Cerramos un año más en el calendario. Se cierra un ciclo y se abren nuevas oportunidades. Hacemos compromisos para mejorar nuestra vida: hacer deporte, cuidar la dieta, gastar solo lo necesario, juntarse con amigos y familia, en fin, una gama de amplio espectro. Si bien tiene contenidos religiosos, el Año Nuevo es una celebración de la vida. Queremos cambiar el mundo, pero en realidad, lo único que podemos cambiar es a nosotros mismos, y entonces sí, generaremos un cambio en la relación con los demás. Nuestras actitudes, en resumen, cambian las actitudes de los demás. No por un razonamiento elaborado, más bien, porque se percibe una nueva forma de relación.
Este año ha sido muy intenso. Como familia nos hemos unido más, desde el COVID y los problemas de empleo, de ingreso, de convivencia. Estamos marcados por la posibilidad real de que un día nos mate a todos un virus. Aparecen nuevas enfermedades y se avanza en la cura de otras que ya no son necesariamente mortales. La guerra nuclear aparece de nuevo en Ucrania, con la amenaza rusa, bajo un liderazgo que no razona lo que su ambición provoca. El rostro de la muerte sigue presente. Y si lo vemos, es parte de la vida.
El siglo XXI apenas avanza. Pero el desarrollo técnico y científico, los trabajos de investigación de la biogenética, las nuevas tecnologías de la información, las nuevas fuentes de energía han cambiado al mundo. Nada será igual. La inteligencia artificial es parte ya de nuestras vidas. Apenas vislumbramos lo que será un futuro en el cual nada será igual; ni el aprendizaje, ni el trabajo, ni la vida cotidiana.
Estamos inmersos en una nueva etapa del desarrollo humano, y muchos aún no lo perciben. Es tan veloz el cambio que las etapas históricas se acortan, los ciclos se suceden como oleaje. México logró incorporarse al cambio global y forma parte de una de las regiones comerciales más importantes del mundo. Nuestra población es joven y esta mejor preparada. Tenemos ventajas geopolíticas que no logramos aprovechar a cabalidad, por desatinos de un gobierno que no se corresponde con la realidad mundial.
Por lo pronto, la cancelación de NAICM, y la deuda que pagamos vía TUA, nos dejó fuera de la competencia turística, comercial y de interconexión. El AIFA no funciona, ni AMLO lo usa. Pero como no quiere aceptar un fracaso, que es rotundo, ahora castiga a las aerolíneas. Quiere obligarlas a utilizar ese aeropuerto, al que no podemos llegar porque no se creó la infraestructura necesaria para su uso.
Ha decidido impulsar el cabotaje, es decir, permitir que aerolíneas extranjeras, puedan competir con las nacionales en nuestro territorio. Todos los países protegen a sus aerolíneas y no permiten el cabotaje, realizan los vuelos nacionales con sus empresas. Esta medida legislativa que quiere impulsar AMLO y solo requiere de mayoría simple, es muy nociva. Primero porque la expansión de nuestras líneas aéreas se ha frenado al perder calificación. Segundo, porque pueden bajar costos, cuando los vuelos hacen escalas, lo que no afecta su ganancia, por el contrario incrementa su rentabilidad. Y tercero, porque obliga y forza a aerolíneas y a pasajeros a usar el AIFA, incrementando costos de los pasajeros para su traslado.
Menos mal, que ni Dos Bocas ni el tren Maya se terminarán en su sexenio, porque si resultan proyectos fallidos como el aeropuerto de ocurrencia, buscaría medidas para forzar su utilización. Así es, si se equivoca se mantiene en el error porque se cree la encarnación de la patria y el pueblo bueno que no accede al turismo. No apoyó en la pandemia a ninguna empresa. La caída fue brutal, alrededor del 8% del PIB. Los crecimientos anuales están alrededor del 2%. Su sexenio está perdido. Quizá logremos recuperar la caída en 2024. Pero las pérdidas han afectado a todos. Cayó la inversión, el empleo, aumentó la pobreza, colapsó el sistema nacional de salud y se intenta ideologizar la educación.
No hay pues, mucho que celebrar en 2022. No como país. Lo más difícil es constatar que lo gobierna para sí mismo. No es un humanista. No le importan los muertos, ni la afectación de enfermos por falta de suministros médicos y medicinas, la falta de vacunación de la niñez, los problemas de las mujeres, guarderías no hay, solo feminicidios. Y todo lo que no atiende, o no le interesa, lo califica de neoliberal, incluso al feminismo y a los padres de niños con cáncer. El crimen de periodistas en complot en su contra. El es el centro de todo y así divide al país. El no simboliza la unidad nacional, que sería su deber. Solo gobierna para sus afines y empleados.
No ha logrado convertirse en líder latinoamericano, como soñó. Solo es afín a las dictaduras, cada vez más desprestigiadas, de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Bueno hasta celebró tener dos votos para su propuesta a la Presidencia del BID. Vive en la discursiva del engaño, del complot, se victimiza con cualquier pretexto, bajo el supuesto de que tiene un proyecto de país que limita a 5 obras y a dádivas con cualquier pretexto.
Así que si viaja en esta temporada, primero, considérese afortunado. No importa que el AICM esté en pésimo estado, está sobresaturado y los recursos del TUA van a pagar el aeropuerto que no se construyó. Respire hondo y exhale, ante las demoras e incomodidades de ese aeropuerto, ya rebasado en su capacidad. Con una gran frecuencia de vuelos, que AMLO quiere desviar al AIFA, para decir que funciona. Pero la realidad la vivimos nosotros. Y por lo pronto no estamos obligados a ir al AIFA. Así que paciencia.
AMLO no va a cambiar. Nosotros si podemos hacerlo. Cuestionar sus malas decisiones, tratar de frenar su tendencia autoritaria que afecta al proceso electoral, a nuestra democracia, solidarizarnos con los periodistas amenazados, participar con organizaciones para tratar de frenar abusos. Nuestro voto es nuestra arma. Piensa como lo usas.
Porque como ayer fue el Día de los Santos Inocentes, lo van a seguir tratando de convencer de que vamos bien. Y quizá se lo crea.