Uso de Razón

El cinismo gobernante va por más

Una sucesión de barbaridades pasa ante nuestros ojos y las mentiras y el autoritarismo gobernante han dejado de asombrarnos.

El uso político y faccioso de la justicia en México se aproxima a las épocas de Idi Amin, en Uganda, o Ferdinando Marcos, en Filipinas.

Poco a poco nos convertimos en un país de perseguidos por las fobias y caprichos de sus gobernantes.

Ningún detenido por el accidente del Metro en la Ciudad de México que causó 27 muertos, pero hay orden de aprehensión y solicitud internacional de captura de una viuda acusada por la forma en que comía, bebía y fumaba su difunto esposo.

Claro, la responsable del Metro es una figura del partido gobernante, precandidata presidencial, Claudia Sheinbaum.

Quien solicitó la captura de la viuda es su exsuegro, José María Riobóo, contratista del gobierno capitalino, asesor presidencial en temas de infraestructura: aconsejó la destrucción del NAIM, no obstante haber concursado.

Y la orden de aprehensión la giró la fiscalía del gobierno de la Ciudad de México.

La fiscalía del gobierno que le da contratos millonarios al demandante hizo que el gobierno federal se movilizara para solicitar una orden de extradición de la viuda, acusada por lo que comía, bebía y fumaba el hijo del contratista, de 39 años.

Una sucesión de barbaridades pasa ante nuestros ojos y las mentiras y el autoritarismo gobernante –da la impresión– han dejado de asombrarnos.

O tal vez, como advirtió un expresidente, nos hemos vuelto un país de cínicos.

La persona que plagió su tesis en más de 90 por ciento fue la reciente candidata del gobierno a presidir la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En el caso de Yasmín Esquivel no hubo una disculpa de parte del Presidente por haberla propuesto como ministra de la Corte y luego candidata a presidirla.

Hubo, eso sí, defensa presidencial de la ministra por la “travesura estudiantil” (o algo así), y un ataque despiadado al intelectual que reveló el caso.

En lugar de corregir, va toda la fuerza del Estado para perseguir y hundir a un pobre tipo, vulnerable y obscuro, que entregó la tesis 14 meses antes que la ministra.

Más cinismo:

El Presidente está preocupado por las malas condiciones del Chapo Guzmán en una cárcel de Estados Unidos, y anuncia que moverá a la diplomacia mexicana para que mejore su situación o de plano repatriar.

Aquí en las cárceles muchos reclusos duermen colgados como murciélagos por el hacinamiento. Los más fuertes suelen matar a puñaladas o a golpes a los más débiles y a celadores.

Los cárteles del crimen hacen intransitables algunas carreteras del país porque asaltan, secuestran o matan a personas que viven de su trabajo, extorsionan a comerciantes y, si les place, emboscan a soldados y mandos del Ejército para asesinarlos. Matan a adultos, mujeres y niños, como ayer entre Veracruz y Xalapa.

En sus plazas no hay derechos humanos ni ley.

Y el Presidente se preocupa por el trato al que fuera jefe del cártel criminal más poderoso de México y del mundo.

El discurso humanista es cinismo puro. Lo usa para abogar por el Chapo y no para proteger a los ciudadanos cuyos derechos son conculcados por los cárteles.

A opositores les cae el peso del Estado.

La Fiscalía General de la República concluyó que el único que recibió sobornos de Odebrecht fue Emilio Lozoya Austin, pero hay ficha roja de la Interpol para apresar al sucesor en la dirección general de Pemex, Carlos Treviño.

El exsenador Jorge Luis Lavalle estuvo un año en la cárcel y ahora en prisión domiciliaria, por sobornos que no recibió.

A Rosario Robles la metieron tres años en la cárcel por una licencia de conducir falsa, que la autoridad fabricó (para justificar la prisión preventiva).

Sí, la presa fue Robles, tres años, y los que cometieron el delito de fabricación de pruebas despachan como autoridades federales.

Las encuestas dicen que el partido que está arriba en las preferencias es el del cinismo, las fabricaciones de delitos, el atropello y la mentira.

Una –por ahora– mayoría quiere seguir por este camino.

Al parecer López Portillo tenía razón y nos convertimos en un país de cínicos.

Salvo que despierten los abstencionistas, se quiten la venda de los ojos y decidan rescatar al país.

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