La Fiesta Está Viva

Arrancaron

La temporada española, si bien tiene sus primeros festejos en el mes de febrero, es a principios de marzo, cuando se considera el pistoletazo inicial con los festejos en Olivenza, Badajoz, y las ferias de Castellón y Valencia.

La temporada española, si bien tiene sus primeros festejos en el mes de febrero en la plaza de toros cubierta de Valdemorillo, a las afueras de Madrid, es ahora, a principios de marzo, cuando se considera el pistoletazo inicial con los festejos en Olivenza, Badajoz, y las ferias de Castellón y Valencia.

Cada temporada promete ser fascinante. La competencia y el nivel de profesionalismo europeo son envidiables. No es una fiesta exenta de defectos, de injusticias y de temas inexplicables; pero, como ha sucedido siempre, el toreo se define y se defiende en el ruedo, con los toros embistiendo y los diestros con capote, muleta y espada.

El escalafón europeo se encuentra en transición. Se han retirado leyendas que solventaron y sostuvieron temporadas asumiendo el compromiso de actuar en consecuencia como figuras del toreo. Es el caso del maestro Julián López El Juli y del maestro Pablo Hermoso de Mendoza, así como de otras figuras cuyo nombre siempre fue necesario en los carteles, como el maestro Enrique Ponce.

Actualmente, siguen en activo toreros con más de 20 años de alternativa y que mantienen gran interés por parte de los aficionados. Morante de la Puebla es caso aparte y cuya temporada 2025 fue simplemente sensacional, con adiós épico y final de película el pasado 12 de octubre; sin embargo, con el anuncio de su vuelta para el Domingo de Resurrección en Sevilla, me hace pensar que, si bien fue un arrebato el quitarse la coleta, también le funciona como estrategia comercial el ir y venir, generando necesidad e incertidumbre de que, por obvias razones, el final debe estar cerca: son 46 años de edad y el toro sigue saliendo por toriles con sus cuatro primaveras cumplidas.

Talavante cumple 20 años de alternativa esta temporada y vive un estado de gracia en el ruedo. El genial extremeño tiene actualmente un gran nivel artístico y taurino. Manzanares, aunque con muchos detractores —más por la casa que lo apodera (Matilla) que por su tauromaquia—, sigue siendo un torero de gran interés.

Quien es hoy la máxima figura del toreo es Andrés Roca Rey, peruano de 29 años, 10 como matador de toros, y el único nombre capaz de agotar el papel y triunfar en cada una de sus tardes. Esto le obliga no solamente a estar al máximo nivel taurino en el ruedo, sino también a que su administración, hoy en manos de una figura en ese ámbito como lo es Luis Manuel Lozano, planee y ejecute sus temporadas a la perfección, con estrategia, madurez y solvencia.

A la vera de Roca Rey existe una larga lista de grandes toreros. España cuenta con una baraja sensacional que permite a los empresarios jugar sus cartas y ofrecer variedad, balance y atractivo en los carteles. Acompaña, y mucho, que la ganadería española vive quizá el mejor momento de su historia: han conseguido un toro de imponente presencia, hechuras, bravura y embestidas aptas para el triunfo por diversos palos.

Dentro de toda esta estructura, que podría parecer ejemplar, se siguen viviendo casos de injusticia inexplicable, donde las vanidades empresariales flotan por encima de los intereses del público y de la justicia taurina elemental.

Me refiero, al inicio de esta temporada, al absurdo trato que las empresas de España han dado a Ginés Marín. Un pedazo de torero: artista, poderoso, valiente, con oficio gracias a su década como matador de toros y que ha quedado fuera de Sevilla y Madrid, algo absolutamente increíble.

Toca demostrar resiliencia y arreglar este absurdo en el ruedo. Ya ha dado Ginés en Castellón el primer golpe de atención, cuajando un toro de La Quinta el pasado domingo. Los temas del ruedo se resuelven en el ruedo, pero desde luego de la mano de una administración inteligente.

A Ginés Marín lo podremos ver en León, Guanajuato, el próximo 23 de mayo en la Corrida de la Virgen de la Luz.

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