En petit comité

Buen arranque en negociaciones del T-MEC

La verdadera discusión no debería ser cómo ganar más que el otro, sino cómo crecer juntos. Para México, eso implica diversificar sin romper su principal vínculo económico.

Las recientes visitas a Washington de los secretarios Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch marcan el inicio de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Más que un trámite técnico, es en realidad una prueba de madurez política y económica para dos países que, les guste o no, están profundamente entrelazados.

Ambos funcionarios se han enfocado en presentar resultados y posturas para una negociación que definirá no solo reglas comerciales, sino el rumbo de una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo.

Tan solo en 2025, ya bajo la mira de Donald Trump y sus constantes amagos de imponer tarifas arancelarias, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos alcanzó cifras históricas superiores a los 872 mil millones de dólares, consolidando a México como el principal socio comercial de Washington, por encima de China y Canadá, de acuerdo con datos del propio Departamento de Comercio estadounidense.

Ese mismo año, México exportó más de 534 mil millones de dólares a Estados Unidos, mientras que las exportaciones estadounidenses a México superaron los 337 mil millones.

Esto deja en claro que entre ambos países existe una profunda interdependencia estructural. En el caso de nuestro país, más del 80% de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos.

Sin embargo, el dato incómodo para el discurso proteccionista en Washington es que ellos también dependen de México. El país es ya el principal destino de las exportaciones estadounidenses, representando alrededor del 15.5% de su total, revelan los datos de la Oficina de Censos de EU. Además, México es el principal mercado para el 75% de las industrias estadounidenses.

Sin embargo, desde Washington, persiste la tentación política y resurgen discursos de seguridad económica, relocalización y control de cadenas de suministro para frenar a China. Desde México, la narrativa apunta a reducir la dependencia de otras regiones y fortalecer la integración regional. Ambas visiones pueden convivir, pero solo si se reconoce que el T-MEC no es un instrumento de competencia, sino de complementariedad.

Las cadenas de valor en América del Norte no se entienden sin esa lógica. Un automóvil ensamblado en México tiene piezas de Estados Unidos y Canadá. Un tomate mexicano llega a supermercados estadounidenses en invierno gracias a una integración agrícola que beneficia al consumidor final. La frontera, más que una línea de separación funciona como un sistema circulatorio.

Romper ese equilibrio —con aranceles, presiones políticas o decisiones unilaterales— no solo sería miope, sino costoso. La evidencia reciente muestra que, incluso bajo tensiones comerciales, más del 85% del comercio sigue protegido por el T-MEC, un reconocimiento tácito de que la integración funciona.

La verdadera discusión no debería ser cómo ganar más que el otro, sino cómo crecer juntos. Para México, eso implica diversificar sin romper su principal vínculo económico; para EU, entender que su competitividad global depende en gran medida de la estabilidad y eficiencia de su vecino del sur.

El T-MEC es un recordatorio de que, en un mundo fragmentado, la cooperación estratégica no es debilidad, sino una ventaja. Y tanto México como Estados Unidos harían bien en recordarlo antes de convertir una relación indispensable en un campo de batalla político.

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Oscar Mario Beteta

Oscar Mario Beteta

Con más de 30 años de presencia y experiencia en medios de comunicación, Óscar Mario Beteta es un conocido periodista y conductor de televisión mexicano.

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