Uso de Razón

Bolsonaro, presidente investigado por negligencia

El Senado brasileño inició un proceso de ‘autopsia’ acerca del comportamiento de las autoridades federales ante la pandemia que ha provocado 460 mil muertos.

MIAMI, Florida.- Ya está el primer presidente investigado por mal manejo del Covid y su posible responsabilidad en la muerte de miles de personas: Jair Bolsonaro, de Brasil.

Desde hace un mes el Senado brasileño inició un proceso de ‘autopsia’ acerca del comportamiento de las autoridades federales ante la pandemia que ha provocado, hasta ahora, 460 mil muertos. Se trata de deslindar responsabilidades.

Casi la mitad de los brasileños (40 por ciento) da seguimiento a las audiencias del Senado –transmitidas por la televisión del Congreso–, de acuerdo con el sondeo elaborado por el Instituto Paraná Pesquisas. Un acontecimiento nacional, pues.

El hilo que podría llegar hasta Jair Bolsonaro inicia con un anuncio subido a redes sociales en marzo del año pasado, en el que se minimizan los efectos del Covid y se desaconseja el aislamiento social, en el marco de una campaña que se llamó “Brasil no puede parar”.

El contenido es muy similar a una campaña que en esas fechas hubo en México https://twitter.com/anafvega/status/1367262532285718530/photo/1

Se trata de un video ordenado por la oficina de Comunicación Social de la Presidencia, mediante adjudicación directa a la empresa Comunicacao, de acuerdo a lo revelado por el medio electrónico Poder 360.

En él se promueve hacer a un lado el aislamiento social, porque “en el mundo son raros los casos de víctimas fatales de coronavirus”.

Lo que descubrió el medio brasileño fue el monto pagado a esa compañía de publicidad. La adjudicación directa está en el Diario Oficial del 26 de marzo de 2020, y tenía por objeto “diseminar información de interés público a la sociedad”.

Casi de inmediato hubo un mandato judicial para frenar esa campaña, lo que molestó al presidente, y lanzó una contraofensiva.

Bolsonaro se presentó en un mercado popular ubicado en Taguatinga, en la periferia de Brasilia, donde un carnicero le dijo –en realidad le dijo a todo el país– que “hay muertos, pero eso depende de Dios, no podemos parar”.

Ahí el presidente se solidarizó con lo expresado por el locatario del mercado y negó la gravedad de la pandemia, a la que calificó de “un pequeño resfriado” (Reuters 29 marzo 2020).

Dos semanas después, el 12 de abril, volvió a exhortar contra el aislamiento social, y expresó que el virus contaminaría a 70 por ciento de la población, lo que sería inevitable, ante lo que pidió calma y tranquilidad.

El 9 de mayo, en el lago Paranoa, donde practicaba su deporte favorito, dijo que “hay neurosis porque el virus va a pegar a 70 por ciento. No teman”.

Un par de días después, Bolsonaro fue a Recife (provincia pobre en el noreste), donde la emprendió contra la prensa, por alarmista: “Ustedes siempre me atacan cada vez que hablo de temas de salud”.

Nunca paró de minimizar el Covid, hasta que le dio a él y se le juntaron los muertos.

El presidente dijo a sus gobernados que el aislamiento social era “para idiotas”, y que los cubrebocas “son una ficción que brindan una protección de prácticamente cero” (O Globo, 1 de enero 2021).

Todo lo anterior desencadenó –además de una mortandad que en parte era evitable– la investigación que abrió el Senado, en la que han comparecido exministros de Salud, el exdirector de Comunicación Social de la Presidencia, el regulador federal de salud, y el gerente regional de Pfizer, entre otros.

Del proceso ha salido información relevante. Por ejemplo, y de acuerdo con el testimonio de Carlos Murillo, de Pfizer, la farmacéutica ofreció al gobierno de Brasil, entre agosto y noviembre del año pasado, en diversas ocasiones, la venta de un millón y medio de dosis de la vacuna que acababa de desarrollar su socia BioNTech, y otras 17 millones de dosis para el primer semestre de este año (Vanessa Barbara en The New York Times del jueves pasado).

El gobierno brasileño no las quiso.

Por su parte, el exministro de Salud, Eduardo Palazuelo, declaró este 19 de mayo al Senado que optaron por adquirir sólo 42 millones de dosis a través del mecanismo Covax, en lugar de comprar las necesarias para inocular a 50 por ciento de la población.

¿Por qué? La articulista brasileña del Times cita al exministro de Bolsonaro: “Porque era un proceso demasiado arriesgado y las vacunas demasiado caras (siete meses después de la primera oferta, Brasil empezó a comprar vacuna)”.

Ahí está la nuez del asunto: con el cuento del ‘ahorro’ el presidente tal vez pudo haber apostado al contagio para lograr la inmunidad colectiva.

Ése es el crimen que busca evidenciar el Senado brasileño: haber planeado la muerte de un millón 400 mil personas como ‘cura’ del Covid. Van 460 mil, así es que se quedó corto.

La inmunidad nunca llegó. Science publicó este 21 de mayo que en Manaos se contagió 76 por ciento de la población y no hubo inmunidad colectiva porque entró otra variante: el CoV-2.

El Senado de Brasil hace su trabajo, y el presidente tal vez deba asumir su responsabilidad.

Como lo dice Vanessa Barbara: “La investigación, lenta y constantemente, está develando una trama clásica de supervillanos, a la vez nefasta y absurda, mortal y espantosa. Si el villano encuentra su merecido, será otra historia”.

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