Trópicos

Los libros de la SEP que preocupan

La Secretaría de Educación Pública parece no entender la valía de los libros. Esto se entiende cuando pretenden ‘rediseñar’ los contenidos de manera improvisada y expedita.

El libro es la pieza central de la educación. En ellos se anidan, como luciérnagas luminosas, ideas, conceptos, definiciones, arte. Nos permiten volar hacia la libertad, ese valor que resume la esencia misma por la que nacemos.

Gracias a su conocimiento, que esconde con paciencia entre sus páginas, nos permite comprender desde lo complejo de las sociedades hasta la historia de nuestra humanidad. Nos llevan a los extremos de nuestras emociones entre sus versos, y también nos revelan las fobias y filias de muchos líderes políticos y pensadores. Entre libros también hay batallas gloriosas.

Nuestros cinco sentidos se abren ante sus letras, números e ilustraciones, y se expanden hasta el infinito. Los libros esconden toda la sabiduría. Tenemos esas piezas milagrosas que cambiaron el mundo, por ejemplo, la Biblia, el Corán, La Divina Comedia, Diálogos de Platón, Así Habló Zaratustra, El Príncipe, Don Quijote de la Mancha. Todos ellos conquistaron ideas, y sobre todo, generaron otras.

Muchos presidentes en el mundo han querido plasmar sus pensamientos en ellos. Consideran que de esta forma dejan una huella en la sociedad y un ejemplo para las futuras generaciones. Nada más lejano a la realidad, su ego les impide ver que lo que imprimen no son más que panfletos coleccionables para la biblioteca de sus propias vanidades. Muy pocos alcanzarán la profundidad de Gandhi, Mandela o Churchill.

En la actualidad, la Secretaría de Educación Pública parece no entender la valía de los libros. Esto se entiende cuando pretenden ‘rediseñar’, es decir cambiar los contenidos de manera improvisada y expedita, de los libros de texto gratuitos de Español, Ciencias Naturales, Historia y Geografía, en los grados de tercero, cuarto, quinto y sexto de primaria, para el próximo ciclo escolar.

No, cuando estos trabajos dependen de Max Arriaga Navarro, un singular funcionario de la SEP, que desde que llegó a la Secretaría de Cultura como director general de Bibliotecas Públicas comenzó a actuar con descaro, primero al humillar a Daniel Goldin, al desplazarlo de la Biblioteca Vasconcelos con ‘maltratos’, como lo repudió la misma Elena Poniatowska en sus redes sociales en febrero de 2019. Arriaga es el prototipo que delineó el presidente Andrés Manuel López Obrador, de que, para la 4T, la lealtad es más importante que la capacidad.

Sus desplantes se hicieron notar, nuevamente, un año después, cuando sus ocurrencias se acumulaban como polen en primavera. Fue frente a niñas y niños, al pronunciar un discurso simplón y fuera de lugar, simulando el estilo del Che: “mujeres, si en verdad buscan emanciparse de sus opresores, modificar este sistema machista que las rodea, no esperen que su libertad llegue como un regalo, por favor lean aquellos libros, ahí están descritos los caminos para su revolución”. ¡Infumable!

Ya como director general de Materiales Educativos de la SEP, se propuso ampliar su repertorio de exquisiteces, y en franco descaro y desconocimiento de la relevancia de ilustradores y diseñadores gráficos, los convocó para crear las portadas de los próximos libros de texto, sin pago alguno. ¿Quién se creé él, para menospreciar el trabajo de profesionistas? Podría haber puesto el ejemplo, al menos, y trabajar gratis en correspondencia con su ideología. Pero no, la lealtad a la 4T también se capitaliza.

De esta manera, en sus manos (o ideología) estarán los resultados de la evaluación de mil 92 materiales educativos y posterior ‘rediseño’ de 234 materiales didácticos para la formación de 16 libros de texto gratuitos que fueron desarrollados en dos semanas y que marcarán las maltrechas bases educativas de la 4T, después de la pandemia.

Aunque en febrero la SEP pretendió ser inclusiva al invitar a participar en la elaboración de estos libros a docentes, investigadores, cronistas jubilados, etcétera, al parecer fue una simulación. Primero, tendrían que pasar por una ‘capacitación’ sobre La Nueva Escuela Mexicana. ¿Alguien la entiende? Y después, ¡ojo!, aclaran: “Los participantes autorizan a la Dirección General de Materiales Educativos a utilizar, editar, publicar y reproducir por cualquier medio impreso o electrónico las imágenes, los contenidos y cualquier información de los trabajos, sin restricción alguna.” Es decir, al final, Max va a hacer lo que quiera con los contenidos.

No esperamos que los libros de texto gratuitos cambien el mundo, pero sí que siembren en las mentes de las y los jóvenes mexicanos el inicio de una formación amplia, completa y sin dogmas. Los libros deben ser un rompecabezas que permitan comprender, imaginar, razonar, innovar y crear.

Por ello, la secretaría que creó José Vasconcelos está a prueba: o se decanta por ser una institución progresista, o bien construye su rumbo a partir de credos políticos e ideológicos.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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