Uso de Razón

De película, el maxiproceso a Donald Trump

La instrucción de Trump y Giuliani fue: si pueden entrar, voten por mí, y si no los dejan ingresar, hagan ruido. Eso le daría argumentos al vicepresidente Pence para invalidar la elección.

MIAMI, Florida.- Los decepcionados de los políticos porque ‘todos son iguales’ tendrían que voltear a ver lo que sucede estos días en Washington para recobrar la fe en que aún existe la decencia y ésta puede triunfar.

Cuarenta millones de estadounidenses vieron el inicio de las comparecencias en el Capitolio, que ponen a Donald Trump en el centro de una conspiración criminal para descarrilar la elección presidencial que perdió.

Todos los integrantes de la comisión investigadora, bipartidista, han recibido amenazas.

El republicano Russell Bowers, presidente de la Cámara de Representantes de Arizona, compareció ante la comisión en el Capitolio, sentado junto al secretario de Gobierno de Georgia, Brad Raffensperger, también republicano, que fue amenazado con cárcel por Trump si no alteraba la votación.

Bowers es un hombre mayor, republicano de toda la vida, devoto, ranchero que tiene una sola corbata desde hace muchos años, pues sólo la usa en las ocasiones especiales de su vida. El miércoles fue una de ellas.

En los días previos a la calificación de las elecciones, Bowers recibió llamadas del presidente Trump y de su abogado Rudolph Giuliani. Le pedían convocar a una audiencia legislativa para revisar las acusaciones de fraude en Arizona. A ambos les dijo que no.

También le exigieron que permitiera el acceso a electores falsos a la votación del Colegio Electoral de Arizona, para crear un caos.

Me explico:

En este país los votantes no eligen presidente, sino electores que en una sesión votan para definir quién de los candidatos será el presidente.

Nunca ha ocurrido, pero en un estado que equis candidato presidencial haya tenido más votos populares, los electores (538 en todo el país) pueden elegir al otro. Sería completamente legal.

Salvo en Nebraska y Maine, que tienen representación proporcional, en todos los demás estados quien gana la votación popular designa a todos los electores de ese estado, que se reúnen y votan.

Trump y Giuliani urdieron la perversa maquinación en siete estados, donde ganó Biden, para que electores falsos se presentaran el día de la votación y ejercer su sufragio en favor de Trump y no por el ganador.

Era una obviedad que la anomalía iba a ser detectada, pero el objetivo era generar un caos en la sesión. “¡No nos dejan votar!”, “¡Se están robando la elección!” (de hecho en Nevada y Michigan hicieron escándalo).

La instrucción de Trump y Giuliani fue: si pueden entrar, voten por mí, y si no los dejan ingresar, hagan ruido. Eso le daría argumentos al vicepresidente Pence para invalidar la elección.

Pence, como se sabe, no entró en el juego de su jefe. Optó por la República.

A Bowers, de Arizona, Trump y su abogado le encargaron enredar la sesión con el argumento de que hubo fraude.

El propio presidente Trump hizo una declaración en esos días calientes: “Bowers me dijo que yo había ganado la elección”.

De inmediato lo desmintió el líder republicano del Congreso de Arizona. Giuliani le habló para pedirle que ayudara a anular la elección y que dejara entrar a electores falsos a la sesión del Colegio Electoral del estado.

-Dame pruebas del fraude-, le dijo Bowers a Giuliani.

-Tenemos muchas teorías, pero sencillamente no tenemos evidencias-, le contestó Giuliani.

Bowers rechazó la maniobra y el gobierno del estado (republicano) certificó las elecciones en que ganó Biden (demócrata).

En los días siguientes, caravanas de simpatizantes de Trump rodearon la casa de Bowers y usaron megáfonos para insultarlo a él, a su familia, lanzar amenazas y enseñar armas.

Dentro de la casa de Bowers, su hija Kacey agonizaba. Murió en marzo de 2021.

El viejo republicano, que hizo campaña por Trump, votó por Trump, lleva un diario en el que por las noches escribe sus actividades y reflexiones.

Al terminar la sesión del miércoles en el Capitolio, leyó lo que había escrito en su diario personal cuando estaba en el centro de las presiones de Trump y de Giuliani:

“No quiero ser un ganador haciendo trampa. No jugaré con las leyes a las que juré lealtad. Contra cualquier deseo artificial de desviar mi deseo profundo y fundamental, seguiré la voluntad de Dios, como creo que él me llevó a abrazar mi conciencia. ¿De qué otra manera me acercaré a él, en el desierto de la vida, si soy un cobarde al no defender el camino recto que él me llevó a tomar?”.

Bowers seguramente va a perder la elección de agosto, en que se postula a la reelección. Pero su ejemplo pasará a la historia. Se los firmo

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