Uso de Razón

A Trump le crecen los enanos

Donald Trump sigue siendo el bien amado del voto duro de los republicanos para la contienda en 2024, de calle, pero ya no es dueño absoluto del partido.

El expresidente tira golpes incluso a su propia sombra porque ve amenazas en el Partido Republicano y le han crecido dos aspirantes a la candidatura presidencial: Ron DeSantis y Mike Pence.

Sigue siendo el bien amado del voto duro de los republicanos para la contienda en 2024, de calle, pero ya no es dueño absoluto del partido.

Y sólo con el voto duro, no es suficiente para llegar a la Casa Blanca.

El desafío más abierto viene de dos excolaboradores suyos, leales y abnegados. Uno ha discrepado de Trump en temas de fondo, Pence, y el otro tiene aspiraciones: el exsecretario de Estado Mike Pompeo.

La osadía de Pence es encomiable, porque el 6 de enero de 2021 puso a la nación por encima de las ambiciones ilegítimas de su jefe y se negó a crear una crisis institucional en Estados Unidos, al aceptar el triunfo de Joe Biden.

Este fin de semana Pence se fue a Georgia a hacer campaña en favor de la reelección del gobernador Brian Kemp, que compite en las primarias contra el candidato de Trump, David Perdue.

Hay mar de fondo. Si el expresidente guarda rencores contra alguien de su partido, más que contra Pence, es hacia el gobernador de Georgia.

Kemp dio dos negativas que Trump tomó como insulto personal: se negó a promover la anulación de las elecciones presidenciales de 2020 en Georgia, y no le dio al entonces presidente los 11 mil votos fraudulentos que le pidió para adjudicarse el triunfo sobre Biden en ese estado.

Pence fue a Georgia a retar a Trump.

En un comunicado, el exvicepresidente afirmó que “Brian Kemp es mi amigo, un hombre dedicado a la fe, la familia y la gente de Georgia. ¡Me enorgullece ofrecerle todo mi apoyo durante cuatro años más como gobernador del gran estado de Georgia!”.

Cuando Trump aplaudió a Putin por invadir Ucrania, Mike Pence afirmó que “en el Partido Republicano no hay espacio para apologistas de Putin”.

El otro Mike del círculo íntimo de Trump, Pompeo, exsecretario de Estado, junto con el senador texano Ted Cruz, hacen campaña en Pensilvania para que David McCornick derrote en las primarias de mañana al candidato de Trump al Senado, Mehmet Oz.

Hace unos días, en las primarias republicanas de Nebraska, perdió el candidato apoyado por Trump para la gubernatura.

La Asociación de Gobernadores Republicanos manifestó su respaldo a la reelección del gobernador Brad Little en Idaho, contra la abanderada del expresidente, Janice McGeachin.

Trump está furioso y ha redoblado su carga contra compañeros suyos a los que señala como parte del RINO (republicanos sólo de nombre).

Las cuarteaduras del cacicazgo de Trump son eso: cuarteaduras. Sigue siendo el líder, pero los republicanos ya tienen señales de que no es imbatible ni tiene asegurada la candidatura presidencial.

Pero quien cosecharía un revés del expresidente no sería Pence ni tampoco Pompeo, y mucho menos Ted Cruz, sino la estrella en ascenso del Partido Republicano, Ron DeSantis, gobernador de Florida.

Sin Trump en la contienda interna de los republicanos, DeSantis tiene 54 por ciento de las preferencias contra 34 por ciento del exvicepresidente Pence.

Es un tipo digno de observación, porque llegará lejos. Joven, más conservador que Trump, pero educado, con buenos modales, no insulta y tiene argumentos para discutir.

DeSantis entra a todos los debates de temas difíciles. Prohibió el aborto cuando el feto tiene más de 15 semanas.

Promovió el proyecto de ley educativa apodado “No digas gay”, que saca de todos los programas educativos, hasta tercer grado, cualquier tema relacionado con sexo e identidad de género.

Tiene mano pesada: de él nació la revocación que hizo el Congreso de Florida para quitar a Disney el estatuto especial que le permite (se acaba en julio) ser una suerte de municipio autónomo, con ciertos beneficios fiscales.

Se los quitó en represalia a que Disney (la matriz, no su gerente en Orlando) criticó la ley “No digas gay” y le cortó a los republicanos el financiamiento de sus campañas en Florida. (Disney-Orlando es el principal empleador del estado, recibe cada año 50 millones de visitantes, y paga 5 mil millones de dólares en impuestos estatales).

DeSantis, que tiene su origen político en el Tea Party, es un gobernador popular. No cerró Florida en la pandemia. Enfrentó las políticas de Fauci. No comparte la rabia antiinmigrante como Trump ni ha despotricado contra el libre comercio.

Tampoco se confronta con Trump. Es una versión del ‘nuevo’ Partido Republicano, que se ha forjado con la ruptura que significó la llegada a la presidencia de Estados Unidos del excéntrico y antimexicano magnate.

En el circo republicano, los enanos empiezan a crecer.

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