Uso de Razón

Biden-AMLO, dos agendas opuestas

Con la incompatibilidad en las agendas de Biden y López Obrador no hay complementariedad posible, ni bloque de América del Norte fuerte ni creíble.

MIAMI, Florida.- La reunión trilateral México-Estados Unidos-Canadá de hoy cumplirá con el objetivo del presidente Biden de proyectar la imagen de que se construye una vecindad segura, sana y solidaria.

Necesita mandar ese mensaje al interior de su país, donde la mayoría de los ciudadanos reprueba su gestión.

Si hoy hubiera elecciones, 51 por ciento de los votantes cruzaría la boleta en favor de los candidatos republicanos en su distrito, y sólo 41 por ciento lo haría por los demócratas.

El 62 por ciento de los estadounidenses considera que la presidencia de Biden está desconectada de las preocupaciones del ciudadano común.

Pocas acciones serían más rentables a Joe Biden que un acto de autoridad sobre el gobierno mexicano, por migración, drogas y todo aquello que le funcionó de maravilla, para la popularidad interna, a Donald Trump.

Biden no lo va a hacer. No en público. Es un político prudente que no va a crispar a la nación como hizo su antecesor, aun al precio de seguir cayendo en las encuestas.

La parte mexicana ha trabajado con profesionalismo la preparación de la cumbre y luego la reunión bilateral entre ambos presidentes.

El punto crítico estará cuando tengan que conversar en privado López Obrador y Biden. Sus agendas no sólo son distintas, sino opuestas.

López Obrador y su gobierno han hecho un esfuerzo evidente para frenar la migración centroamericana y caribeña que va a Estados Unidos.

No le pueden exigir más a México. Además, nadie está obligado a lo imposible.

Si Estados Unidos, con sus inagotables recursos tecnológicos y económicos, no puede controlar la totalidad de entradas y tránsito de migrantes ilegales en su territorio, México mucho menos.

Hay un tema espinoso en este punto: la migración ilegal de mexicanos crece a cifras históricas.

Otra vez México ocupa el primer lugar como país expulsor de sus ciudadanos hacia Estados Unidos.

Y aumentará más. López Obrador y Biden tienen en perspectiva dos horizontes diferentes para México.

Biden necesita un vecino próspero, seguro y saludable.

Pero López Obrador trabaja para hacer de México un país de pobres.

La tendencia es empobrecer a las clases medias para que dependan del gobierno. Y restarle dinámica y prestigio al sector privado, para disminuir su peso en la economía, en la política y en el ánimo social.

Va a crecer el número de mexicanos que emigran, porque la recuperación económica no existe.

El axioma lo conocemos: sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay empleo, sin empleo crece la pobreza, y a mayor pobreza aumenta el éxodo de mexicanos hacia el norte.

También se va el dinero. En dos años, México es el país que más inversión extranjera ha perdido en el mundo.

De enero al primero de noviembre de este año han salido del país 266 mil millones de pesos de inversiones extranjeras.

Reforma energética.- Canadá y Estados Unidos se quejan de la política energética de México, y más específicamente de su política eléctrica.

Legisladores demócratas y republicanos presionan con cartas enérgicas a la Casa Blanca para frenar lo que ven como un trato discriminatorio de México a las empresas estadounidenses.

El embajador Ken Salazar informó que empresas de Estados Unidos ya han invertido mil millones de dólares en energías limpias en México, y será dinero perdido porque el gobierno del vecino del sur quiere cambiar las reglas del juego.

Siemens canceló un parque eólico en el istmo de Tehuantepec por 600 millones de dólares, que afectará directamente a los campesinos que tenían contratos con la empresa.

Con la reforma eléctrica se pierde, también, la confianza.

Sin lógica económica, el gobierno mexicano no es de fiar.

Ya había cancelado los contratos del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y la pérdida de dinero ha sido exorbitante para el país, más lo que falta por pagar por la destrucción del NAIM.

Ahora el Presidente busca anular los contratos de producción de energías limpias, en perjuicio de su población, del medioambiente, de la confianza de los inversionistas y de la relación con Estados Unidos.

Medio ambiente.- Ante la gravedad del calentamiento global, Biden acelera la transición de energías fósiles a limpias. Habrá sanciones para los países emisores de ozono, restricción en el acceso a créditos de instituciones internacionales y bancos privados.

Y su socio, aliado y vecino, que iba en esa dirección, da media vuelta y apuesta por el carbón y el combustóleo.

Tal vez le pidan al presidente López Obrador que haya congruencia entre lo que dice y lo que hace: dice que aspira a que México sea como Dinamarca, pero en ese país más de 80 por ciento de la electricidad viene de fuentes renovables. La principal empresa de electricidad, Ørsted, es privada, como lo recordó Sergio Sarmiento en su Jaque Mate.

A pesar de que muchas compañías petroleras han eliminado la práctica de quemar gas, que libera metano –señalan los especialistas en energía y cambio climático Lisa Viscidi y MK Vereen–, la quema de gas de Pemex se incrementó 68 por ciento entre 2019 y 2020.

Las agendas de Biden y de López Obrador son incompatibles.

Con esas diferencias no hay complementariedad posible, ni bloque de América del Norte fuerte ni creíble.

Habrá fotos y sonrisas, también algunos acuerdos, pero los dos países marchan en direcciones opuestas.

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