AMLO no quiere ser un presidente disminuido. Está desesperado por lograr que la gente participe en la revocación del mandato. Hasta Morena cambió la ley para burlar la veda electoral y permitir hacer campaña a favor de salir a votar. Ya los servidores de la nación realizaban promoción en los territorios. Ya AMLO había invitado al voto en sus mañaneras, pese a que la veda estaba vigente. Lo mismo gobernadores y senadores.
Es muy grave cambiar las reglas del juego electoral y por decreto se modifique la disposición constitucional para que AMLO pueda hacer campaña sin límites, incluidas las estatales y la presidencial en 2024. Seguramente este decreto será llevado a la SCJN para su debida interpretación. Pero por lo pronto, en función de los tiempos, a golpe dado ni Dios lo quita. Y servidores públicos, legisladores, militantes de Morena se vuelcan en una campaña para que la gente vote. El desaire es el peor escenario. AMLO se ostenta como el presidente más popular del mundo, y si no llegan a votar, disminuye su figura.
Así que no importa el sentido del voto, sino el porcentaje de votantes. Es tal su desesperación que incluso en su mañanera dijo que él se va si gana esa opción aún y cuando no se llegue a 40 por ciento del padrón, nos quiere enganchar. Obviamente las encuestas son claras. AMLO conserva una preferencia indiscutible. No va a perder la elección. Así que el asunto es cuántos votos se emiten, sin importar qué porcentaje es a favor o en contra. Eso le permitirá decir que mantiene su liderazgo sobre el pueblo bueno.
Además este ejercicio, si tiene muchos votos, lo afianza para poder retomar con mayor fortaleza las decisiones dentro del gobierno y su partido, que registra fisuras. Además le permite ser el gran elector de su sucesión, sin cuestionamiento. Y sin duda, el ejercicio le pone un mapa para saber la capacidad de Morena en la movilización del voto, lo que permite afinar puntería en zonas de mayor padrón para lograr captar a los electores.
Desde luego que yo no votaré en este ejercicio. Porque voten cuantos voten, AMLO va a atacar al INE. Si es baja la votación, es porque el INE no puso todas las casillas a las que la ley le obliga. Y dirá que el no darles presupuesto es solo un pretexto porque ellos no hicieron ahorros suficientes y continuará cuestionando sus derechos laborales. Hay, incluso, la intención de Morena de criminalizar a por lo menos dos consejeros por “no cumplir con la ley”.
Si votara más gente de la que votó en la consulta de los expresidentes, ya sería un buen escenario para Morena. Aquel ejercicio con 6 millones de votos fue tan débil que AMLO lo sacó de la agenda. Como no fue exitoso, se olvidó, no pasó nada. En cambio, en éste, él está en la boleta. Es su prestigio, su autoridad moral, su figura la que es sometida a consulta. Por eso la preocupación. Por eso cambia leyes y moviliza a todo Morena en el país. No quiso darle dinero al INE para este ejercicio, porque así se cubría si el ejercicio resulta un fracaso.
Como lo he expresado, la revocación no es un derecho democrático, es una campaña propagandística a favor de AMLO, en contra del INE y del TEPJF, para posicionarse hacia las elecciones de éste y los próximos años. Su autoaclamación es parte de una estrategia para permanecer en el poder. Nunca se logrará, como alguno piensan, ganar en las urnas su salida. No busca reelegirse, como otros opinan, solo busca mantener el poder más allá de su mandato, con un sucesor o sucesora a modo, que siga su orientación de un supuesto cambio, sin contenido, que llama 4T y que ha destruido instituciones, inversiones, empleos, ampliado la pobreza y acabado con la atención de la salud pública de grandes sectores.
La participación de la sociedad es muy importante, no en la revocación, pero sí en las elecciones constitucionales de los estados y de la presidencia de la República. La única manera de sacar a AMLO y sus locuras del gobierno es fortaleciendo una amplia ala opositora de partidos, ONG y ciudadanos. La Alianza por México debe mantenerse y ampliarse. La prueba de fuego viene con las votaciones de la reforma eléctrica, la reforma electoral y la reforma de la Guardia Nacional.
Ahí el bloque opositor debe ser uno solo. Movimiento Ciudadano debe unirse. Las tres reformas presidenciales afectan al pueblo de México, le encarece el servicio de luz, le restan competitividad a las empresas, envenenan el medioambiente. En lo político AMLO busca retomar el control electoral por el gobierno y acabar con el INE y el TEPJF al que ya le resta facultades indebidamente. Reducir el número de legisladores bajo el pretexto de que la democracia es muy cara. Más caro es perderla. Y por último regularizar lo que ya es un hecho, regresar la Guardia Nacional al mando militar, rompiendo el compromiso que hizo con los legisladores de frente a la nación.
AMLO, ya lo vimos, no es confiable. No tiene palabra. No explica la corrupción de sus allegados. No nos dice cómo sus hijos se volvieron millonarios, cómo su prima ganó concursos de Pemex, cómo sus hermanos lo ayudaron con donativos fuera de la ley, cómo no se juzga a Delfina Gómez por delitos electorales. Una larga lista de temas que en la mañanera disimula poniendo otros temas en la agenda. Cómo se da su relación con Vidanta, no lo define, pero persigue a periodistas y los pone en riesgo, presiona a los concesionarios de los medios, y pone a Epigmenio Ibarra a catequizarnos, tras otorgarle préstamos sin garantías y condonación de impuestos.
Que vayan a votar a la revocación aquellos para los que AMLO sí gobierna, porque renunció a ser presidente de la República y cumplir su mandato, polarizó, combatió y enfrentó a muchos sectores excluidos de toda interacción con el gobierno, utilizando a la UIF y al SAT como armas. Hay miedo, sí. Pero no vamos a votar por su ego.