Uso de Razón

La respuesta está en el viento

Las facilidades que requieren las compañías para traer a México sus inversiones y tecnologías, son democracia, transparencia, certeza jurídica y energías que no contaminen.

MIAMI, Florida.- En 2023, es decir, casi el próximo año, Nueva York estará iluminada por energía eólica marina. Todo Long Island, para ser preciso.

El nuevo gobierno alemán que asumirá en dos semanas, compuesto por tres partidos, cimentó su alianza en puntos específicos, y el primero de ellos es la expansión de las energías renovables: todos los estados deberán destinar 2 por ciento de su territorio a parques de energía eólica.

China comienza a ser abandonada por grandes empresas de Occidente (LinkedIn –Microsoft–, Google, entre otras), agobiadas por la falta de libertades, que hace cada vez más vergonzoso invertir ahí, aunque salirse del gigante asiático las prive de su lucrativo mercado.

¿Qué relación hay entre los dos primeros párrafos, sobre el avance imparable de las energías limpias, y el tercero que se refiere a la paulatina retirada de compañías de China?

Las empresas que se salen de China, estadounidenses en su mayoría, irán donde haya regímenes democráticos, Estado de derecho y, fundamental, acceso a energías limpias para su operación.

Aunque sólo sea para encender la luz o conectar una computadora, habrá un requisito fundamental: energías que no provengan de combustibles fósiles.

Es decir, México tiene ante sí una oportunidad histórica para salir del subdesarrollo.

Las facilidades que requieren ésas y otras compañías para llevar a México sus inversiones y tecnologías, son ésas: democracia, transparencia, certeza jurídica y energías que no contaminen.

La ubicación geográfica de México, con 3 mil 200 kilómetros de frontera con Estados Unidos, más un tratado de libre comercio de América del Norte que ha probado su eficacia desde 1994, hacen la diferencia con cualquier otro destino.

Sólo debe corregir el camino, porque el gobierno marcha en sentido opuesto a los vientos que soplan en todo el mundo.

Los lectores varones que alguna vez hayan intentado hacer pipí contra el viento, sabrán qué sucede.

La empresa de origen alemán Siemens, líder en Europa, canceló el parque eólico El Sauzal, que proyectaba en istmo de Tehuantepec, con una inversión de 600 millones de dólares y contratos ya hechos con los campesinos de la región (citado por Sergio Sarmiento, en su Jaque Mate).

No hay certeza. Con la reforma eléctrica, el gobierno busca subordinar a las empresas productoras de energías limpias a nuevas e inaceptables reglas del juego.

Se cancelarán las concesiones de energías renovables.

General Motors, el gigante automotor norteamericano, contempla irse de México.

Dijo su presidente hace dos semanas, en la convención del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas:

“Si no existe un marco jurídico, un marco estructural en México enfocado a la producción de energías renovables, General Motors no va a parar su visión cero (emisiones de carbono)… Si no existen las condiciones, México ya no va a ser un destino para la inversión, porque no van a estar estipuladas las condiciones para que nosotros cumplamos con nuestro objetivo de cero emisiones de largo plazo”.

Los vientos del mundo soplan en otro sentido.

El miércoles de la semana pasada el presidente Biden autorizó la instalación de un parque eólico con 12 turbinas frente a las costas de Rhode Island, para llevar energía a Nueva York.

Además, para aprovechar los fuertes vientos del Atlántico, se instalarán otros 16 parques eólicos en el mar, desde Nueva Inglaterra hasta Carolina del Sur. Quedarán listos en 2025.

Donald Trump se había negado a autorizarlos con el argumento risible de que “las palas eólicas son para matar pájaros”.

Biden, popular o impopular, ya echó a andar la instalación de los parques de ‘ventiladores’ en el mar, como parte de su proyecto –y de la tendencia mundial– de cortar el cordón que ata a la energía con los combustibles fósiles que envenenan el planeta Tierra.

¿Quién va a construir esos parques?

Un conglomerado de empresas encabezado por la danesa Orsted.

Sí, es de Dinamarca, un país modelo en muchos sentidos, donde 80 por ciento de la energía es limpia, y la producen empresas privadas.

Hasta ahora, Estados Unidos sólo tiene siete turbinas de energía eólica funcionando. Viene un boom. Hacia allá va el mundo.

¿Saben cuántas turbinas de ese tipo hay funcionando ya en Europa?

Cinco mil.

La próxima semana, seguramente, asumirá el nuevo gobierno en Alemania, encabezado por el socialdemócrata Olaf Sholz, coaligado con los partidos Verde y Liberal.

El acuerdo tripartita del gobierno que reemplazará al de Angela Merkel (menuda responsabilidad) estampó su alianza en un documento de 177 páginas en el que su primer compromiso es con el medioambiente, porque “el cambio climático pone en peligro nuestros medios de vida, amenaza la libertad, la prosperidad y la seguridad”.

Para empezar, Alemania abandonará el uso del carbón en ocho años.

El fin de los coches de combustión se dará en 2035.

Y a partir de ya, todos los edificios comerciales estarán obligados a poner paneles solares en sus azoteas.

Todas las construcciones habitacionales particulares que se hagan en ese país, deberán contar con paneles solares.

Para ello se promoverá la inversión privada en esa área, como nunca antes.

“Hemos resuelto que ésta será una década de inversiones” –para abandonar los combustibles fósiles–, dijo el próximo canciller alemán.

Síntesis: hacia allá va el mundo. Hacia allá corre.

Caminar contra el viento será una mala apuesta.

Ir con él, es la oportunidad de algunos países como México (en los que hay viento, sol y vapor subterráneo) para dejar atrás condiciones de pobreza y de atraso tecnológico.



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