El gran día de López Obrador
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El gran día de López Obrador

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El gran día de López Obrador

11/12/2019

Ayer fue el mejor día para Andrés Manuel López Obrador desde que tomó posesión como Presidente de la República.

En la Ciudad de México se firmó el acuerdo alcanzado para el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Y en Texas, Genaro García Luna fue detenido por autoridades estadounidenses.

Cayó el poderoso exsecretario, símbolo de la política de seguridad del archienemigo y único opositor político de peso de López Obrador, Felipe Calderón.

Día redondo para el Presidente, “haiga sido como haiga sido”.

No importa el costo del nuevo tratado: se firmó en Palacio y eso es un triunfo del Presidente.

Tampoco importará mucho, en términos mediáticos, conocer cómo se gestó y el derrotero de la detención de García Luna en Texas, a solicitud de la Corte de Brooklyn.

Lo ocurrido ayer en Texas tiende a validar todas las críticas de López Obrador a la estrategia anticrimen del expresidente Calderón.

Y lo que sucedió en Palacio lo pone como un paladín del libre comercio.

La popularidad del Presidente ayer se fue a las nubes, “haiga sido como haiga sido”.

En los detalles, en la letra chica y pormenores de ambos temas, TMEC y García Luna, está la verdad. Pero en política importan, y mucho, los golpes de alto impacto.

La tarea de los periodistas y analistas políticos es distinta: hay que buscar el fondo de los sucesos y decirlo.

La detención de Genaro García Luna se da un contexto de otorgar concesiones de México a Estados Unidos en materia comercial con el TMEC, y a cuatro días de la visita a México de William Barr, el procurador de Donald Trump.

Habrá que analizar el detalle de lo que se acordó en reglas de origen, en vigilancia de nuestra (sic) legislación laboral y ambiental, y en el plazo de las patentes de medicinas biotecnológicas.

Estados Unidos, por su parte, capturó al exponente máximo de la estrategia de seguridad del expresidente Calderón.

Ambos hechos no están desconectados entre sí, salvo que aún existan personas que crean que en política hay casualidades.

Por lo viso, lo que no consiguió el jefe de la negociación comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, lo obtuvo el procurador William Barr.

Con razón Donald Trump dice que se entiende mejor con AMLO que “con el otro”. Hubo concesiones que no estaban en el acuerdo firmado apenas el 30 de noviembre de 2018.

Faltan que sucedan más cosas, porque la acusación contra García Luna está prendida de alfileres. De cualquier manera, habrá show.

Se le acusa con base en una declaración del Chapo Guzmán hecha hace meses, en su juicio en Brooklyn, en que dice que le contaron que García Luna recibió en dos ocasiones sobornos de entre tres y cinco millones de dólares, para proteger al Cártel de Sinaloa.

Ahí está el cimiento de la acusación contra García Luna, de la que se desprenden cargos como conspirar para llevar cocaína a Estados Unidos, posesión de cocaína con intención de distribuirla en ese país, y haber mentido en las formas migratorias en que firma no haber cometido ningún delito.

Estamos ante el dicho de un narcotraficante, El Chapo, a quien le dijeron otros narcotraficantes, que habían comprado a García Luna.

Si eso es todo –habrá que esperar–, el cargo es débil y la detención de García Luna, muy probablemente, se realizó a pedido del gobierno mexicano. Una negociación secreta, pues.

Pero de aquí a que se conozca todo y García Luna sea liberado, si es que lo sueltan, pasarán los meses, tal vez los años. Y el golpe político al sexenio de Felipe Calderón es de efectos inmediatos y contundentes.

¿Será Genaro García Luna el único en caer preso por los acuerdos con el procurador de Estados Unidos?

La lista de enemigos del gobierno es extensa y a partir de hoy cualquiera puede caer por los dichos de un narcotraficante al que le contaron tal cosa.

Por cierto, hace algunos años Estados Unidos solicitó la extradición del entonces gobernador de Puebla, Manuel Bartlett Díaz.

Un narco dijo que el secretario de Gobernación del presidente Miguel de la Madrid (Bartlett), junto con el secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, y el entonces gobernador de Jalisco, Enrique Álvarez del Castillo, habían estado en la casa y en el momento en que era torturado a muerte el agente de la DEA Enrique Kiki Camarena Salazar.

¿Quién hizo esa solicitud de extradición? El entonces procurador William Barr, que ahora es el fiscal de Donald Trump y hace cuatro días vino a México en una visita cuyos frutos empezamos a conocer.

La extradición de Bartlett fue negada por el gobierno mexicano por “falta de lógica y contener datos falsos”, así como “no tener ni pies ni cabeza”, según explicó el que fuera un gran procurador general de la República en aquel entonces, Ignacio Morales Lechuga.

Pero Kiki Camarena es más que un héroe para la DEA: es un santo. Y tal vez Barr no ha olvidado sus agravios contra Bartlett. No como para insistir en extraditarlo, pero algo puede ocurrir con su presencia en el gabinete en las siguientes semanas.

Suceda lo que suceda, los dos golpes de ayer significan un triunfo para el presidente López Obrador. Se ha quitado el estigma de opositor al libre comercio (sin duda lo era), y propina un golpe bajo la línea de flotación de su enemigo, el expresidente Felipe Calderón, sin –aparentemente– meter las manos. Fueron los del norte, dirá.

Hay que ver la letra pequeña del TMEC y en detalle la acusación contra García Luna, pero golpe dado ni Dios lo quita.

Día redondo para AMLO, “haiga sido como haiga sido”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.