Trópicos

AMLO, el proeuropeo

Ante la serie de problemas que enfrenta la región, los resultados presentados en la cumbre de la CELAC serán insuficientes para salir adelante si no se concreta un verdadero bloque.

La sexta cumbre de la CELAC celebrada en México fue un excelente encuentro para percatarnos de la realidad política que se vive dentro de Latinoamérica y el Caribe, justo en un momento en que el mundo cambió sustantivamente a raíz de la pandemia por Covid-19.

Ante la serie de problemas que enfrenta la región, los resultados presentados en la Cumbre –fondo de desastres, agencia espacial, fortalecimiento sanitario, etcétera– serán insuficientes para salir adelante si no se concreta un verdadero bloque, como lo propuso Andrés Manuel López Obrador, y que se parezca al desarrollado por la Unión Europea.

No obstante, dentro de los estatutos de la Unión Europea, la democracia es un requisito esencial para cualquier nación que quiera integrarla. Cuba, por ejemplo, no podría ser parte del bloque europeo bajo su sistema político actual, pero quizá tampoco tendrían sobre sus hombros un embargo económico injusto y deplorable.

Hay otros países en nuestra región que viven bajo democracias ampliamente imperfectas y cuestionadas, como las de Venezuela y Nicaragua. A pesar de ello, sí existen las condiciones de establecer un camino progresivo para constituir instituciones regionales políticas y económicas y al mismo tiempo impulsar óptimas democracias.

A pesar de que la Unión Europea no ha estado ausente de crisis durante su conformación, vale la pena tomarla como ejemplo, aunque debe asimilarse que un modelo así lleva tiempo, está sometido a decisiones contundentes y acciones claras. Y no siempre se empieza con la inclusión de todos los países.

En el viejo continente, su creación se comenzó a gestar para contrarrestar los efectos de dos guerras mundiales y de las divisiones políticas entre este y oeste. Hoy día nosotros también buscamos salir de severas crisis, primero por la pandemia y en segundo lugar por la vulnerabilidad de nuestra sociedad y economía.

Aprendamos de ellos cuando están por cumplir 70 años desde sus primeros esfuerzos. A grandes rasgos: en 1952 inició la experiencia europea cuando seis países crearon la Comunidad Europea del Carbón y el Acero; después impulsaron la Comunidad Europea de Defensa; luego vino el Tratado de Roma, que dio nacimiento al Mercado Común Europeo (1957); posteriormente vino el fundamental Tratado de Maastricht, firmado por 12 países y que permitía, entre otras cosas, el libre tránsito de los europeos dentro del territorio europeo (1992); más adelante la entrada en circulación del euro (1999); posteriormente la ampliación de la Eurozona tras la incorporación de diez Estados del exbloque soviético (2004). Siempre habrá vicisitudes, como la salida de Gran Bretaña, pero también han aprendido a seguir adelante con estabilidad y confiabilidad.

Me parece ramplón criticar al gobierno de México por la presencia de ciertos mandatarios que acudieron el fin de semana pasado a la reunión de la CELAC, como la del presidente de Cuba, Díaz-Canel, y el mandatario venezolano, Nicolás Maduro. Estas cumbres no pueden incurrir en el derecho de admisión porque, justamente, implicaría un retroceso en cuanto al espíritu de buscar ser una región unida.

Al contrario, fue estupendo y oportuno que se presenten debates como los apreciados entre los mandatarios de Uruguay, Paraguay, Cuba y Venezuela, un cruce de conceptos que precisamente hacen hincapié en la democracia, el único sistema que promete futuro a nuestras sociedades. No sólo escuchamos cómo piensan los unos sobre los otros, sino que también permite a las sociedades dilucidar sobre los argumentos de los mandatarios y así cuestionar y construir mejores criterios.

Sí fue un triunfo diplomático para México. Sobre todo en un momento necesario para volver a abrir las puertas del multilateralismo, tan perjudicado por la pandemia. Las relaciones internacionales se han comenzado a mover vertiginosamente, ante la batalla frontal entre Estados Unidos y China, en la búsqueda de ser la nación dominante en el mundo; por ello México ni la región se pueden quedar ausentes.

En este contexto, cobra relevancia y notoriedad que el presidente chino, Xi Jinping, apareciera dando un mensaje de apoyo y apertura para negociar con ellos lo que sea. Un golpe de pragmatismo en la nariz de Estados Unidos.

A pesar de que la OEA continuará en funciones, su peso se ha reducido. Por ello, y aunque no se trató su desaparición o renovación, reivindica el liderazgo que busca México asumir en América Latina y el Caribe, un relevante objetivo que ojalá se convierta, el día de mañana, en un modelo similar a la Unión Europea, como tanto lo desea el presidente de México.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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