Estrictamente Personal

La irresponsabilidad de Brugada

La crítica es que el operativo fue insuficiente porque era previsible el número de personas que acudirían a esa zona por la forma como fue escalando, de 150 mil el día de la inauguración donde México derrotó a Sudáfrica, a 450 mil en la victoria sobre Corea del Sur, saltando a 800 mil en el triunfo sobre Chequia, donde obtuvo su pase a la ronda de muerte automática.

La muerte de cuatro personas el martes en el multitudinario festejo tras la victoria de México sobre Ecuador en Paseo de la Reforma problematizó la gestión del gobierno de la Ciudad de México en el Mundial de Futbol. Los fallecimientos durante la aglomeración en el perímetro del Ángel de la Independencia –tres por asfixia y uno por un paro cardiorrespiratorio–, generaron una polémica sobre si fue un error de planeación, o era imposible garantizar la seguridad de casi un millón y medio de personas reunidas en una celebración catártica porque, justificaban, ninguna autoridad en el mundo habría tenido la capacidad para contener al gentío.

La discusión se ha centrado en las consecuencias del desbordado festejo, sin irse al origen que construyó las condiciones que llevaron a la muerte de cuatro personas, que bien pudieran haber sido mucho más. La crítica es que el operativo fue insuficiente porque era previsible el número de personas que acudirían a esa zona por la forma como fue escalando, de 150 mil el día de la inauguración donde México derrotó a Sudáfrica, a 450 mil en la victoria sobre Corea del Sur, saltando a 800 mil en el triunfo sobre Chequia, donde obtuvo su pase a la ronda de muerte automática.

Clara Brugada, la jefa de gobierno capitalina, no justificó en la multitud la muerte de las cuatro personas, pero señaló que su gobierno había hecho un llamado a la gente para que no fuera al Ángel de la Independencia. Es una irresponsabilidad de Brugada. Por una parte, deslindándose de su deber y transfiriendo a quienes estuvieron en Paseo de la Reforma sus propias deficiencias. Por otra parte, soslayando que fue su gobierno el que creó las condiciones para los excesos de muchos, que tomaron el festejo como pretexto para abusos, por su deriva populista de traducir todo en votos.

Facilitar un festejo puede ganarles votos, pero equiparar la mecánica de un programa social con un evento donde, por su naturaleza, la probabilidad de que termine con una tragedia era más grande que el comportamiento cívico de muchos bajo el influjo del alcohol y las drogas, como sucede aquí y en el mundo en las concentraciones de multitudes donde se elevan los riesgos de seguridad, es otra irresponsabilidad.

El origen de lo que provocó la tragedia estuvo en la planeación original de Brugada para acompañar el Mundial y querer abrir para todo público de manera gratuita, centros de diversión y festejo alternos a los Fan Fest, que organiza la FIFA. Estas acciones fueron positivas, pero Brugada, su secretario de Seguridad, Pablo Vázquez, y todos los involucrados en la planeación, mostraron su novatez al colocar una pantalla en el Ángel de la Independencia para que la gente pudiera ir a ver el partido inaugural. Para el segundo juego, contra Corea del Sur, Brugada anunció siete pantallas gigantes y amplió la zona del festejo del Ángel a la glorieta de la Diana Cazadora, al poniente, y a Insurgentes y El Caballito, hacia el oriente, extendiendo el corredor de festejo por casi tres kilómetros. Para el juego contra Chequia, el número de pantallas se multiplicó hasta 32, y para el encuentro contra Ecuador llegó a un total de 39. Para ese momento, ya habían perdido el control de todo

El número de pantallas fue creciendo, con el objetivo, dijeron, de dispersar la multitud, sin que los alertara el número de personas que crecía en cada partido. Al contrario, fueron instalando escenarios musicales y llevando grupos y DJ para animar desde horas antes del partido a los aficionados, curiosos y turistas. El argumento de la dispersión fue un error conceptual. No realizaban una relocalización de multitudes, sino ampliaban la zona para celebrar, facilitando al mismo tiempo mayor espacio para quienes quisieran ir.

Brugada incentivó a la gente a ir a Paseo de la Reforma para gozar una tarde-noche de fiesta. En cada día de partido no había clases y el gobierno había decretado que se trabajara hasta el mediodía, instando al sector privado a que hiciera lo mismo. La decisión de facilitar que se vieran los juegos por televisión fue positivo, pero no se contempló que habían creado un festejódromo en la gran avenida de la Ciudad de México. La crítica sobre posibles errores de planeación, control de los aforos, rutas de evacuación y manejo de multitudes, son reduccionistas, al no haberse cuestionado desde un principio los planes para tener concentraciones en un lugar específico, ni haber hecho esas preguntas a priori, no después de hechos consumados.

Los señalamientos son extemporáneos, y también se puede hablar de responsabilidad compartida para quienes, desde la oposición y los medios, no exploramos los escenarios posibles y cuestionamos la planeación del gobierno. A posteriori, se le cuestionó a las autoridades haber destacado como exitosos los operativos de seguridad previos porque fue saldo blanco, sin analizar las razones por las cuales resultaron de esa manera. Al mismo tiempo, se puede argumentar que si el saldo blanco fue “positivo”, el de cuatro personas muertas, puede ser evaluado como un “fracaso” de las autoridades.

No hubo un exceso de confianza del gobierno, como han criticado algunos en la oposición, porque no descuidaron cómo hacer las cosas. Lo que les falló es la planeación y la falta de mapas de riesgo para prepararse ante cualquier eventualidad. Por esta razón –la incompetencia de Brugada y su equipo–, no se vio ninguna acción, aunque hubiera sido rebasada, sobre control de aforos, ni mostraron ninguna técnica para el manejo de multitudes, y menos aún, disponer de rutas de evacuación. Todo se dejó al garete y al estado de ánimo, o de salud, de quienes colmaron el Paseo de la Reforma.

Brugada no ha entendido todavía el monstruo que construyó y lo sigue alimentando. Para evitar lo que sucedió el martes, anunció que habrá más pantallas gigantes, sin tenerse claro todavía cuántas se añadirán al festejódromo y cuántas en otras zonas de la capital. El anuncio fue acompañado de su llamado a la población para “cuidarse colectivamente” y evitar las aglomeraciones de riesgo –dejando a la subjetividad la definición de “riesgo”–. Además, fortalecerá los protocolos de protección civil, salud y seguridad, con módulos de atención. Es decir, la suerte de todos quedará al azar, porque su gobierno, ni puede hacer ya nada para evitar la marea del festejo, desánimo o ira, ni tampoco está preparado para lo que venga.

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