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EU, ante la madre de todas las reformas

La ley electoral que se vota lunes o martes prohíbe a los congresos locales poner restricciones al derecho a votar.

MIAMI, Florida.- La reforma más importante para el futuro político de este país se votará en los siguientes días: la electoral.

El partido gobernante llega, a la hora crucial, sin consenso ni los votos necesarios para aprobarla.

Biden decidió jugársela y lo planteó el martes en términos dramáticos: o están del lado de Luther King, o del lado de los segregacionistas.

Es decir, son partidarios de los derechos civiles para todos, o se abrazan al grito de George Wallace al tomar posesión como gobernador de Alabama en los años 60: “¡Segregación hoy! ¡Segregación mañana! ¡Segregación siempre!”

Vamos por partes, porque el tema tiene importancia de vida para los dos partidos de Estados Unidos.

Diecinueve estados (de 50), con mayoría republicana en sus respectivos congresos, han aprobado iniciativas o emitido ordenanzas tendientes a obstaculizar el voto de las minorías que históricamente votan por los demócratas.

Han prohibido el voto por correo, que es mayoritariamente demócrata.

La boleta llega a la casa, y las personas mayores, las que no tienen coche o viven en lugares apartados de las casillas, o trabajan ese día, o por comodidad, la reenvían por correo.

Por eso cuando se hacen los conteos suele darse el caso que los resultados en la noche dan arriba al aspirante republicano y al día siguiente o subsiguiente, al contabilizarse los sufragios enviados por correo, la elección tiene un vuelco prodemócrata.

Han hecho rezonificación de las casillas. Primero, disminuyen en un 20 o 30 por ciento los centros de votación, con lo que le hacen difícil acudir a votar a los habitantes de las zonas demócratas.

Quienes tienen pocos recursos, carecen de coche o disponen de poco tiempo, por lo general latinos o afroamericanos, no van a gastar dinero ni horas laborables para ir a votar.

Y en las zonas de alta presencia republicana, se ponen más casillas para facilitar la emisión del voto.

Han puesto como requisito para sufragar, la presentación del pasaporte o licencia de manejo obligatoria.

Los pasaportes son caros y muchos afroamericanos y latinos no han viajado nunca al exterior. No van a hacer un gasto sólo para usar el documento en elecciones (aquí no hay credencial de elector con fotografía, como en México, que las paga el presupuesto federal y da certeza a las elecciones).

Es más económica la licencia de manejo (alrededor de 30 dólares), pero no se la dan a cualquiera: hay que saber manejar, ir a una prueba teórica, a una práctica, y desde luego disponer de un coche.

La ley electoral que se vota lunes o martes prohíbe a los congresos locales poner restricciones al derecho a votar.

Esto es: se pondría un mandato federal para tener piso parejo en las elecciones.

Propone la iniciativa que todos los martes de elecciones sean declarados días feriados.

Resulta que en Estados Unidos se vota los martes, día laborable, y no hay licencias para salir a sufragar. No trabajas una hora y no te la pagan.

El nine to five (de nueve a cinco) como horario de trabajo, es sólo para algunos. Latinos y afroamericanos, votantes demócratas por lo general, buscan tener dos turnos porque son personas de bajos ingresos. No van a dejar de trabajar y perder sueldo por ausentarse en horas laborales para viajar a un lugar de sufragio.

La ley que se va a votar en el Congreso es un hasta aquí a los gobiernos estatales republicanos, para que no manipulen las disposiciones electorales en su favor.

Para aprobar este paquete de reformas federales que eliminan las obstrucciones al votante demócrata, Biden propone eliminar el llamado filibuster (algo así como filibusterismo).

¿Qué es esto?

El filibuster es una norma parlamentaria en el Senado, que obliga a contar con la mitad más 10 de los votos de los senadores para aprobar o modificar una ley.

Tal práctica tiene una larga historia enraizada en la vieja plutocracia de la sociedad estadounidense, representada en el Senado, que no viene al caso explicar en esta columna.

El punto es que esa norma de 50 más 10 senadores no está en ninguna ley, por lo que se puede cambiar con una votación de mayoría simple.

Se busca que en este caso, en el de la reforma electoral, la ley pase con el voto de la mayoría más uno, igual que sucede en la Cámara de Representantes.

¿Tiene Biden el voto de todos los senadores demócratas para hacer a un lado el filibuster en este caso?

La respuesta es no. Y por la vía de la persuasión de los argumentos no lo va a tener.

Por eso ha optado por la presión política, destinada fundamentalmente al senador Manchin y la senadora Sinema, demócratas ambos, que no respaldan a Biden en esta ni en prácticamente ninguna iniciativa.

Si no pasa la reforma electoral, los republicanos tendrán la vía libre para manipular las leyes locales y ganar las elecciones siendo minoría.

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