Trópicos

Un trono digno de un rey

‘Trump se encuentra en un complejo laberinto, donde sus pasos lo siguen encaminado hacia un callejón sin salida’, escribe Omar Cepeda en su columna.

Los intestinos de Donald Trump seguramente vivieron un fin de semana complejo después de ser el inspirador de las protestas más numerosas en contra de un presidente desde hace varias décadas, las cuales fueron denominadas “No Kings”, es decir, “No reyes”, y es que la que se hace denominar la democracia más desarrollada del mundo ahora ha pretendido ser gobernada bajo una idea más cercana al autoritarismo, al ser sistemáticamente violadora de derechos y leyes, emanado de anhelos personalísimos de un individuo cuyo discurso se ha centrado en el egocentrismo de sus propias ocurrencias.

Se estima que más de 7 millones de estadounidenses, sin necesidad de ondear banderas partidistas, se manifestaron en 3 mil 300 diversas marchas dentro de los 50 estados de la Unión Americana por demandas esenciales como la reducción del costo de vida, el fin de políticas contra comunidades inmigrantes, protección de libertades civiles, acceso a servicios básicos, rechazo a decisiones de política exterior, entre otras.

Estas exigencias reflejan lo deteriorada de una sociedad harta de escasos resultados en diversos rubros. Algo anda mal, porque las promesas de campaña de Donald Trump están arando al aire.

Resultaría interesante saber realmente qué le dijeron sus asesores, o cómo percibió Trump esa constelación de ciudadanos que criticaron su gobierno el pasado sábado: ¿la menospreció?, ¿le espantó?, ¿le preocupó?… Preguntas válidas, ya que a partir de esas reflexiones o no, podríamos ver cambios en sus acciones que involucran guerras, asuntos económicos, derechos humanos, etcétera.

Dentro de su radar político, rumbo a las próximas elecciones intermedias, podríamos ver decisiones que pueden significar bandazos inesperados, en un hombre completamente indescifrable.

El descontento de la sociedad estadounidense se está acentuando día a día y se acelerará rumbo a esas elecciones clave para Donald Trump el próximo 3 de noviembre, fecha que definirá el futuro de su movimiento, el cual incluso ha buscado imponerlo a su partido, los republicanos.

Dentro de las peligrosas obsesiones del presidente estadounidense se encuentran las de perpetrarse en el poder, no reconocer las elecciones al considerarlas fraudulentas, hacer trampas legales, reprimir a sus oponentes, entre otras maniobras antidemocráticas que asustan a la ciudadanía, por lo que decidieron bautizar las manifestaciones bajo el lema de “No Kings”.

Ante líderes globales absortos por acciones ineficaces pero peligrosas de Donald Trump, que ha llevado a un mundo en conflicto y sin respeto por el derecho internacional, sus intereses no están en impulsar la democracia; lo hemos visto en Venezuela e Irán, y muy probablemente dentro de poco en Cuba.

Al contrario, ha demostrado que sus objetivos se centran en sus intereses personales. No le han importado las sociedades bajo dictaduras o autoritarismos, sino que sus impulsos se centran en proyectos empresariales en Gaza, Caracas, Teherán o La Habana.

Pero el malestar social está siendo arrasado por el incremento en los precios de las gasolinas en los Estados Unidos y el mundo. Las gasolineras estadounidenses acaban de superar los 4 dólares por galón, un nuevo máximo que no se veía desde el año 2022.

Esto quiere decir que subió más de un dólar de lo que costaba antes de que comenzara la guerra en Oriente Medio, por lo que tendrá consecuencias directas en el aumento de los precios de productos de consumo básicos y una muy probable desaceleración económica que podría llevar a una recesión dentro de poco.

Por supuesto, esa inercia contagiará a otros países. La tasa de inflación de Europa subió al 2.5% en marzo, lo cual podría prever aumentos de las tasas de interés por parte del Banco Central Europeo durante lo que resta de 2026. México vive la misma presión en la inflación, aunque el Banco de México baje las tasas de interés.

Trump se encuentra en un complejo laberinto, donde sus pasos lo siguen encaminado hacia un callejón sin salida. El problema es que un hombre como él, en lugar de corregirlos para buscar salidas oportunas, es de los que acostumbran incendiar el bosque, aunque su caricatura cobre fuerza entre la gente, como por ejemplo, esa instalación de un gran retrete dorado de falso mármol y oro, que fue colocado en el National Mall en Washington, con una placa que dice: “Un trono digno de un rey”.

COLUMNAS ANTERIORES

Trump es víctima de sí mismo
Finlandia y México, momento de oportunidades: Ville Tavio

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.