Uso de Razón

Por aquí pasó el populismo autoritario

‘A Hitler se le debió frenar en Múnich’, hemos oído decir. Esperemos que al paso de un par de generaciones no se diga: ‘a Trump se le debió frenar en Washington’.

MIAMI, Florida.- La lección del histórico 6 de enero de 2021 es que ningún país pasa por el populismo autoritario sin consecuencias. Ni Estados Unidos.

A un año del intento de autogolpe de Donald Trump, hoy éste es un país que perdió la seguridad en su democracia y su futuro es incierto.

En 2016 eligieron a un populista autoritario, resentido y mentiroso, sin medir las consecuencias.

Los estadounidenses fueron de aquéllos que pensaban que nunca les iba a pasar nada, apoyados en su historia y en su fortaleza.

Ni el 5 de enero del año pasado vieron el golpe que venía al día siguiente, porque en su mentalidad, formada en la tradición democrática, no cabía tal posibilidad. Por ello no tomaron medidas para evitarlo.

El 5 de enero de 2021 envié la siguiente columna a la redacción de EL FINANCIERO, publicada al día siguiente, el histórico 6 de enero:

“El presente de la democracia en el mundo se define hoy en la ciudad que lleva el nombre del padre fundador de este país y de un sistema de gobierno en su expresión moderna: Washington.

Miles de manifestantes han comenzado a llegar a la capital federal para imponer a Trump como presidente de la República, por encima de los votos y de la ley.

El presidente encabezará las manifestaciones para descarrilar las elecciones que perdió…

Si cae Estados Unidos, caerán todos los demás países arrastrados por el tsunami del populismo autoritario.

Esto no es en algún futuro, sino hoy, en el presente, en Washington, DC, en este miércoles dramático para la humanidad…

Hoy es el putsch de Donald Trump.

Hace casi un siglo, el fanático líder de un partido llamó a un golpe de Estado en Múnich, Alemania, y fracasó. Estuvo un tiempo preso y luego salió libre de cargos. Lo perdonaron.

El resto ya lo conocemos: ese tipo iracundo llegó al poder, invadió Europa, provocó una guerra mundial y llevó a la muerte de 60 millones de seres humanos.

‘A Hitler se le debió frenar en Múnich’, hemos oído decir.

Esperemos que al paso de un par de generaciones no se diga: ‘a Trump se le debió frenar en Washington’.

El putsch de la cervecería de Hitler (8 y 9 de noviembre de 1923) fracasó, como muy posiblemente fracasará hoy el golpe de Trump. Pero el daño causado por este mal perdedor es irreparable…

Buena parte del daño ya está hecho. Por donde pasa el populismo autoritario no vuelve a crecer el pasto”.

Hace unos días, el 1 de enero, The New York Times publicó un editorial institucional, en el que lamenta que funcionarios electorales sean amenazados (algunos con cárcel), que haya convocatorias a asesinar a políticos republicanos que votan en conciencia y no como ordena su líder, que se estén modificando leyes electorales en estados clave para controlar y subvertir la voluntad ciudadana, y que Trump siga “avivando las llamas del conflicto con sus desenfrenadas mentiras y resentimientos ilimitados, y cuya versión retorcida de la realidad aún domina uno de los dos principales partidos políticos de la nación” (https://www.nytimes.com/2022/01/01/opinion/january-6-attack-committee.html).

Ruth Ben-Ghiat, una estudiosa de la autocracia y autora de Strongmen: Mussolini hasta el presente, citada por Margaret Sullivan –articulista especializada en medios de comunicación– en The Washington Post, escribió:

“Estamos perdiendo nuestra democracia día a día, y los periodistas son conscientes de esto individualmente, pero los medios de comunicación no están centrando esto como debería ser”.

La revista The Atlantic publica en su reportaje de portada que “técnicamente, el próximo intento de derrocar una elección nacional puede no calificar como un golpe. Dependerá de la subversión más que de la violencia, aunque cada una tendrá su lugar. Si el complot tiene éxito, los votos emitidos por los votantes estadounidenses no decidirán la presidencia en 2024. Se desperdiciarán miles de votos, o millones, para producir el efecto requerido. El ganador será declarado perdedor. El perdedor será certificado como presidente electo”.

El profesor Noah Millman, en un ensayo publicado esta semana, afirma que en estados clave, como Arizona, Wisconsin, Georgia y Pensilvania, los legisladores republicanos “reemplazan a los funcionarios electorales profesionales con actores partidistas que tienen un gran interés en ver ganar a su candidato preferido. Se busca criminalizar los errores humanos por parte de los funcionarios electorales, y en algunos casos incluso amenazan con la cárcel”.

Así es, ningún país sale indemne del populismo autoritario, bajo la conducción de un mentiroso. Ni Estados Unidos.

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