Trópicos

El discurso de AMLO que no debe pasar desapercibido

En un escenario como el Castillo de Chapultepec, AMLO no desaprovechó los simbolismos políticos para delinear la agenda de una nueva etapa de México y su liderazgo en la región.

Andrés Manuel López Obrador pronunció, el sábado pasado, uno de sus discursos más importantes en cuanto a política exterior. Englobó sus objetivos y futura estrategia al destacar la relevancia del TMEC, la posibilidad de crear un acuerdo comercial regional con Centroamérica y Sudamérica, y sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA). Una agenda ambiciosa de un gobierno mexicano que ve más allá del norte del río Bravo.

En un pronunciamiento bien elaborado, mostró pragmatismo y una visión de Estado que vale la pena reconocer y analizar, ya que evidenció un abierto respaldo al liberalismo económico al apostar por una Norteamérica fuerte, y que Estados Unidos sea el contrapeso de China, un país que desde hace 30 años registra un crecimiento económico exponencial y al mismo tiempo una amenaza para la estabilidad.

Aprovechó la conmemoración del natalicio de Simón Bolívar para desglosar las pretensiones que tiene para México, junto a América Latina y la necesidad de un aliado como Estados Unidos. Su apuesta implica impulsar un continente donde surja una “nueva convivencia entre todos los países de América, porque el modelo impuesto hace más de dos siglos está agotado”.

Frente a los cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y en un inmejorable escenario como el Castillo de Chapultepec, AMLO no desaprovechó los simbolismos políticos, a los que tanto le gusta hacer referencia, y así delinear una interesante agenda que puede ser el detonante de una nueva etapa de México y su liderazgo en la región.

En su discurso el protagonista fue Simón Bolívar, por obvias razones, pero de él se sirvió para construir un mosaico de personajes para darle sentido a sus intenciones. Inició con Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón, pasó de Antonio José de Sucre a José de San Martín, y de ahí a dos figuras esenciales estadounidenses que marcarían la visión de Estado Unidos con el resto del continente a inicios del siglo XIX, Thomas Jefferson y James Monroe, arquitectos de la idea “América para los americanos”.

De alguna manera, AMLO propuso regresar a ese modelo, pero con un enfoque distinto: “pensamos que lo mejor sería fortalecernos económica y comercialmente en América del Norte y en todo el continente”. Pero a partir de una nueva apuesta: “la de dialogar con los gobernantes estadounidenses y convencerlos y persuadirlos de que una nueva relación entre los países de América es posible.” ¿Logrará convencer a Venezuela, Bolivia y Cuba y a Estados Unidos, de sentarse juntos?

En este contexto se lanzó contra el futuro predominio de China. En una especie de premonición de lo que podría pasar si el gigante asiático sigue creciendo como lo ha hecho desde hace tres décadas, pronosticó que, si Estados Unidos no logra crecer como ellos, en 2051 los asiáticos dominarían el “mercado mundial”, por lo que “mantendría viva la tentación de apostar a resolver esta disparidad con el uso de la fuerza, lo que nos pondría en peligro a todos”. ¿Qué dirá EU cuando AMLO asume a China como una amenaza?

Claro, para ello, Estados Unidos necesitará sumar la fuerza de todos los países del continente americano y así construir un frente común, donde la “primera y fundamental máxima debería ser la de jamás mezclarnos en los embrollos de Europa. La segunda, nunca permitir que Europa se inmiscuya en los asuntos de este lado del Atlántico”, como esbozó alguna vez el demócrata Monroe. Sólo que ahora, habría que sustituir ‘China’ por la rezagada ‘Europa’.

Incluso, sugirió la creación de la Unión Latinoamericana, “semejante a la Unión Europea” donde nuestras economías transiten sin aranceles y haya libertad de tránsito, y ¿por qué no?… una moneda única. Dejó en el aire esa ‘utopía’ que quizás a partir de septiembre, cuando se celebre la reunión con presidentes de la CELAC, comience a hacerse realidad. Al presidente siempre le ha gustado apostar a lo grande. Vamos a ver si le sale la jugada.

Y para cerrar con broche de oro, habló de sustituir a la ya disfuncional Organización de Estados Americanos. La evidente inclinación de la OEA hacia los intereses estadounidenses y parcialidad hacia ciertos regímenes, ha dejado de manifiesto que su función es ya, inviable. Por ello, es plausible la propuesta del presidente de que se cree un nuevo ente, “autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia”… aunque con esta frase, manda una dedicatoria a la Numancia de América.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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