidades se organizan para oponerse a las disposiciones arbitrarias. Estamos creando un polvorín que puede estallar no en forma inmediata, pero si en un entorno de mayor organización. En el campo la extorsión, el robo, los asesinatos parecen aislados, pero no lo están. En buena parte de nuestro territorio nacional hay gente armada por la caza y por protección. No es la masa que puede reprimirse como a la Generación Z.
Estamos frente a una perspectiva de agotamiento de la política, alimentada con macro manifestaciones de personas muchas veces sometidas, sin un efecto político que tenga alguna utilidad práctica, porque es hablar hacia adentro, es demostrar que hay una maquinaria estatal capaz de dar la impresión de fuerza. Pero todos vivimos la misma realidad. Ya es hora del diálogo, no de giras de AMLO para producir mayor encono. Le corresponde a usted Presidente Sheinbaum tomar las decisiones.