Uso de Razón

Colombia, tal vez, ojalá

Demasiado trágico y cercano está el ejemplo del triunfo de la izquierda en Venezuela; y en México, con las banderas de la izquierda se consumó lo peor del neoliberalismo.

Es entendible que a medio continente se le pongan los pelos de punta con el triunfo de Gustavo Petro en Colombia.

Demasiado trágico y cercano está el ejemplo de la izquierda de Venezuela, que conculcó libertades, arruinó al país más rico de la región y los oponentes acabaron en la cárcel.

Insólito es el caso del gobierno mexicano, que con las banderas de la izquierda consumó lo peor del neoliberalismo, que es el repliegue del Estado de sus tres tareas esenciales: la seguridad pública y patrimonial de los ciudadanos está en manos de bandas criminales propiedad de particulares, la salud pública fue desmantelada y 15 millones de mexicanos deambulan por consultorios de mala muerte junto a farmacias privadas, y la educación pública se devolvió a mafias sindicales que no le rinden cuentas a nadie.

Si existe alguna posibilidad de que la izquierda se reivindique y vuelva a ser opción democrática y progresista –José Mujica de Uruguay fue su último mandatario decente en la región–, ésta se encuentra en Colombia.

Tal vez Petro también decepcione, pero el paso que lleva desde el día del triunfo es formidable.

Su discurso de reconciliación la noche de la victoria ha ido acompañado de hechos.

Nombró ministro de Hacienda a José Antonio Ocampo, un economista doctorado en Yale, socialdemócrata, keynesiano, exdirector de la Cepal, quien ya había ocupado ese cargo en el gobierno de Ernesto Samper.

La noticia de mayor peso político fue la reunión entre el presidente electo Gustavo Petro y el expresidente Álvaro Uribe, algo impensable hasta hace una semana.

Seguirán siendo adversarios, pero ambos reconocen al otro como un actor político que tiene derecho a existir, un contendiente legítimo con el que hay que convivir.

¿Imaginan ustedes que el presidente López Obrador invitara a tomar un café y a conversar al expresidente Felipe Calderón?

¿Imaginan el suspiro de distención que daría el país luego de esa reunión entre AMLO y Calderón?

Bueno, los agravios entre Petro y Uribe son aun mayores, pero tuvieron la grandeza de poner por delante la necesidad de reconciliación de su país, en lo que fue apenas un paso para el diálogo por la unidad nacional prometida por Petro. Pero qué paso.

¿Sí me explico en eso de las diferencias?

Hay más.

Designó a Álvaro Leyva como canciller. Es un jurista de mucho prestigio, ya mayor, que el próximo mes cumplirá 80 años, miembro del Partido Conservador.

El doctor Leyva ha sido ministro en distintas administraciones ‘del pasado’, miembro de la rancia aristocracia bogotana, y su capacidad y prestigio fueron clave en los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC. Ahora Petro lo ha hecho canciller de Colombia.

Ocampo, que será ministro de Hacienda, profesor de la Universidad de Columbia, es un crítico del neoliberalismo salvaje y de la desindustrialización que en algunos países ha traído la globalización.

No va a destruir a su país. Al contrario, puede dar buen rumbo al cambio por el cual los colombianos votaron abrumadoramente.

Cuando ganó la elección Petro no tenía mayoría en el Congreso, y en estas semanas la construyó. Ya la tiene. Y no a través de la extorsión, la amenaza y la intriga, sino del diálogo.

Su operador, próximo ministro de Gobernación, es Alfonso Prada, exjefe de la campaña de Petro, un socialdemócrata curtido en la negociación política como secretario de Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y el vicepresidente Óscar Naranjo.

Logró acuerdos legislativos con los partidos Liberal (del expresidente César Gaviria), Conservador y de La U (los dos de centroderecha), que eran aliados del saliente gobierno.

Esos partidos, más los legisladores de Petro y sus aliados naturales, la Alianza Verde y los ex-FARC, le garantizan una cómoda mayoría en el Congreso. (Que nadie se asuste con los ex-FARC en la lucha política: en las próximas elecciones deberán contender, por primera vez, con candidatos propios. Doble contra sencillo a que pierden el registro).

Sin mojigaterías, posiblemente Petro arranque con la reforma fiscal.

La única oposición dura será el Centro Democrático, de Uribe, con quien Petro se reunió el pasado miércoles.

Desde luego, el pragmatismo político de Petro comienza a ser visto con recelo por el ala más radical de la coalición que lo llevó al poder, Pacto Histórico.

Aquí va un tuit que lanzó el jueves el senador Gustavo Bolívar, de esa ala:

“Admiro la generosidad de Gustavo Petro para conformar un gobierno pluralista y de unidad que garantice la paz y la gobernabilidad en Colombia. Pero no olvidemos organizaciones sociales, sindicales, campesinas, indígenas, afro y a la izquierda que se jugó la vida por esta causa. Con Amaya, no”.

Carlos Amaya es un centroizquierdista que suena para ministro de Agricultura y en la segunda vuelta se la jugó con el derrotado Rodolfo Hernández, quien también ya se reunió con el presidente electo.

En los hechos, desde Colombia llegan más motivos de esperanza que de pánico.

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