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Los algoritmos sucios de la política

Si el presidente fuera coherente y se apegara a lo que él mismo propone en su Cartilla Moral, de manera inmediata desconocería el proceder de Yasmín Esquivel Mossa.

“No tengo nada de qué avergonzarme”, sentencio la ministra Yasmín Esquivel Mossa, el lunes por la tarde, días después de que la UNAM confirmara que plagió su tesis de licenciatura. Ante la sorpresiva respuesta de la “sinvergüenza”, según sus propias palabras, cada día que pasa es un lastre que le acarrea negativos al presidente López Obrador, quien ha enarbolado un menú de significados para su movimiento como la ética, la transparencia, lucha contra la corrupción, etcetera, y que, lo que ha hecho la ministra, es justo lo contrario a lo que profesa AMLO.

El efecto boomerang que ha mencionado López Obrador, dirigido a quienes buscan aprovecharse de las circunstancias y que tarde o temprano se les regresa la mala afortuna, es lo que está viviendo la ministra. Pero en este caso, las implicaciones al presidente crecen diariamente, por lo que la defensa que ha emprendido a su criatura, en lugar de beneficiarle, se ha convertido en una bomba de tiempo. Cada voto, que de ella emane en la SCJN, será un puñal contra el movimiento del presidente.

Dice el punto 8 de la “Cartilla Moral” de López Obrador, “La ley y el derecho”: “El que comete una falta o un delito debe sufrir igual pena, sea débil o poderoso, pobre o rico. Pero, a mayor altura de la persona, toca mayor responsabilidad, por concepto de agravante”. Si el presidente fuera coherente, y se apegara a lo que él mismo propone, de manera inmediata desconocería el proceder de Esquivel Mossa, y en consecuencia, solicitaría abiertamente su renuncia. En cambio, critica a quien evidenció el plagio, a los medios y a la UNAM.

Pero la opinión pública, va más allá. En redes sociales y en otros espacios públicos, hacen referencias unánimes respecto a que debe renunciar la ministra. Si la máxima casa de estudios, o la SEP no logran un consenso, este escándalo va más allá de lo que resuelvan las instituciones, es un asunto de ética y moral de una servidora pública que ostenta uno de los puestos más privilegiados, y que, al mismo tiempo, exigen un perfil completamente pulcro.

Ante la categórica falta, es evidente el malestar que está causando en la sociedad mexicana, y asombro en el mundo. Más, que una persona se aferre a los cuernos del poder, y que al mismo tiempo el poder la proteja. La sociedad, incluidos muchos defensores a ultranza de la 4T, reprueban no sólo su acto de corrupción, sino el cinismo y la desaseada forma en que ha manejado la situación, con engaños, mentiras y falseando declaraciones. ¿Acaso cree que somos imbéciles?

Entendemos que el presidente López Obrador lo que busca es proteger, más allá de la amistad que ostenta con ella y su esposo, el empresario de cabecera, José María Riobóo, una mano incondicional en la SCJN que vote, a favor, todo lo que promueva el presidente, como por ejemplo, lo que se avecina en materia electoral, y que se pronostica llegue hasta el dedo definitorio de los ministros.

Pero el caso de la ministra Esquivel ha comenzado a distorsionarse, y al mismo tiempo, carcomido otras áreas de interés del propio López Obrador. En primer lugar, ha puesto bajo la lupa los múltiples contratos que tanto el gobierno federal, como el de la Ciudad de México le han otorgado al Riobóo. No sólo es un asunto de dinero, sino de nepotismo y falta de transparencia. La triada: presidente, empresario predilecto y ministra, quien, al mismo tiempo, estos últimos, son esposos, deja abierta una llave de gran interés e investigación. El conflicto de intereses puede ser mayúsculo y preocupante.

A este triángulo amoroso y de intereses, se han sumado las autoridades del gobierno de la Ciudad de México, que encabeza Claudia Sheinbaum. Ayer, el diario Reforma dio a conocer que otorgaron tres contratos por “más de 50 millones de presos entre 2020 y 2022″, sin licitar. En las mañaneras, López Obrador se desvive en hablar bien del empresario y la ministra. Aunado a esto, todos recordamos que recién ventilado el plagio de Esquivel, Ernestina Godoy, la dependiente y manipulable fiscal general de justicia de la Ciudad de México, intervino, patéticamente, para declarar la nulidad del plagio. Asombra ver cómo las alianzas entre diversos poderes, se está convirtiendo en una pirámide de irregularidades que se evidencian diariamente.

Parece ser que Claudia Sheinbaum ya topó el límite máximo de las preferencias rumbo a la candidatura de Morena, por las presidenciales en 2024. El Financiero publicó ayer una importante caída en sus positivos, principalmente por los accidentes en el Metro. Claudia, cada vez más dependiente de López Obrador, ha demostrado que aun con su auxilio, no se consolida en solitario, todo lo contrario, se percibe un irreversible rezago.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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