Trópicos

La tragedia en la Línea Dorada que se pudo evitar

López Obrador sabe que esta terrible situación, a un mes de que se celebren elecciones en el país, puede ser un serio revés para sus objetivos electorales.

Desde la noche del lunes, se escuchaban las sirenas de las ambulancias en la Ciudad de México, se dirigían a una nueva pesadilla en la capital. La estación del Metro Olivos de la Línea 12, ubicada en la alcaldía Tláhuac, acababa de colapsar. Llegarían al peor accidente ocurrido en el icónico transporte público del país, el de los vagones naranjas.

Lo que mal empieza, mal termina, reza el dicho. Y así fue la historia de la construcción de esta estructura del Metro, en gran parte elevada, y que desde un inicio fue fallida. Es imperdonable que, en uno de sus tramos, una trabe se venciera y dos vagones cayeran al vacío. Nada justifica esta tragedia, y deben pagar los responsables.

Y es que desde 2012 comenzaron a registrarse diversas fallas, que iban desde problemas eléctricos, reconstrucción de estaciones, hasta el reemplazo de vías y columnas afectadas por los sismos. Además, circulan fotos en redes sociales de usuarios y vecinos aledaños a estas estaciones, que evidenciaban el mal estado de sus estructuras, varias de ellas, en la estación Olivos.

La también conocida como Línea Dorada cuenta con 20 estaciones modernas. Va de Mixcoac a Tláhuac, y cruza todo el sur de la capital. Hace intersección con las líneas verdes, azul y naranja, y fue inaugurada el 30 de octubre de 2012. En ese entonces, Marcelo Ebrard, era jefe de Gobierno; Mario Delgado su secretario de Finanzas, y Miguel Ángel Mancera, entonces su amigo, futuro mandatario de la ciudad.

Que en pleno siglo XXI una construcción que no requiere de una gran ciencia ingenieril colapse, habla de que en el plan, desarrollo y mantenimiento de esta línea del Metro han permeado la corrupción, omisión y colusión entre quienes han gobernado la capital, desde Ebrard hasta Sheinbaum. Por todos es sabido de las innumerables fallas que muestran que la estructura nació con defectos, de que éstos continuaron, y no se hizo lo suficiente para evitar al menos 24 muertos, y más de 75 heridos, entre ellos varios menores de edad.

Antes, ya se habían hecho vías elevadas en la red del Metro, por ejemplo, en la Línea 9, conocida también como la ‘café', inaugurada en 1987, y que va de Pantitlán a Tacubaya; o la 4, que va de Santa Anita a Martín Carrera, abierta al público en 1976. Ambas siguen funcionando a la perfección.

Por eso, es inaudito que con los avances tecnológicos y de ingeniería, más la experiencia obtenida desde 1969, cuando se inauguró la primera estación del Sistema de Transporte Colectivo Metro, el día de hoy vivamos estas calamidades con una línea estrenada hace apenas nueve años y sometida a varias cirugías.

En la mañanera de ayer, al presidente se le veía incómodo, nuevamente arremetiendo contra la prensa, pues sabe que vendrá una andanada de críticas a su equipo más cercano. Pero al parecer, a quien apoyará es a Claudia Sheinbaum, al decir abiertamente: “la vamos a respaldar”. Mientras que, aunque aceptara que Ebrard diera la cara y expresara su disposición para aclarar cualquier investigación, en él se centran las principales responsabilidades, no hay vuelta de hoja.

Sobre él recaen las mayores preocupaciones, ya que el origen de la construcción fue con él. Su equipo se encargó de la planeación estratégica, de la selección de los materiales y la elección de las empresas que construiría. Sin lugar a dudas, Marcelo Ebrard será duramente afectado en sus proyecciones políticas. Ya le había ocurrido en su autoexilio por temor a que lo fueran a apresar, precisamente porque pesaron varias acusaciones sobre él, mientras aumentaba la enemistad con Miguel Ángel Mancera. Hoy, se abre un nuevo capítulo que tendrá que palear entre la política y las investigaciones, que pueden concluir que todo estuvo mal desde un inicio.

AMLO sabe que esta terrible situación, a un mes de que se celebren elecciones en el país, puede ser un serio revés para sus objetivos electorales, sobre todo en la obtención de mayorías en la Cámara de Diputados y que además involucra a dos de sus principales apuestas para 2024. Ya asumió su propio control de los daños: en primer lugar, esperar a que Claudia Sheinbaum asumiera el liderazgo; en segundo lugar, seguir con su agenda como si nada para desobligarse de las consecuencias. En tercero, obligar a Marcelo a que se sujete a cualquier investigación. Apostará por la transparencia, al interior de su equipo. ¿Lo logrará?

Por lo pronto, todos comenzarán a lavarse las manos, a acusar al pertinente, a esperar los procesos de los largos resultados de empresas especializadas, peritos, dictámenes, topógrafos, etcétera. A manejar los tiempos, a que la tragedia vaya pasando a un segundo plano, a esperar a que pase la pesadilla… al final y siempre ajustándose a los tiempos electorales, culpar a quienes afecten menos a los proyectos políticos de interés, principalmente, de la cúpula gobernante.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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