"Mi identidad ¿De quién es?"
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"Mi identidad ¿De quién es?"

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"Mi identidad ¿De quién es?"

25/02/2020
columnista
Alfonso Govela
Blockchain News

“¡Pues mía! ¿De quién va a ser?” Bueno, quizá también un poco de los otros, pues con ella me presento ante los demás y por ella me conocen. Después de todo soy en lo individual y en lo colectivo.

Mi identidad es ese conjunto de acciones y afirmaciones que a través del tiempo construyo en mi interior para interactuar con mi exterior. Nuestras identidades son multitud. Por la cantidad de personas que somos, los lugares donde vivimos y los dispositivos que usamos. Por la diversidad de campos donde las manifestamos como identidad psicológica, de género, étnica, cultural, religiosa o política.

Con nuestras identidades afirmamos quiénes somos y con quién nos relacionamos. Con ellas iniciamos cada interacción y bajo su marco de referencia llevamos a cabo las acciones que cada contexto sugiere o permite. Identidad es información sobre los actores, pero también sobre sus roles y su actuación en la escena de sus vidas.

Nunca habíamos generado tantos datos sobre nosotros mismos ni sobre nuestra actuación en el mundo. Nunca tantos supieron tanto de nosotros. Nunca, sin embargo, fuimos dueños de tan poca de esa enorme riqueza que nosotros mismos generamos. El nuevo mundo digital registra casi todo momento de nuestra vida cotidiana, pero ese tesoro de datos lo guardan en sus cofres corporativos quienes nos regalan servicios a cambio de ellos, o quienes, con justa razón, demandan conocernos para confiar en nuestras transacciones.

¿Cómo es que lo logran? Entre otras cosas, con la ayuda de la Identidad Digital, ese requisito indispensable para nuestra conexión e interacción en Internet. Este universo de redes físicas y lógicas conecta computadoras claramente localizadas e identificadas. Sin identificación no hay conexión y sin conexión no hay interacción. Ingenioso, pero pensado originalmente para máquinas, no para personas.

El nuevo mundo digital nos aplica la vieja noción de las murallas de los castillos. Para bajar el puente levadizo y alzar la reja del portón, hay que contestar al grito de “¿Quién vive?”. Y la respuesta es presentar credenciales que acreditan nuestras afirmaciones, para que un inspector las revise, verifique, directamente o a través de terceros, y si las considera válidas nos permita el acceso. Caballeros y armaduras, caballos y monturas, lanzas y espadas, todo lo que entra y sale del castillo, mas todo lo que pasa en su interior, se registra digitalmente. El castillo es “inteligente”, así lo llaman ahora ¿Su secreto? La aduana de acceso que permite conocer quiénes somos, adjudicarnos lo que podemos hacer, saber qué hicimos, y destilar claros perfiles de comportamiento analizando nuestros historiales de interacción. Nuestra privacidad, la seguridad de nuestros datos y su propiedad están en riesgo.

No todo está perdido, afortunadamente. Décadas de avances en ciberseguridad unen fuerzas ahora con DLT y Blockchain para lograr una fuente descentralizada de confianza construida por consenso.

La Identidad Soberana, o SSI, por sus siglas en inglés “Self-Sovereign Identity”(1), es una nueva forma de respaldar, proteger, y administrar los datos de mi identidad individual mediante coordinación social descentralizada.

SSI construye un ecosistema de confianza para los ciudadanos y las autoridades que certifican sus diversas atribuciones personales -Registro Civil, INE, Tránsito, Banca o Universidades, por nombrar algunas-. Con SSI cada autoridad participante puede expedir una referencia digital que apunta a mi acreditación que ya tienen y con la cual siguen testificando oficialmente mi identidad. Yo guardo estas referencias para administrarlas selectivamente según me requieran validar datos específicos y concretos. Por ejemplo, puedo atestiguar mi edad con la referencia digital a mi Acta de Nacimiento en el Registro Civil, o a mi credencial del INE, pero sin mostrar los otros datos adicionales que en ahí aparecen, por ejemplo, mi fecha de nacimiento y los nombres de mis padres, o la dirección donde vivo y el registro de las elecciones en las cuales voté.

Tengo entonces en mi cartera un grupo de garantes institucionales, pero fragmento, por así decirlo, los datos de sus credenciales, de manera que cuando se necesitan atestiguo sólo lo necesario, fortalezco mi privacidad, reduzco la posibilidad de que me correlacionen perfiles, y mantengo la relación con cada institución certificadora.

El reto de la identidad, digital o no, es aún mayúsculo. Según el Banco Mundial 1.1 billones de gentes en el mundo no tienen identificación. Naciones Unidas tiene una meta clara: “De aquí a 2030, proporcionar acceso a una identidad jurídica para todos, en particular mediante el registro de nacimientos”.

¡Es el momento de recuperar nuestra identidad digital! ¡Seamos Zapatistas Digitales: ¡Los datos son de quien los genera!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.