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Pruebas PISA y la educación en México

Generalmente, los puntajes promedio de los estudiantes mexicanos seleccionados aleatoriamente para PISA son consistentemente inferiores a los promedios de la OCDE.

Las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) fueron creadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hace más de 20 años. Este diciembre, México y el mundo podrán conocer los resultados de su más reciente aplicación, llevada a cabo en el año 2022. En este artículo, se ofrecen algunas reflexiones respecto a la historia de esta evaluación; el uso que se ha hecho de ella en México y también qué puede aportar para el momento actual que vive el sistema educativo nacional.

Valoradas por unos y resistidas por otros, las pruebas PISA ofrecen una plataforma privilegiada para debatir sobre educación. En sus reportes, se puede encontrar información para ponderar los avances o retrocesos de los niveles de aprendizaje de los estudiantes en el tiempo. También se pueden identificar factores sociales y económicos asociados a los resultados que se obtienen. Y, por cierto, se hacen visibles las grandes diferencias que surgen al compararse con los niveles de aprendizaje en otros países.

La conversación pública respecto a los resultados PISA debe estar abierta a distintos marcos de interpretación y referencia. Primero, porque conceptos como calidad y aprendizaje no son entendidos de la misma manera por todos los actores relevantes del sector educativo. Y segundo, porque tal como se explicará a continuación, las herramientas que ofrece PISA responden a propósitos específicos y no aspiraciones universalmente aceptadas. Por lo mismo, sus resultados deben ser vías para un camino de diálogo y reflexión respecto a cómo garantizar de mejor manera el derecho a aprender de niñas, niños y jóvenes.

Desarrolladas entre 1997 y 1999 y aplicadas por primera vez en el año 2000, estas pruebas buscan evaluar qué tan bien llevan a cabo ciertas tareas los estudiantes de secundaria de 15 años de edad en un país. Se considera esta edad y nivel como una especie de mínimo común en la trayectoria educativa de las personas. De manera tal que la información que aporta PISA busca retratar qué capacidades genera en su población el sistema escolar de un país, independiente de los niveles más altos de formación que puedan alcanzarse.

Estas evaluaciones se han centrado históricamente en lectura, matemática y ciencias. Siendo una prueba de competencias, PISA mide cómo los estudiantes aplican información y conocimientos para resolver problemas. Dado que PISA enfatiza habilidades relevantes para sociedades democráticas liberales y economías globalizadas, ciertos atributos quedan fuera de su alcance evaluativo.

La participación de México en PISA ha sido constante desde el año 2000, ofreciendo una perspectiva nítida sobre avances y áreas de oportunidad. Generalmente, los puntajes promedio de los estudiantes mexicanos seleccionados aleatoriamente para PISA son consistentemente inferiores a los promedios de la OCDE en todas las asignaturas.

Las desigualdades que surgen al compararse con los países de resultados más altos (como China, Singapur o en su momento Finlandia) se difuminan cuando la comparación se realiza con países que tienen una realidad socioeconómica más cercana, como los latinoamericanos. Pero la tendencia muestra con claridad que los resultados de la gran mayoría de estudiantes en México -incluyendo aquellos de escuelas privadas- se ubican principalmente en los dos niveles de menor logro, dentro de seis alcanzables.

Las diferencias en los resultados de PISA obtenidos por los estudiantes se encuentran asociadas a factores que permiten reflexionar respecto a cómo ciertos cambios sociales y modificaciones en el funcionamiento de los sistemas escolares podrían mejorar los resultados de aprendizaje. Esto es crucial para México, ya que los resultados de diciembre revelarán la magnitud del impacto de la pandemia de COVID-19 en el aprendizaje de niñas, niños y jóvenes. Cuando los resultados de PISA 2022 para México sean liberados, será clave distinguir entre debates educativos genuinos y aquellos inspirados por el aprovechamiento político. Será tiempo de dar más importancia a la comparación con nosotros mismos que a la comparación con los vecinos, y dejar de lado la búsqueda de culpas y responsabilidades que nada resuelven. La oportunidad está en aprender e innovar, pensando en cómo mejorar el funcionamiento de las escuelas y del sistema educativo. Se trata de dar prioridad a la tarea de garantizar a cabalidad los compromisos que implica el derecho a la educación.

Gustavo Rojas Ayala es director general en Mexicanos Primero Sinaloa.

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