Rosario Guerra

El destino nos alcanza

Más pobres, menos empleo, sin inversiones y lo que falta por venir. Parece que en efecto el destino nos alcanza.

Las distintas etapas históricas que el país ha vivido fueron gestas como la Independencia, la Reforma y la Revolución que dejaron miles de muertos, economías destrozadas, pobreza, miseria y hambre. Como contraparte, trajeron nuevas instituciones, gobiernos y reactivaron inversiones y empleo. Poco a poco el país fue cambiando; de ser una economía rural, de subsistencia, a una caracterizada por una industrialización creciente, con autoconsumo, no había mercados abiertos, con contrabando hormiga y chiveras, seguían siendo mejores las marcas extranjeras en infinidad de productos, más baratas y nos gustaban licores diferentes al tequila. El México de los monopolios y las prohibiciones.

Había petróleo y la mayor parte de nuestros ingresos provenían de su explotación. Había gran demanda, pues EU aún no habían descubierto, vía fraking, sus yacimientos. Hoy es autosuficiente y exportador. México vivía la dictadura perfecta. Con recursos suficientes para atender demandas sociales, infraestructura, se crearon instituciones como el IIMSS, el ISSSTE, el sistema Nacional de Universidades, el Conacyt, se impulso la escuela de Bellas Artes, el Conservatorio Nacional. Vinieron las crisis. Se agotó el modelo de desarrollo estabilizador. El mercado interno ya no fue motor del crecimiento.

Bajaron salarios, cayó bienestar, la política se convirtió en demagogia, vivimos una de las mayores inflaciones, con un crecimiento artificioso, circulación de moneda sin valor, le siguieron las devaluaciones. El movimiento de 1968 no fue resuelto, fue cooptado, tras su represión, pero se sembró la semilla de un cambio democrático.

Vino Cantarell, no se sabía como administrar la abundancia. Pero no pudieron, entre exceso de gasto público, donde toda quiebra era adquirida por el Estado, se continuó con un populismo y con una defensa de la soberanía y la moneda patéticas, Vinieron nuevas devaluaciones y más inflación.

La inflación empobrece a la mayoría de la población, reduce sus salarios, abona a la pobreza y corta esperanzas en la vida. Ya no se recuerdan esos males porque con un nuevo gobierno se establecieron nuevas políticas. Control y renegociación de la deuda externa, apertura comercial en beneficio de consumidores y como parte de la nueva era mundial, austeridad en el gasto, venta de miles de paraestatales no prioritarias, desde restaurantes hasta teatros. Combate a la inflación. Todo sin recortar programas básicos de salud, educación y seguridad. No se usaba el machete, sino el análisis.

Vino la globalización y México logró integrarse al bloque norteamericano pese a críticas de que por la diferencia de economías seríamos solo un maquilador. Por el contrario, surgieron cadenas productivas, la más exitosa la automotriz; se empezaron a multiplicar bienes y servicios, las exportaciones a EU crecieron de un 4 a 84 por ciento. El sector exportador se volvió el área más dinámica de la economía. Subieron salarios por sectores. Se desarrollo la agricultura de exportación. El petróleo, mal administrado, dejó su lugar a las manufacturas, el turismo y otros sectores de mayor rentabilidad. La luz no alcanzaba a cubrir demanda por el crecimiento, modesto, pero sostenido.

Las crisis recurrentes sexenales fueron el centro del esfuerzo de un nuevo sexenio que abonó a cambios estructurales para evitar debilidades. Reforzó el sector financiero, lo blindó, dio autonomía al Banco de México, se crearon órganos autónomos especializados para tomar decisiones sobre áreas estratégicas por especialistas y no por burócratas sin experiencia o conocimiento, evitando corrupción. Se desaparecieron fideicomisos que ya no eran necesarios y se crearon varios para impulsar artes y ciencias, Se aumentaron becas para estudiar en el extranjero. Se dotó de autonomía a la SCJN para control de la constitucional contra leyes que a veces eran ocurrencias. Un nuevo sistema de pesos y contrapesos surgió con mejores resultados.

Las reformas políticas nunca se acabaron. Llegó la alternancia, se desaprovechó el aumento de los precios del petróleo en gasto público poco productivos, las esperanzas de acelerar el crecimiento se cuestionaron. Vino otro sexenio con sus tonalidades grisáceas. El narcotráfico empoderado retaba al Estado. Se creó el Seguro Popular para atender carencias de grupos vulnerables con gran éxito y un modelo descentralizado, con sus problemas, pero se fortalecieron compras a gran escala de medicamentos. Los laboratorios se transformaron, pasaron los estándares internacionales y lograron competir exitosamente. La distribución, problema de mil aristas, se resolvió vía contratos privados.

¿Y ahora? Todo se perdió, supuestamente por corrupción, se combate a las propias instituciones, a los órganos autónomos, se quiere regresar a monopolios, se minimizan obligaciones internacionales, se quiere doblegar a la SCJN, se ignoran las leyes electorales, se desaparecen fideicomisos, se producen más pobres, se regala dinero sin que se rompan círculos de pobreza con capacitación, emprendedurismo, salud, educación. Se amenazan inversiones, se cae el empleo, hay más corrupción, las instituciones sin recursos, hospitales sin medicamentos, se persigue y amenaza a librepensadores.

Todo tiene tintes regresivos y costosos. ¿Será que el destino nos alcance y se destruya al país? Parece vivimos una época de terror. Cada día nuevas disposiciones absurdas para lograrlo. La democracia no es una panacea, pero sin democracia, tampoco habrá desarrollo de nuevas ideas, solo de reforzamiento de viejas ideologías.

No es lo mismo trabajar diariamente por México, que hablar todos los días de un imaginario que ideologizan y presentan como México. Un solo resultado no reporta, pero cómo se divide al país, a los mexicanos. Cómo se desprecia al conocimiento, a la razón, a la libertad en aras de una ideología que no es útil para resolver los problemas y más bien los agudiza. Más pobres, menos empleo, sin inversiones, y lo que falta por venir. Parece que en efecto el destino nos alcanza.

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