El INE somos todos. Los ciudadanos son quienes con capacitación y supervisión del INE presiden las casillas, cuentan los votos y emiten los resultados que publican en la misma casilla y hacen llegar al INE. Despolitizar este ejercicio electoral, hacerlo independiente de los partidos para contar con un árbitro confiable fue un proceso largo de recorrer. Se logró tras décadas de negociaciones en diversas reformas políticas. Se buscaban equilibrios que funcionaran con legitimidad y confianza ciudadana. Hoy, el INE es modelo mundial para celebrar elecciones sin conflictos postelectorales y resultados aceptados por partidos y ciudadanía. Excepto AMLO todos confían en esta gran institución. Porque en realidad no es la desconfianza lo que motiva a López, es el afán de controlar el proceso electoral, para garantizar la permanencia en el poder, sin importar los votos.
Este afán ha metido al INE en un falso debate. Utilizando su mayoría parlamentaria (Morena y aliados), primero le niegan recursos, alegando lo costoso de la democracia y los altos salarios de los consejeros electorales. Fue una campaña publicitaria, pues ni recortando salarios y desapareciendo oficinas del padrón electoral se lograrían los ahorros por 5 mil millones de pesos que requería el referendo presidencial. Luego fue la crítica de que, por su falta de ahorros, no se instalarán la totalidad de casillas que este ejercicio requiere según ley. Así el recurso de revocación se convirtió en un arma contra el INE.
Parece paradójico, pero no lo es. AMLO pide su propia revocación sin autorizar recursos para realizarla, no sería vinculante con menos casillas, y el culpable sería el INE. Aunque moviliza su estructura, legisladores, gobernadores, servidores públicos, propaganda pública y recorridos por viviendas para aumentar votos, omite la veda electoral, y al vapor, el Congreso con su mayoría decreta una ley que permite proselitismo en contradicción con la Constitución. Elude la legislación electoral y constitucional. Y sigue desprestigiando al INE y al TEPJF y comprometiendo a la SCJN, para lograr la plena vigencia de su decreto inconstitucional.
Ponernos de acuerdo en cómo construir órganos autónomos, independientes del gobierno, para realizar elecciones, profesionalizar su personal y emitir las nuevas credenciales electorales, hoy utilizadas como identificación nacional, no fue fácil, pero al final expulsar la presencia del gobierno en el proceso electoral se logró. El otro reto era elegir consejeros. Tomó tiempo y muchas discusiones entre partidos y gobierno. Lograr la imparcialidad de los consejeros era difícil pues no hay nadie políticamente puro, es decir, por desarrollo profesional, de vida, de logros, siempre habría un sesgo hacia alguna ideología o posición política. Por tanto, se estipuló la no militancia partidista en la elección de consejeros, pero se respetaron los perfiles. Se prefirió analizar honestidad, capacidad, reconocimiento, trayectoria, por parte de los partidos.
El árbitro electoral para legitimarse debía cumplir el requisito de que se podría desempeñar como profesional, con apego a la legalidad y por tanto a la imparcialidad. Fue el mejor método que se logró por consenso y se acordó que debían ser electos en la Cámara de Diputados por dos terceras partes del pleno, lo que significa que por lo menos de dos a tres partidos deberían otorgarles su voto.
El método funcionó, José Woldenberg fue presidente del Consejo durante la transición de 2000, y el entonces IFE cumplió su papel con la primera alternancia de poder en la presidencia, sin conflictos postelectorales. Desde entonces ha cumplido su labor. AMLO guarda resentimiento porque en 2006 perdió aun cuando las encuestas le favorecieron, pero las torpezas en campaña lo hicieron vulnerable. Pese a sus protestas no pudo aportar pruebas y el tema quedó en un discurso sin contenido. A partir de esta experiencia la legislación electoral prohibió contratar medios de comunicación por particulares o por partidos, tras el famoso “AMLO un peligro para México” y se legisló sobre contrapropaganda. Hoy AMLO cambió de opinión y publicita su revocación
Pese a sus esfuerzos la ciudadanía apoya al INE. AMLO sigue atacando al INE para apoderarse de él, no abandona socavarlo por el tema de recursos. Pero hoy amaneció con una nueva ocurrencia, que se elijan por voto popular a los consejeros y a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Una nueva ofensiva. Vuelve a partidizar el proceso electoral. Es otra forma de apoderarse de los órganos autónomos con campañas partidistas. Este proceso no aplica en el resto del mundo democrático.
La iniciativa de reforma electoral es un retroceso. Nos quiere quitar al INE, al TEPJF parte de la SCJN, y no elegible por voto popular. Quiere perfiles afines a la 4T, no importarán ni la experiencia ni la legalidad y mucho menos la imparcialidad. Cuenta la lealtad, como ya lo hemos visto con secretarios de Estado que ni siquiera terminaron la preparatoria. La ministra Loretta Ortiz es un buen ejemplo de servidores públicos que anteponen ideología e intereses partidistas al Estado de derecho.
Controlar a los órganos electorales, que le molestan con llamados a la legalidad, con multas a Morena por conductas improcedentes, es incómodo. No importa que estos consejeros y este INE le dieran el triunfo electoral. No le importa la certeza legal ni en las elecciones, ni en el comercio, la industria o la Fiscalía. Como buen absolutista piensa que él es el Estado. Y requiere centralizar absolutamente todas las decisiones.
Los costos ya están presentes. Un aeropuerto inservible. Una refinería que se inunda. Un Tren Maya que destruye la fragilidad de nuestra selva, un tren interoceánico que no corre en las vías, un padrón de beneficiarios sin transparencia y discrecional para ganar clientelas.
Nuestra esperanza para 2024 es un INE autónomo, fuerte y confiable. Si no gana este round, aún tratará de imponer consejeros en 2023. Las elecciones están en riesgo de no respetar la voluntad popular. AMLO lo sabe y no está dispuesto a correr riesgos, A patadas y mordidas será el proceso 2024. Ahí sí, todos a votar. Evitemos participar en la revocación. Unamos fuerzas como sociedad civil, participa y llama, escribe un mail a tu diputado y senador en defensa del INE. La opinión pública, si se expresa, pesa en defensa del INE.