Esta semana se conocerá el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de diciembre de 2025. En INVEX Análisis estimamos que la inflación anual medida a través de este indicador se ubicará en 3.8%, cifra menor al 4.0% que habíamos proyectado a finales de septiembre pasado. Por otra parte, la inflación subyacente (aquélla que excluye los precios de productos agropecuarios, energía y tarifas autorizadas por el Gobierno) se ubicaría en 4.3% anual, nivel mayor al de 4.1% que previmos a inicios del trimestre pasado.
¿Cómo interpretar esta divergencia? Definitivamente como una señal de preocupación. Si bien, la inflación general ha sorprendido a la baja e incluso es menor a la reportada hace un año (4.2% de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía), esto ha respondido principalmente a continuas caídas en los precios de productos agropecuarios. De hecho, las caídas fueron tan recurrentes en esta categoría de precios, que la inflación no subyacente pasó de 6.6% a 2.0% anual en el transcurso de 2025.
¿Cuál es la preocupación? Que estos precios son muy volátiles. Y así como en 2025 cayeron por distintas razones (aumento en la oferta de determinados productos; alteración del precio interno en relación con el externo debido a la amenaza de aranceles por parte de Estados Unidos; barreras no arancelarias a raíz de ciertas epidemias como lo fue el caso del gusano barrenador, entre otras razones), los precios de productos agropecuarios podrían aumentar en 2026. La ciclicidad en estas cotizaciones es muy marcada. Tanto, que la inflación anual de los productos agropecuarios tocó un máximo de 13.7% anual a mediados de 2024 y, como se mencionó hace unas líneas, probablemente cerró 2025 alrededor de 2.0% en términos anuales.
Aunado a lo anterior, preocupa que la inflación subyacente no ceda. O peor aún, ¡que se acelere! Y todavía más cuando la tasa de interés real ex ante (aquélla que considera la tasa de interés nominal ajustada con las expectativas de inflación a doce meses) se ubica en zona de restricción monetaria. A pesar de esta tasa restrictiva, la inflación subyacente pasó de 3.6% a 4.3% anual (estimado INVEX) entre diciembre de 2024 y el mismo mes de 2025.
No sólo Banco de México (Banxico) ha aumentado consistentemente sus estimados de inflación –y curiosamente, aún con la opinión de que esta variable convergerá hacia la meta del 3.0% anual en el tercer trimestre de este año. Los analistas del mercado también hacen lo propio. Las previsiones de inflación del consenso para 2026 han aumentado y se sitúan cerca de nuestro estimado de 4.0% anual.
El Gobierno de México, a través del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, destacó que el impacto de las 1,463 nuevas fracciones arancelarias que oscilan entre 5% y 50% sería de apenas 0.2 puntos porcentuales sobre la inflación anual. Asimismo, la entrada en vigor del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) promedio más alto de los últimos años impactaría de forma temporal.
De acuerdo. El problema es que con ello se retrasa la convergencia de la inflación hacia la meta de 3.0% del banco central dentro del horizonte de pronóstico. Para que la credibilidad de Banxico no se ponga en entredicho, es muy probable que la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno voten por una pausa en el ciclo de recortes a la tasa de referencia que inició en marzo de 2024. Y esto podría ocurrir tan pronto como en la primera reunión de este año.
En Análisis INVEX estimamos que la tasa de interés de referencia cerraría 2026 en 6.75% (7.00% nivel actual). Recortes adicionales en la tasa de la Reserva Federal (probablemente un par más) podrían abrir la puerta para esta baja de 25 puntos base que hoy vemos.
Pero ahí, con una expectativa de inflación de 4.0% anual y una tasa real ex ante de 2.75%, esperaríamos que Banxico se frene por tiempo indeterminado.
Y no descarte que el siguiente movimiento en la tasa sea de alza, incluso este mismo año. Sobre todo, si la inflación subyacente se acelera.