Acorralados en su existencialismo, los precandidatos o corcholatas punteras de Morena para las presidenciales de 2024, comienzan a vivir un vértigo descomunal ante millones de miradas de ciudadanos y ciudadanas, que como lupas, siguen diariamente sus pasos, dichos, gestos, ocurrencias, meneos...
A esa sensación de montaña rusa, abonan las encuestas que realizan mes con mes los principales periódicos a nivel nacional, y que delinean, con pulso de escultor y coincidente unanimidad, a los punteros absolutos: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.
Acostumbrémonos a estos tambores de guerra, que cada 30 días nos arrojarán los distintos medios, ya que faltan doce de esas encuestas, antes de que los morenistas definan a su candidata o candidato final. Hoy, aún nada está escrito entre ellos dos, de ahí la relevancia de lo que suceda mes con mes entre Claudia y Marcelo, o entre Ebrard y Sheinbaum.
Paralelamente, se asoman los datos sobre cómo van los opositores, aún muy detrás de los morenistas. Y como si fueran quinielas en carreras pura sangre, se presentan combinaciones de posibles careos entre morenistas, y los de enfrente, aglutinados en dos opciones, los del grupo “Va por México”, conformado por PAN, PRI y PRD, en ese orden de peso en las actuales encuestas, y por otro lado, un inquietante Movimiento Ciudadano, que entre su 5 y 8 por ciento de preferencia electoral, sumado a un candidato que por su atractivo nombre, Luis Donaldo Colosio, cotiza entre los punteros, lo define como un partido bisagra, cuyo amor podría ser vendido muy caro.
Cobran relevancia estas encuestas mensuales porque permitirán tejer el pulso real, a partir de los usos y costumbres de Morena, ya que desde hace tiempo han decidido transitar del modelo ejecutor del “dedazo” al del “encuestómetro”.
No obstante, estos ejercicios resolutivos han estado bajo constantes dudas. Cuestionamientos que vienen desde aquel ya lejano 2011, cuando se llegó a afirmar que Marcelo Ebrard habría ganado a Andrés Manuel López Obrador en lo que fue la primera encuesta para definir al candidato presidencial opositor, pero que, por un acuerdo interno, Ebrard cedió el triunfo a AMLO. Un pacto que, de ser cierto, se podría compensar el próximo año.
Recientemente hemos visto la aplicación de encuestas, ordenadas por AMLO, a través del obediente líder de Morena, Mario Delgado, para elegir candidaturas a puestos de gobernador. Todas ellas han estado plagadas de irregularidades y dudas. Incluso entre los mismos compañeros de partido han denunciado cuchareos y fallas en los procesos. Acusan de no existir piso parejo, por ello la relevancia de que la encuesta presidencial sea transparente y clara, para despejar dudas que entre el “dedazo” y el “encuestómetro”, no se vaya a convertir esto en un “dedómetro”.
La reciente encuesta de agosto, de El Financiero, realizada por Alejandro Moreno y una de las más exactas, es contundente. El bloque encabezado por Morena casi le saca 20 puntos al principal bloque opositor. Por otro lado, Ebrard está mejor evaluado que Sheinbaum en dos rubros: en la obtención de resultados económicos y en cuanto al manejo de la relación con Estados Unidos; mientras que la jefa de Gobierno supera al canciller en la aplicación de los apoyos sociales.
No obstante, en cuanto a preferencias netas entre ambos morenistas, Claudia supera por cinco puntos a Ebrard, después de que en mayo, junio y julio, la distancia no fue mayor a tres. Pero ojo, porque apenas en marzo pasado, había una distancia de 16 puntos a favor de Sheinbaum. Así de vertiginosas se mueven las cosas.
Pero también serán tiempos de definiciones, y hay trasfondos que deben ir considerando los punteros de Morena. Más allá de las excesivas fotos que suben en redes sociales para consolidar su ventaja. Estamos listos para conocer sus propuestas de campaña encaminadas a la conformación de su plan de gobierno. Es decir, pronto será hora de combinar las sonrisas, con las ideas, cambios y proyectos. ¿O van a hacer lo mismo que ha hecho López Obrador, sin ningún cambio que renueve un gobierno que se percibe ya cansado?
Vale la pena detenerse y revisar lo que sucede en América Latina, en medio de diversas crisis globales, regionales y particulares. A pesar de que la izquierda se ha empoderado sustantivamente, aún queda la confusión de cuáles son o serán sus resultados y si sus promesas de cambio serán la solución a lo que han vendido como un tortuoso pasado neoliberal o capitalista.
Lo sucedido en Argentina, Perú y Chile la semana pasada: un atentado fallido, juicios por corrupción a presidentes y vicepresidentes, y un plebiscito fracasado, deben suponer que la izquierda aún no logra amalgamarse en el poder con sustantivo progreso. ¿Qué izquierda quiere México a partir de 2024? ¿Qué tipo de izquierda propondrá Claudia o Marcelo? Ahí se centrará el debate, y se decidirá al ganador.
El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.