El reporte anual de “Brand Finance México 50/2026” confirma que, más allá de ciclos económicos adversos, tener en el portafolio una marca valiosa sigue siendo un activo que se convierte en motivo y eje central de las decisiones corporativas, y en una garantía de ingresos que es, al mismo tiempo, promotor, vendedor y acumulador de valor.
Lo primero que llama la atención de las primeras 10 posiciones de la lista es que 7 correspondan a empresas de servicios y solo 3 a productos.
De hecho, dos de ellas son bancos (Banorte y Banamex), dos tiendas de autoservicio (Chedraui y Bodega Aurrera), dos empresas de telecomunicaciones (Telcel y Claro) y una cadena de tiendas de conveniencia (Oxxo).
En el caso de productos, destaca la presencia de la tequilera Don Julio, pero lo que sobresale es que Corona Extra y Modelo Especial encabezan la lista en las primeras dos posiciones. Bimbo, por su parte, es reconocida como la marca mexicana de mayor fortaleza.
El valor de Corona Extra alcanza la friolera de 13 mil 916 millones de dólares, lo que es fiel reflejo del posicionamiento global de la marca desde hace décadas.
La multimillonaria inversión publicitaria que la respalda y la lealtad indeclinable de consumidores alrededor del mundo la convierten en marca líder del sector, no solo en México, sino en una de las más valiosas en el ranking de las cervezas del mundo.
Otro dato relevante del informe es el crecimiento del total de las marcas analizadas, que en su conjunto alcanzó un 17 por ciento respecto del valor reportado para el año 2025.
Es simple concluir lo que el diferencial de este incremento representa frente al crecimiento de la economía mexicana en el mismo periodo.
Resulta interesante constatar que una marca como Bodega Aurrera, que fue reducida por sus propietarios a segmentos populares de consumo, se sostenga como la tercera marca mexicana más valiosa por encima de otras con mayor exposición como Soriana o Chedraui, gracias a la fidelidad que miles de personas le siguen entregando en reconocimiento a su historia y consistencia.
El ejercicio de valuar el portafolio de las más valiosas marcas mexicanas nos recuerda la enorme utilidad de las herramientas que permiten comprender, con objetividad, el valor de los activos intangibles de Propiedad Intelectual.
En un mundo en el que los bienes y servicios se replican con cada vez mayor eficiencia, la exclusividad que aporta una marca, una patente o un derecho autoral hace la diferencia de manera sostenible para quien tiene la perseverancia de construirlos.
Después de tres décadas de que nuestro país asumió la apertura de su mercado como condición indispensable de su integración a los grandes tratados internacionales de libre comercio —TLCAN y OMC—, es evidente que el músculo que múltiples empresas nacionaleshan desarrollado les permite competir sin restricciones en una diversidad de mercados con excelentes resultados, siendo la consolidación de marcas mexicanas de renombre tema superado.
Nuestro gran pendiente, como sabemos, descansa en la producción de tecnología jurídicamente protegible, es decir, en producción intensiva de patentes valiosas.
En ese contexto, la decisión del IMPI de contratar 500 examinadores para reforzar el trámite de patentes es una decisión que refleja el compromiso de contar con mejores capacidades para apoyar el objetivo común de impulsar nuestro rol en una economía que paga por el conocimiento.