Uso de Razón

Bush-Trump, la gran diferencia

Donald Trump, esa “fuerza maligna” a la que se refería George W. Bush, se negó a participar en los eventos conmemorativos de los ataques terroristas contra Estados Unidos.

MIAMI, Florida.-  El sábado 11 de septiembre George W. Bush tuvo una intervención magistral que recordó a los ciudadanos de este país lo grande que fue, hasta hace poco, el Partido Republicano.

En Shankoville, Pensilvania, donde cayó el avión secuestrado por terroristas y que los pasajeros impidieron que se dirigiera a Washington donde impactaría contra el Capitolio, Bush puso en evidencia el daño causado a Estados Unidos por un populista antidemocrático que ha envenenado la política de este país.

Se ven lejanos los días de solidaridad después del 11 de septiembre, porque “una fuerza maligna parece actuar el nuestra vida común, que convierte cada desacuerdo en una discusión, en un enfrentamiento entre culturas. Gran parte de nuestra política se ha convertido en un llamado desnudo a la ira, al miedo y al resentimiento. Eso nos preocupa, por nuestra nación y por nuestro futuro juntos”, dijo ante la vicepresidenta Kamala Harris, y quien fuera vicepresidente en su mandado, Dick Cheney, republicano.

Donald Trump, esa “fuerza maligna” a la que se refería Bush, se negó a participar en los eventos conmemorativos de los ataques terroristas contra Estados Unidos.

Ese día Trump fue a Nueva York, donde se reunió con bomberos, a los que reiteró su discurso de que “la elección fue amañada… los demócratas sólo hacen cosas malas… nosotros ganamos las elecciones… hubo un gigantesco fraude…”.

Momentos antes, en el evento de Pensilvania donde cayó el avión que iba a destruir la sede del Congreso de Estados Unidos, George W. Bush tocó, sin mencionarlo por su nombre, el asalto del trumpismo al Capitolio el pasado 6 de enero:

“Hemos visto una creciente evidencia de que los peligros para nuestro país pueden venir no sólo a través de las fronteras, sino también de la violencia que se acumula en el interior… Hay poca superposición cultural  entre los extremistas violentos del extranjero y los extremistas violentos en el país. Pero en su desdén por el pluralismo, en su desprecio por la vida humana, en su determinación de profanar los símbolos nacionales, son hijos del mismo espíritu inmundo”.

Donald Trump se puso el saco y respondió, en un comunicado, al exmandatario de su partido: “Es muy interesante ver al expresidente Bush, quien es responsable de meternos en las arenas movedizas del Medio Oriente (¡y luego no ganar!), mientras nos sermonea que los terroristas de derecha son un problema mayor que los de países extranjeros que odian a Estados Unidos”.

Obviamente tergiversó lo dicho por Bush. Y en su encuentro con los bomberos la cadena Fox (afín a él) tuvo que cortar la transmisión porque Trump estaba diciendo mentiras, como el trillado cuento del ‘fraude’, que no existió.

En Pensilvania, Bush apuntó a las virtudes que han hecho grande a este país: “En un momento en el que la intolerancia religiosa pudo haberse desencadenado, vi a los estadounidenses rechazar los prejuicios y abrazar a las personas de fe musulmana. Esa es la nación que conozco. En un momento en que el nacionalismo (chauvinismo) podría haber suscitado el odio y la violencia contra personas percibidas como extranjeras, vi a los estadounidenses reafirmar su bienvenida a los inmigrantes y refugiados. Esa es la nación que conozco: es la versión más auténtica de nosotros mismos. Es lo que hemos sido y lo que podemos volver a ser”.

¿Lo podrán volver a ser?

Si hubiera otros como Bush en el Partido Republicano, seguramente sí. Desde luego los hay, pero están aplastados bajo la bruma de resentimientos e ira que alienta un solo hombre: Donald Trump.

Y mientras esté Trump actuante en la arena política de este país, no habrá bien común que perseguir de manera compartida.

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