Hemos concentrado la conversación energética renovable, en la energía solar y la eólica. Y con toda razón, ya que son muy visibles, predecibles, escalables y cada vez más baratas. En definitiva, tenemos certeza de que serán las tecnologías dominantes muy pronto. Pero, también hemos dicho que los sistemas eléctricos del futuro, deberán estar compuestos de una mezcla de tecnologías que garantice la seguridad y la confiabilidad de contar con electricidad suficiente y de magnífica calidad.
Por lo anterior, conviene incorporar en esa narrativa dominante a una, hasta hoy, gran ausente. Una fuente limpia, renovable, constante y disponible las 24 horas, que literalmente está bajo nuestros pies, la geotermia.
La geotermia no depende del clima ni de la hora del día. Aprovecha el calor natural de la Tierra para generar electricidad de forma continua, lo que la convierte en una de las pocas fuentes renovables capaces de aportar energía firme al sistema eléctrico. Sin embargo, su presencia sigue siendo marginal en la mayoría de los países, incluido México, a pesar de contar con recursos relevantes en zonas como Cerro Prieto o Los Azufres.
El calor subterráneo existe prácticamente en todo el planeta, pero es alta la dificultad de acceder a él de manera eficiente y rentable. Para que un proyecto geotérmico funcione, no basta con altas temperaturas en el subsuelo, se requiere también la presencia de agua o vapor y formaciones rocosas permeables que permitan su circulación. Estas condiciones solo se presentan en regiones específicas, generalmente asociadas a actividad volcánica o tectónica, como el Cinturón de Fuego del Pacífico.
A ello se suma un obstáculo aún mayor, el riesgo. A diferencia de un parque solar o eólico, donde el recurso puede medirse y pronosticarse con relativa certeza antes de invertir, la geotermia exige perforaciones profundas, costosas, y técnicamente complejas, sin garantía de éxito. Es una apuesta geológica que puede requerir millones de dólares antes de confirmar su viabilidad.
Sin embargo, algo está cambiando. En Estados Unidos, la geotermia está comenzando a atraer una nueva ola de interés, impulsada por avances tecnológicos y por la urgencia de contar con fuentes limpias que complementen la variabilidad de la solar y la eólica. En particular, el desarrollo de los llamados Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS) promete ampliar el alcance de esta energía más allá de las zonas tradicionalmente favorables.
La lógica de éstos sistemas es que, si no existen de manera natural las condiciones ideales en el subsuelo, se pueden crear. Mediante técnicas avanzadas de perforación e inyección de fluidos, es posible generar reservorios artificiales que aprovechen el calor de rocas profundas. De funcionar a escala, esta tecnología podría transformar a la geotermia en una fuente prácticamente ubicua.
No es casualidad que empresas europeas con experiencia en este campo estén volteando hacia el mercado estadounidense. El entorno de innovación, financiamiento y política energética en ese país podría acelerar la maduración de estas soluciones y reducir sus costos, tal como ocurrió en su momento con el shale gas.
La geotermia no será, por sí sola, la solución al reto energético. Pero podría convertirse en una pieza clave de un sistema eléctrico más limpio, resiliente y equilibrado. Una energía silenciosa, constante y profundamente estratégica. México tiene una base instalada relevante, conocimiento técnico acumulado y una ubicación geológica privilegiada.
Quizá ha llegado el momento de mirar hacia abajo. Porque en la transición energética, lo que no se ve también cuenta.