Lo sucedido en estos días ha puesto a AMLO ante situaciones que al no poder controlar, las elude, las descalifica, con desvaríos. Está fuera de la realidad y de la responsabilidad presidencial. Su preocupación prioritaria es la revocación del mandato. Lo considero una farsa, un acto de propaganda, que nada tiene de democrático, pero que le preocupa para lograr demostrar el apoyo popular del pueblo bueno. Esto permite tomar mejor control de Morena y de la sucesión presidencial, meter al orden disidencias e intentar tomar el control de las elecciones descalificando al INE y al TEPJF.
Es tanta su desesperación por votos que ofreció dejar el cargo si perdía aunque no acudiera menos de 40 por ciento del padrón electoral a votar. Obvio, el puesto no es renunciable, salvo lo establecido en la Constitución, es otro engaño, para enganchar incautos como Frena. Entiendo a esta organización que se creó para sacar a AMLO del poder y por ello llaman al voto, pero en realidad lo que este ejercicio persigue es aumentar el autoritarismo de un hombre y socavar a las instituciones democráticas.
Todos los presidentes en su tercer año están en su mejor momento, como lo refieren las encuestas, así que el ejercicio, que impulsó el propio AMLO, es para dejar un precedente para impugnar a futuros presidentes. La revocación impide la continuidad de planes de gobierno y propicia una preocupación por la popularidad, más que por los resultados de gobierno. Una trampa que no es democrática, nada de que el pueblo pone y el pueblo quita. De hecho hasta el secretario de Gobernación hace campaña a favor de AMLO, gobernadores, legisladores, una ONG, siervos de la nación en franca violación a la veda electoral.
Para brincarla AMLO sacó, con su mayoría, en fast track, un decreto del Congreso para permitir la propaganda, el cual fue rechazado por el TEPJF. Esto motivó su nuevo ataque para que se elija por voto universal a consejeros y magistrados electorales, es decir, no a los mejor calificados para garantizar legalidad e imparcialidad, sino a los que ganen en urnas, cumplan o no un perfil. Y esbozó delirante su propuesta de reforma electoral. Desaparecer a los plurinominales, volver al control de mayorías, acotando representación de la pluralidad. Hasta sus aliados pueden desaparecer, pues serán innecesarios. Y desde luego retomar el control gubernamental de los comicios. Esa propuesta no pasa por un Congreso plural. Son desvaríos presidenciales.
Vamos al segundo tema. La reforma eléctrica. No la quiere negociar ni en el Congreso ni con los afectados. Ya dijo que no se cambia ni una coma. La visita de John Kerry duró cuatro horas. Kerry aseguró se conformaría un grupo de trabajo bilateral para revisar la iniciativa. AMLO en otro de sus desvaríos dijo que él permaneció callado, lo que significa un NO. O sea que reculó en buen español, desacreditando al gobierno norteamericano por intervencionista. Justin Trudeau también buscó a AMLO por inversiones de cerca de 10 mil millones de dólares de canadienses en México. Pero AMLO no se pronunció, igual se quedó callado.
Busca otra salida por la SCJN, para que el dictamen de la Ministra Loretta Ortiz, PT, impuesta por AMLO, reconozca como constitucional la Ley de la Industria Eléctrica, claramente violatoria de la Constitución, que motivó la iniciativa presidencial ante el Congreso. ¿Avalará la SCJN una violación tan obvia y ya reconocida en la práctica por el propio AMLO, jueces y magistrados? Si es así, toda credibilidad y legitimidad perdidas. Solo quedarán las instancias internacionales.
Esos son los dos caminos de los desvaríos de AMLO. Una reforma constitucional que no tiene consenso ni votos, hasta el PRI se negó a votarla. Y un oposición organizada que presenta una iniciativa alterna. Ya el líder de la fracción morenista ofrece incorporar algunas propuestas para aprobar reforma, pero no en lo fundamental. Así, estamos ante la posibilidad de que la SCJN traicione su esencia. Sería una deshonra de la SCJN y un daño irreversible a México. Abre la puerta a que AMLO impulse leyes inconstitucionales a modo.
En sus desvaríos no entiende que México forma parte de un bloque regional comercial con Canadá y Estados Unidos, el cual ha permitido crecer nuestra economía, las exportaciones, inversiones y empleos. En su afán de control de la transformación energética para ponerla bajo una empresa pública, está poniendo en riesgo el TMEC, las finanzas públicas por el pago de fuertes sanciones por una ley que no respeta derechos adquiridos, por ‘leoninos’, término que jurídicamente no aplica. Y desconoce acuerdos con Kerry. No tiene palabra y eso en política es una deshonra, más si el problema es con un socio comercial y potencia mundial, a cuya sombra hemos crecido. No es un tema ideológico, es una realidad económica. En un marco legal.
Si México ahuyenta inversión privada nacional y extranjera es imposible crecer y generar bienestar. Si el Estado de derecho y los tratados internacionales no se respetan, podemos quedar marginados de la globalización y regresar décadas atrás; no podemos ser autosuficientes ni en gasolinas. No acabó con el huachicol y finalmente decidió no apoyar con más subsidios en la frontera. Gasolinazo, como él lo calificó, cuando Peña también retiró subsidios.
Hemos perdido a AMLO, sus desvaríos son cada vez más frecuentes. Se radicaliza. Se cierra. Cae en la teoría de las conspiraciones. Reconoce que 75 por ciento de los crímenes, los más altos en la historia de México, son responsabilidad del crimen organizado, pero además de los abrazos, no propone nada. Está cada vez más solo en un laberinto del que quiere huir con desvaríos, perjudicando al país. Perdió la proporción de lo que es ser presidente de la República. Sigue con la polarización como método de gobierno para no perder popularidad ante la ineficiencia de su gobierno.
Perder la esperanza es caer en la desesperación. AMLO era en efecto una posibilidad de reencauzar el gobierno sobre bases sociales más sólidas. Pero se perdió en su propia corrupción y la de su familia. En una conducción que no concita a la unidad nacional, sino a la confrontación, de buenos y malos, de ricos y pobres, donde rehúye responsabilidades, pues otros son los culpables. Aumentan sus desvaríos y los riesgos para el país.