Somos más de la mitad de la población. Somos la base de los partidos políticos. Somos las que nos preocupamos por mejorar nuestra comunidad. Somos quienes cuidamos a niños, enfermos, discapacitados. Somos la base de las familias. Somos maestras, enfermeras, doctoras, abogadas, arquitectas, ingenieras, politólogas, servidoras públicas, pilotas aviadoras, artistas, literatas, periodistas, filósofas, dependientas y mil rostros más.
Luchamos por tener nuestro lugar en la vida social, económica, cultural, política y muchas veces tropezamos. Han pasado siglos para lograr personalidad jurídica, patria potestad, igualdad jurídica, acceso a propiedad y a manejo de nuestras finanzas, a trabajo y salarios iguales, al apoyo en la crianza de los hijos, escuelas de tiempo completo, hoy perdidas, cuidado a pequeños en guarderías, hoy desaparecidas, a refugio de violentadores, también limitada. Pero finalmente accedimos a la paridad constitucional, que es un principio, no una cuota.
Tanto luchar, tanto explicar que necesitamos sociedades igualitarias por el bien de todos, la convivencia plural, el reconocimiento de las diferencias como oportunidades, no como supresión del contrario. Hemos recorrido tantos caminos, desde cárceles, hasta exclusión. Pero aquí estamos para imponer la visión de género, para juzgar nuestros derechos político-electorales, que hoy se ven seriamente afectados por el plan B de AMLO.
Las mujeres somos las más perjudicadas. La progresividad de nuestros derechos humanos se ve aniquilada. Al prohibir al TEPJF emitir sentencias pro persona y progresivas se limitan nuestros derechos políticos; se le prohíbe intervenir en la vida interna de los partidos, con lo cual si éstos deciden cambiar sus estatutos aun violando la paridad, la autoridad ya no podrá cuestionarlos. Al negarle al INE y a los OPLES emitir lineamientos, ya no podrán exigir el cumplimiento de la paridad, ni en candidaturas, ni en los bloques de plurinominales.
La 3 de 3 ya no se aplicará. Los violentadores de mujeres pueden ser candidatos, no importa si han sido condenados por la vía civil o administrativa, solo que haya condena penal. Abusadores, hostigadores y deudores alimentarios ya pueden representar a la sociedad. ¿Y las mujeres?
La jurisprudencia y las medidas de protección a las mujeres que han tomado el TEPJF y el INE quedarán en el pasado. Ya no más paridad en gubernaturas, ni en presidencias municipales. Y ya no se hablará más de evitar que las mujeres sean enviadas a distritos, municipios u otros lugares, donde su partido no es competitivo. Nos vuelven a ignorar, a usar de relleno. También desaparece el financiamiento equitativo entre hombre y mujeres candidatos.
Los grupos vulnerables también son minimizados. Las acciones afirmativas se diluyen. Solo se les otorgan 25 lugares en la Cámara de Diputados y nada en el Senado. Así que comunidad LGBT+, indígenas, discapacitados, quedan al arbitrio de los partidos políticos, sin que las autoridades electorales puedan intervenir.
AMLO, lo sabemos, es misógino y machista, pero imponer su punto de vista sobre nuestros derechos humanos es retroceder más de medio siglo. No lo podemos aceptar. Desaparece el juzgar con perspectiva de género aun cuando la SCJN lo ha sentenciado. Se violan tratados internacionales firmados por México en términos de igualdad de derechos civiles y políticos de las mujeres.
Por eso hacemos un llamado a la SCJN para que juzgue con visión de género las reformas del plan B. Que tutele nuestros derechos y no nos abandone en una lucha de siglos. Lograr la igualdad sustantiva es nuestra legítima aspiración, pero el retroceso y el daño de esta legislación es incalculable, va contra nuestros derechos humanos.
También hacemos un llamado a los partidos que son privilegiados en esta propuesta, por sobre nuestros derechos político-electorales, para que no reformen sus estatutos y mantengan el principio de paridad en su actuación. Ni un paso atrás. O no los votaremos.
Emplazamos también a los gobiernos y congresos locales que ya han legislado la paridad horizontal en municipios, las medidas de protección y cautelares contra la violencia política de género, a que se mantengan firmes en esos avances. AMLO va a presionar, pero las mujeres y la sociedad también presionaremos con toma de calles, protestas y cabildeo.
Destruir es tan fácil, lo logra un solo hombre. Construir implica acuerdos, esfuerzos continuados, desterrar impunidad, desigualdad, discriminación y crear sociedades plurales donde todos tengan un espacio y un respeto. Eso es conformar una patria para todos. Todas las personas, todos los derechos. Es lo que guía nuestra acción.
Las mujeres, que hemos sufrido la exclusión y la discriminación en carne viva, pese a que muchas somos cabeza de familia, que diariamente damos vida, que hacemos que funcione la sociedad, la economía, los hogares, las escuelas, no nos resignamos a que con leyes farsantes se ataque y desmantele la paridad, aun cuando no se toque la Constitución, el laberinto legal está creado para la prevalencia de los partidos, de sus dirigencias, en contra de nuestros derechos humanos.
Mujeres y minorías, no somos lo mismo, pero exigimos lo mismo: igualdad de oportunidades, desterrar prácticas excluyentes y lesivas a la humanidad, no más discriminación, no más machismo, no más visones androgénicas de la vida. ¿Escuchas Andrés?
¿Y las Mujeres? Siguen de pie. Y son las que más votan.