Estrictamente Personal

“Trump no tiene pruebas”

Se cree que el Departamento de Justicia no tiene pruebas de que el exgobernador Rubén Rocha Moya y nueve sinaloenses trabajaron para Los Chapitos después de que esa facción del Cártel de Sinaloa intervino en las elecciones de 2021 para garantizarles la victoria.

El endurecimiento del discurso contra Estados Unidos es una estrategia. No es una obviedad si se toma en cuenta que los fundamentos de esa posición beligerante están anclados en la creencia, que no conocimiento, de que el Departamento de Justicia no tiene pruebas de que el exgobernador Rubén Rocha Moya y nueve sinaloenses trabajaron para Los Chapitos después de que esa facción del Cártel de Sinaloa intervino en las elecciones de 2021 para garantizarles la victoria. Ayer se anunció un nuevo desafío en esa dirección: la Secretaría de Relaciones Exteriores envió una nota diplomática al Departamento de Estado exigiéndole las pruebas de la imputación.

Existe certidumbre en Palacio Nacional y en la aristocracia de Morena de que fue otra de las bufonadas del presidente Donald Trump. No se sabe si la declaración de Trump ayer –“si no hace su trabajo México, lo haremos nosotros”--, haya cambiado su visión, porque creen tenerle tomada la medida: viene la amenaza, se le recibe con cabeza fría y entonces recula. Además, está distraído con Irán, de donde no sabe cómo salirse. Y, después de Irán, se entretendrá con Cuba. Hasta después volteará a México. Serán meses de tranquilidad a los que no hay que hacerles caso.

Las voces en Palacio Nacional comenzaron a escucharse el jueves pasado, un día después de que se pidiera la captura de Rocha Moya y otros nueve sinaloenses con fines de extradición. El análisis partió de una premisa simple: es un único golpe; ya no hará nada Trump. Fue la conclusión previa al Consejo Extraordinario de Morena este domingo, en donde se perfilaron los escenarios por donde habría que caminar: no tiene pruebas; si las tuviera, ya las habría dado a conocer.

Con total confianza en sus diagnósticos, dentro de la aristocracia del régimen comenzaron a desarrollar escenarios de ruptura frente a Estados Unidos. No importa si se acaba el tratado comercial norteamericano, porque les afecta más a ellos que a México, y existe la certeza de que puede construir un bloque político-comercial con China, Rusia y Brasil para ponerle cara a Estados Unidos. La geopolítica vista por Morena es atrevida, temeraria y, sobre todas las cosas, ignorante.

Fuera de sus cálculos y consideraciones está que el diseño geopolítico de Trump de “América para los americanos”, que se traduce como el continente es para Estados Unidos, establece que no permitirá que una potencia extranjera siente raíces en la región. Venezuela no fue Nicolás Maduro y el Cártel de los Soles, sino la expulsión del hemisferio de China, Rusia e Irán.

También está su ceguera a lo que ha venido sucediendo en América Latina, con intervencionismos electorales que han estado cambiando aceleradamente la correlación de fuerzas hacia Washington. Una cadena creciente de gobiernos latinoamericanos se ha estado aliando a Estados Unidos, algunos no por ideología, sino por pragmatismo, entendiendo la política real, como el presidente Bernardo Arévalo, de Guatemala.

De las grandes naciones latinoamericanas, dos que son críticas de Trump tendrán elecciones presidenciales este año, Colombia y Brasil. Las urnas abrirán en Colombia el 31 de mayo, donde el candidato de Washington es un viejo conocido de Estados Unidos, Abelardo de la Espriella. La cita electoral en Brasil será en octubre, donde el candidato de Trump es Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, que de iniciar con una desventaja de 2 a 1 frente a Luiz Inácio Lula da Silva en 2022, hoy se encuentra casi en empate técnico.

Los resultados de ambas elecciones no dependen de Morena, por lo que plantear una línea de confrontación con Estados Unidos imaginada sobre aire, pensar en ese futuro diferente, es iluso. Quizás más es pensar que el acuerdo político-comercial con Estados Unidos y Canadá se reemplaza con China y Rusia, lo cual, en términos comerciales, es absurdo.

China es el gran enemigo de Estados Unidos y fue la razón para intervenir en las elecciones presidenciales de Costa Rica, donde estaba su centro de espionaje electrónico contra el norte, y el progresivo control de los puertos latinoamericanos, que estaban en manos chinas. Incluir a Rusia en sus elucubraciones es no ver lo que ha sucedido. ¿Qué hizo Rusia en Venezuela? Negociar con los estadounidenses para que pudieran sacar a 50 mil cubanos, la mayoría de ellos agentes de inteligencia que habían quedado atrapados. ¿Qué hizo en Cuba? Servir de interlocutor con Estados Unidos para mitigar la crisis económica y evitar un estallido social.

Tomar decisiones o influir en ellas sobre presunciones sin información es peligroso. Asumir que la presidencia de Estados Unidos funciona verticalmente como la de México es una inocentada. Estar convencidos de que la acusación en Manhattan fue una bomba de un día es desconocer completamente cómo funcionan las fiscalías, las cortes y el sistema de justicia en este país, terriblemente injusto en términos de justicia, pero claramente justo para sus intereses. Cuando pidan las pruebas, deben recordar el caso de Genaro García Luna, donde se admitieron testimonios de criminales sin necesidad de pruebas para respaldar sus dichos y, pese a cometer perjurio, se le condenó a 38 años de prisión.

El gobierno pide pruebas contra Rocha Moya y los otros nueve imputados, violentando una vez más lo que establece el Tratado de Extradición. Las pruebas existen. La relatoría de la acusación señala lo que se denunció en México, pública y judicialmente, en 2021, sobre cómo el Cártel de Sinaloa intervino abiertamente en las elecciones para gobernador, secuestrando y amenazando a candidatos y funcionarios de casilla, además de robando urnas. Pruebas adicionales serán expuestas durante el juicio, en donde se irán desdoblando complicidades todavía ocultas.

La presidenta Claudia Sheinbaum se molesta por los análisis sobre sus decisiones sobre el caso Rocha Moya, que es algo que es normal en cualquier país democrático: pensar sobre cómo decide la suerte de sus gobernados. Es tan notoria la contradicción interna del régimen, que ese enfoque también ha sido materia de reflexión en los periódicos más importantes del mundo, los que leen los inversionistas y los gobernantes.

La crítica ha observado su ambivalencia entre una decisión de Estado y una como militante. Tiene razón que debe actuar conforme a la ley y las pruebas, pero no está haciendo lo primero, y se está adelantando procesalmente a lo segundo. De ahí las reflexiones sobre la toma de decisiones en Palacio Nacional, contrarias a las que se alinean con la realidad geopolítica de la aristocracia de Morena.

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