La final más vista de la historia
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La final más vista de la historia

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La final más vista de la historia

11/12/2018

Para vender, para saciar la sed de venganza, para humillar y hacer de esta la paternidad más grande del futbol mexicano, para acabar con la maldición, para que los odien más, para enterrar el verbo cruzazulear; para recuperar dos generaciones hundidas en fracasos y tristezas, o para hacer más grande su territorio de amor y odio.

Para todo sirve la final del futbol mexicano.

Para alimentar el morbo, por supuesto, hay cualquier cantidad de historias en paralelo, como el regreso de Cruz Azul a la casa donde se hizo grande, o ver a Ricardo Peláez, uno los gestores de la cruzazuleada más grande la historia, defendiendo ahora la casa de enfrente.

Ganar o perder esta final tiene significados que van más allá de lo deportivo. Para Billy Álvarez, por ejemplo, representa todo. No se trata de poner un trofeo en la vitrina, sino de legitimar y abonarle cierta dosis de dignidad a su gestión que, dicho sea de paso, no podría soportar otra derrota.

Hay muchas manera de abordar la que podría ser la final más vista de la historia del futbol mexicano. Su contenido es altamente atractivo y el de la justicia es uno importante, y lo es porque en el último partido de la temporada están los dos equipos que terminaron en lo más alto de la tabla, los dos más consistentes, los dos que le dieron la espalda a la típica inestabilidad del futbol mexicano. Los dos mejores, que sea dice fácil, pero son casos de excepción con nuestro formato de competencia.

Dos equipos capaces de ofrecer un espectáculo de buen nivel con el correcto control de emociones; si Cruz Azul y América son gobernados por la ambición del título más que por el miedo a perderlo, entonces tendríamos una final digna de memoria.

Y la apuesta debería ser esa, ganar, más que no perder, ya que los planteles así lo demandan. Basta revisar las nóminas para darse cuenta que estamos frente a dos de las más completas del circuito: individualidades puestas al servicio del conjunto que arrojan como resultado dos cuadros muy competitivos.

Para hablar de los técnicos faltaría espacio, pero decir que estamos frente al mexicano más consistente (junto a Ferretti) de la última década, y ante un extranjero que más allá de venir al futbol mexicano a intentar trascender, debemos decir que llegó a nuestro futbol para cambiar muchas cosas estructuralmente hablando.

Mejor, imposible.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.