BOGOTÁ, Colombia.- A dos meses de las elecciones del 8 de noviembre, los demócratas van por la gran sorpresa y están a pocos pasos de retener la mayoría en ambas cámaras legislativas.
Hace 60 días, o 30, nadie apostaba un peso a que ganarían Biden y sus demócratas, y ahora es una posibilidad latente.
Una nueva encuesta del prestigiado Pew Research Center (23 de agosto) indica que los demócratas tienen 44 por ciento de las preferencias del electorado en los distritos locales, contra 42 por ciento para los republicanos.
Por eso sorprende tanto la fiebre de pronósticos electorales en México que adelantan, desde ahora, el triunfo holgado de Morena en las elecciones presidenciales.
Respetados analistas que anuncian desde ahora la victoria del oficialismo en 2024 tendrían que ver el espejo de Estados Unidos.
Los republicanos daban por seguro que iban a repetir la dosis y arrollar a los demócratas como lo hicieron en 2010 contra Barack Obama. Están dos puntos abajo.
Algunos de los candidatos extremistas republicanos, especialmente Mehmet Oz, en Pensilvania, están cayendo en las encuestas.
La nueva realidad electoral confirma la advertencia del líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, en el sentido de que la “calidad” de sus candidatos complicaría las posibilidades de ganar la Cámara alta, donde el panorama ya se les había complicado.
El aborto está creciendo en importancia como un tema electoral. Eso va en favor de los demócratas.
Desde el fallo de la Suprema Corte de Justicia, que deja al criterio de los estados encarcelar a las mujeres que aborten, el tema ha aumentado 13 puntos porcentuales como uno de los asuntos más importantes en las elecciones intermedias.
El interés proviene fundamentalmente de mujeres proaborto, o anticárcel para ellas, y de jóvenes que por lo regular no votan. Su participación podría ser decisiva en resultado de algunos distritos.
Y el tema de preocupación número uno, la economía, está mejorando para la administración Biden. Hay contención clara de la inflación y reducción sistemática en los precios de las gasolinas.
En la segunda categoría de importancia para los votantes, control de armas y violencia callejera, los demócratas pueden presumir que sacaron adelante una legislación bipartidista de control de armas. Es la primera, en más de tres décadas, que busca evitar que las armas lleguen a manos equivocadas.
Durante las elecciones intermedias de 2010, Barack Obama y sus demócratas perdieron 63 escaños y con ello el control de la Cámara de Representantes y del Senado, que habían tenido en los años previos.
Pero lo que Obama calificó como un descalabro, no impidió que dos años más tarde arrasara para un segundo mandato en la Casa Blanca.
La suma de todos esos factores sugiere que los demócratas de Biden están en una posición cómoda para evitar un desplome político mayor en las elecciones del 8 de noviembre.
Aún puede haber eventos inesperados de consecuencias imprevisibles. “Las sorpresas de octubre”, le llaman en Estados Unidos.
Una de ellas, no menor, puede ser el encausamiento criminal contra Donald Trump, por ejemplo, con el efecto de energizar a su base y salir a las urnas en números sin precedentes.
O puede mandar un mensaje de certeza de que se ha recuperado la sustancia que da cohesión a Estados Unidos: nadie está por encima de la ley.
Y también existe la posibilidad de que un evento de esa naturaleza movilice a los demócratas para evitar la llegada al Congreso de republicanos pro-Trump.
Biden tiene calendarizada una “gira de la victoria” a partir del 6 de septiembre, y decenas de sus funcionarios harán lo mismo en 23 estados del país a lo largo de las siguientes semanas.
Nadie se muere en la víspera, pues.
Aun en el escenario improbable de que los republicanos ganen la Cámara baja y el Senado, los márgenes de acción en ambas cámaras serían raquíticos.
Lo anterior implica que difícilmente tendrán la posibilidad de imponer su agenda en la recta final hacia las elecciones presidenciales.
El escenario electoral de Estados Unidos, al arrancar septiembre, es totalmente distinto al de hace dos meses.
Por eso es tan riesgoso hacer pronósticos categóricos acerca de quién y por qué va a ganar la elección presidencial en México, que tendrá lugar no en dos meses, sino dentro de dos años.
Es posible que se equivoquen, y justificarán su error con muy articulados razonamientos.
Más o menos como hacen ahora, desde sus respetables tribunas, los que fungieron como facilitadores del desastre que hoy les sorprende y les indigna.