Estrictamente Personal

Candidatos a duras penas

La presidenta no tuvo suficiente músculo para imponer todos sus deseos, y aunque hay dos designaciones que parecen su hechura presidencial, una tiene apoyos compartidos entre el Zócalo y Palenque.

El segundo paquete de precandidaturas a gobernador, llamadas eufemísticamente coordinadores para la defensa de la transformación, le ha costado sangre a la presidenta Claudia Sheinbaum, cuyos estrategas electorales tuvieron que hacer marrullerías y satisfacer los mínimos exigidos en Palacio Nacional. Encabezados por Iván Silva, el responsable de sacar adelante a los delfines de la presidenta, alteraron resultados de encuestas para cumplir los deseos presidenciales y cruzaron lealtades con sus enemigos, en especial con el senador Adán Augusto López Hernández, dejando almas resentidas y provocando fracturas en Morena.

La presidenta no tuvo suficiente músculo para imponer todos sus deseos, y aunque hay dos designaciones que parecen su hechura presidencial, una tiene apoyos compartidos entre el Zócalo y Palenque: Quintana Roo, que era uno de los campos de batalla entre Sheinbaum y las fuerzas que representan al expresidente Andrés Manuel López Obrador, en cuya trinchera también está López Hernández, y Guerrero.

Eugenio Segura será el abanderado de Morena en Quintana Roo, al derrotar en la contienda a Rafael Marín Mollinedo, a quien López Obrador le había garantizado que él se quedaría con la candidatura, y operó para que su hijo Andrés llevara recursos del Estado de México a su campaña. Segura era la opción posible para la presidenta, aunque originalmente apostó por la alcaldesa de Benito Juárez –que incluye Cancún–, Ana Patricia Peralta, descarrillada tras conocerse la cancelación de su visa estadounidense.

La sanción del Departamento de Estado se dio cuando descubrieron que Peralta no estaba jugando con la presidenta, sino que era informante de Marín Mollinedo y del general Audomaro Martínez, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia, y con investigaciones en Estados Unidos por sus presuntos vínculos con el crimen organizado y delitos como el contrabando de combustible. La lealtad de Segura, sin embargo, no está al 100% con Sheinbaum, pues en la recta final tocó base en Palenque para asegurarle al expresidente que cuidaría sus intereses en Quintana Roo.

En Guerrero, la apuesta presidencial siempre fue Beatriz Mojica, aunque existía la percepción de que Sheinbaum estaba respaldando a Esthela Damián, muy cercana a ella y su consejera jurídica en la Presidencia, cargo al que renunció en abril después de tener fuertes desacuerdos con ella. En el estado, el dolor de cabeza fue el senador Félix Salgado Macedonio, a quien López Obrador también le había ofrecido la gubernatura tras el sexenio de su hija Evelyn Salgado, pero las presiones de Sheinbaum a Morena para prohibir el nepotismo se lo impidieron.

Salgado Macedonio ejerce control sobre las cosas que pasan en Guerrero, pero Mojica también tiene un largo trabajo de campo en el estado. El senador ha sido neutralizado por ahora, con la amenaza de que, si se cruza en el camino, lo expulsarán de Morena. El problema inmediato que tiene Mojica es con Abelina López, la polémica alcaldesa de Acapulco, que ha cuestionado airadamente la designación de su adversaria, aunque en el fondo, consideran en Morena, está pidiendo con sus quejas que su relevo interino, Leticia Lozano, con quien tiene una muy estrecha relación, se quede con la alcaldía del puerto.

Los principales escollos para Palacio Nacional no se dieron ahí, sino en Baja California y Zacatecas, cuyas precandidaturas fueron para Julieta Ramírez y Verónica Díaz, gracias a los artilugios de Silva, que como no le daban los números de las encuestas para que resultaran seleccionadas por el método tradicional en Morena, las ignoró. La encuesta en Baja California la ganó Ismael Burgueño, presidente municipal de Tijuana, respaldado por la gobernadora Marina del Pilar Ávila, y en Zacatecas triunfó el diputado Ulises Mejía.

Burgueño nunca estuvo en el ánimo de la presidenta, y Sheinbaum le había dicho a la dirigencia de Morena que no podía ganar. Burgueño está siendo investigado junto con el empresario Fernando Salgado, por operaciones con recursos de procedencia ilícita, reveló a finales del año pasado el semanario Zeta. Estados Unidos, que está armando los vínculos gubernamentales y empresariales con Los Rojos –una extensión del Cártel de Sinaloa– en Baja California, los tiene en la mira. Salgado también es muy cercano a la gobernadora Marina del Pilar Ávila, a quien le está revisando Washington sus nexos con el crimen organizado.

Baja California era un embrollo político porque se cruzaban intereses. Burgueño estaba respaldado por Alfonso Brito, que es uno de los operadores de medios de la Presidencia, mientras que Ramírez era impulsada por Silva, que también es asesor de la gobernadora Ávila. Mientras los colaboradores de Sheinbaum tomaban trincheras opuestas, quien se levantó con la victoria fue un enemigo de la presidenta, el senador López Hernández, para quien la próxima candidata trabajó como promotora y ariete contra Sheinbaum durante la contienda por la candidatura presidencial.

En Zacatecas, la alianza de la presidenta con el diputado Ricardo Monreal se pudo salvar gracias a las trampas que hizo Silva con las encuestas. La senadora Díaz no había dado los resultados esperados y en todas las mediciones había punteado Mejía, que la aventajaba casi dos a uno. Pero para mantener el acuerdo con Monreal, coordinador de la bancada de Morena, que a cambio de sacrificar a su hermano Saúl, también senador, quería la candidatura, acordó que él designaría a la sucesora de su otro hermano, David, el actual gobernador. La presidenta respaldó a los Monreal sacrificando a Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador del grupo parlamentario de Morena en San Lázaro y leal a la presidenta Sheinbaum, quien apoyaba a Mejía, que de inmediato protestó la decisión.

El senador López Hernández también logró una importante victoria táctica en Michoacán, donde la precandidatura quedó en manos de Carlos Torres Piña, que está respaldado por el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, que tiene una sólida alianza con el senador, relegando al senador Raúl Morón, que pensaba que tenía el respaldo de la presidenta en la segunda ocasión consecutiva que buscaba la candidatura. En Michoacán y Baja California, la sombra de López Hernández viene aparejada por sus presuntos vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación y su brazo armado en el sureste del país, La Barredora, investigados en México y Estados Unidos.

El proceso de selección de candidaturas está reflejando las tensiones de la disputa por el poder que se vive dentro de Morena, donde la presidenta sigue mostrando debilidades y vulnerabilidades, sin poder sacudirse, al iniciar el segundo tercio de su gobierno, los lazos que la amarran con su pasado inmediato. Las próximas designaciones la próxima semana, arrojarán más luz a este choque fratricida.

COLUMNAS ANTERIORES

Morir joven
Opacidad y corrupción

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.