Apuntes Globales

Marco Rubio en Múnich

Rubio pronunció un discurso mucho más terso y político que el de JD Vance; un clásico mensaje del que tiene que hablarles a varias audiencias. Subrayó los ‘vínculos estrechos’ entre Europa y Estados Unidos.

La Conferencia de Seguridad de Múnich se ha convertido en el Davos de la seguridad global. Cada año, durante el mes de febrero, asisten a esa ciudad del sur de Alemania decenas de jefes de Estado y otro buen tanto de generales, así como todo tipo de consultores y especialistas en seguridad nacional.

La Conferencia fue creada en 1963. Entre los directores de la conferencia ha destacado el reconocido atlantista alemán, Wolfgang Ischinger, quien fue embajador en Washington y Londres. Y a partir del año próximo, será el noruego Jens Stoltenberg, quien fue primer ministro de su país y exsecretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La presencia de funcionarios y militares estadounidenses del mayor nivel ha sido una constante en los últimos años. En 2022, Joe Biden envió nada menos que a su vicepresidenta, Kamala Harris, y a su consejero de seguridad nacional, Jake Sullivan.

En 2025, a un mes de haber tomado posesión, Trump envío a su flamante vicepresidente JD Vance. Este literalmente insultó al evento. Señaló que el enemigo no era externo (se la perdonó a Rusia), sino que eran los liberales que permitían la migración masiva, la cual destruye la cultura y los valores occidentales. También hizo un llamado a que los partidos de ultraderecha se fortalecieran.

La semana pasada, Washington despachó a Marco Rubio, el secretario de Estado y también consejero de Seguridad Nacional (desde que renunció Mike Waltz, Rubio ha cubierto ambas carteras, lo que le da un acceso inusitado al presidente).

Rubio pronunció un discurso mucho más terso y político que el de JD Vance; un clásico mensaje del que tiene que hablarles a varias audiencias. Subrayó los “vínculos estrechos” entre Europa y Estados Unidos, “somos el niño de Europa”, haciendo referencia a las primeras migraciones que poblaron Norteamérica. Insistió en ser parte de la misma cultura, desde Miguel Ángel hasta The Beatles. Estas frases provocaron un aplauso de pie de decenas de líderes europeos.

Sin embargo, Rubio ni condenó la invasión de Rusia a Ucrania ni se comprometió a defender a este último. En una réplica de la visita de JD Vance, aprovechó la visita a Europa para también reunirse con dos líderes de extrema derecha, el de Eslovaquia y, especialmente, Viktor Orbán, de Hungría, este último es el único que defiende a Rusia desde el seno de la Unión Europea.

El consenso de los analistas es que no le alcanzó a Rubio para restaurar las brechas y las fricciones que su jefe ha infringido en la relación trasatlántica. El año pasado, el primero de la nueva administración en Washington, pasará a la historia como uno de los más conflictivos entre Estados Unidos y Europa occidental. Al discurso de Vance le siguieron el alza de los aranceles en abril, al que Washington bautizó como “El día de la liberación”, y, especialmente, las aseveraciones de que por las buenas o las malas se harían del territorio de Groenlandia.

El presidente de Estados Unidos bien puede pasar a la historia como el único de la posguerra que le da la espalda a su aliado tradicional número uno, la Unión Europea; en especial, el trípode europeo más poderoso y rico: Alemania, Francia y el Reino Unido (aunque este último ya no está en la Unión).

La hostilidad de Washington, sin embargo, está permitiendo lo que las fuerzas internas de Europa no habían logrado: que la Unión Europea tome en serio el proyecto de una política de seguridad y exterior propia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, enfatizó en Múnich que Europa no puede depender exclusivamente de Washington para su seguridad: “cooperación sí, dependencia no.”

Los líderes de Alemania y Francia, Friedrich Merz y Emmanuel Macron, siguieron la línea que tomó el primer ministro Mark Carney de Canadá en el Foro Económico Mundial en Davos: el orden global o Pax Americana se extinguió y tenemos que ser protagonistas para construir el siguiente.

En conclusión, el discurso de Rubio fue mejor recibido que el de Vance. Los optimistas lo vieron como una esperanza para sanar las heridas transatlánticas. Los líderes de Europa parecen convencidos de que ya no pueden seguir amparados por el paraguas de seguridad estadounidense y tendrán que gastar menos en políticas sociales y más en armas y ejércitos. Algo siempre más fácil de pronunciar que de lograr.

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