Socio Líder de Assurance en PwC México

Se transforman los procesos de auditoría

Se intensificó el uso de las herramientas existentes para el intercambio de información de manera remota, dice Ricardo Moreno.

Las fechas límite para entregar los estados financieros de una empresa pública no cambiaron debido a la pandemia, tampoco hubo excepciones para el cumplimiento de normas nacionales o internacionales. Sin embargo, los procesos de auditoría sí se transformaron: se intensificó el uso de las herramientas existentes para el intercambio de información de manera remota y se fortalecieron las habilidades del talento, junto con el liderazgo en los proyectos.

Lo anterior es un cambio significativo que sin duda permanecerá. Anteriormente, durante las auditorías, el intercambio de información y documentos se llevaba a cabo de manera presencial; sin embargo, la necesidad de distanciamiento social impidió que esto sucediera. Para hacer frente a este desafío se han utilizado de manera más vehemente, no solo tecnologías de comunicación personal remota, también de transferencia totalmente segura de información que permite, en todo momento, conocer el estatus de una auditoría.

Este ecosistema ha permitido a las empresas incluso ser menos disruptivas durante la adaptación, porque los sistemas han logrado captar la información de todos los involucrados, no importando el lugar donde se encuentren. Además, a través de estos programas se otorgan permisos a los colaboradores para que puedan llevar a cabo ciertas acciones como cargar o descargar información, modificarla o solo revisarla.

Asimismo, estas herramientas han demostrado eficazmente que posibilitan el establecimiento de objetivos muy claros con límites específicos y total transparencia del ciclo. Esto permite que, a distancia, se pueda monitorear y supervisar cada una de las etapas de la auditoría y organizar juntas de seguimiento, incluso con restricciones sanitarias menos estrictas.

Por otro lado, una auditoría exige el cumplimiento de actividades secuenciales, es decir, no se pueden ejecutar ciertas acciones sin cumplir requisitos previos. Este escenario supuso otro desafío, porque debieron fortalecerse habilidades en el talento como la administración de grupos de manera virtual para alcanzar las metas establecidas. En este sentido, otras habilidades que también los equipos afianzaron fueron la gestión del tiempo, la organización y la comunicación con los pares y supervisores para agilizar los procesos, ya que una gran cantidad de las tareas se realizaba de manera presencial en una sala de juntas.

Como consecuencia del uso cada vez más intensivo de la tecnología −potencializado por la pandemia− también se creó una mayor consciencia en las empresas sobre la seguridad de los datos. Si bien las organizaciones supieron reinventarse ante este contexto, el reto persiste y deberán ser ágiles en la labor de robustecer sus métodos de seguridad.

Bajo esta idea, las empresas también deben reforzar la cultura de ciberseguridad entre los colaboradores. Además, como parte del entrenamiento, las empresas deben seguir estableciendo una serie de protocolos para que el talento detecte posibles amenazas sin importar el lugar donde se ubique.

La transformación en la forma de hacer negocios no se detendrá y, sin duda, el mecanismo para hacer una auditoría continuará evolucionando. Extraer información financiera y registros contables serán acciones cada vez más automatizadas −más de lo que ya son−. Llegará un momento en el que las auditorías se realizarán con un alto contenido tecnológico con extracción de datos y robots que ejecuten pruebas en tiempo real e identifiquen tendencias y mejores resultados. Esto demandará de los auditores mayor capacidad para emitir juicios, mejores interpretaciones y conclusiones.

La pandemia nos ha enseñado a ser más ágiles y más resilientes. Pero también nos ha mostrado el valor de la interacción humana que nunca podrá ser desplazada por la tecnología. De cara al futuro, las empresas deben encontrar el punto medio con el uso de herramientas tecnológicas y no subestimar la colaboración presencial con sus equipos de auditoría, tanto interna como externa; después de todo es la manera en la que se aprende a distinguir lo importante de lo superficial en la calidad de las auditorías.

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