Conocer objetivamente la situación de cualquier materia en un país, una empresa o un proyecto es el primer paso para poderlo mejorar.
Con ese razonamiento en mente, la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI) trabaja en implementar un observatorio de propiedad intelectual que permita recolectar, generar y comparar información de una serie de indicadores para construir este radar permanente de temas, indispensables para definir políticas, estrategias y nuevas leyes orientadas a la mejora continua del sistema de propiedad intelectual en México.
La experiencia en otras economías demuestra que este tipo de instrumentos es indispensable como punto de partida para la toma de decisiones.
Si no sabemos cuántas patentes presentamos los mexicanos, en qué áreas se gestionan, cuántas provienen de universidades privadas, cuántas de públicas, cuáles se escalan a protección internacional, cuántas llegan al mercado, qué monto producen en regalías y otros indicadores asociados, es difícil determinar qué incremento se logra en cada rubro y qué medidas permiten reforzar aspectos deprimidos que gravitan negativamente en la totalidad del ecosistema; y si esa información se dimensiona en contextos regionales e internacionales, la medición permite “espejear” de manera objetiva nuestra realidad.
La Propiedad Intelectual está hoy más vinculada que nunca a la innovación y la creatividad económicamente relevantes, hasta el punto en el que el éxito de las empresas, los gobiernos y los países está amarrado en buena medida a su capacidad para agregar valor a partir de ofertas diferenciadas.
La buena noticia es que hoy nuestro país cuenta con el más amplio ecosistema de propiedad intelectual a lo largo de su historia.
Desde la rectoría manifiesta del IMPI y del INDAUTOR en sus respectivas esferas de influencia, hasta las acciones antipiratería que descansan en la FGR y en Aduanas, pasando por otras entidades especializadas como el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) en el área de variedades vegetales o las atribuciones del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas en materia de protección del patrimonio cultural inmaterial de pueblos originarios.
Por esos motivos, tener hoy datos duros sobre temas como marcas, diseños y modelos industriales, nombres de dominio, litigios, obras y reservas autorales, variedades vegetales, denominaciones de origen, uso de herramientas internacionales, casos de licenciamiento, número de franquicias, casos de reclamaciones y registro de expresiones culturales tradicionales, y muchos más, permite construir el mapa.
Incluso el número de especialistas y la variedad de oferta académica son datos imprescindibles en la comprensión de nuestro estatus.
México está en el lugar 56 del índice mundial de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en materia de innovación, lo que no coteja con nuestro lugar 15 entre las más importantes economías del mundo.
Este desfase acredita de manera contundente la brecha que está por delante y es necesario acortar.
El tiempo apremia, y la IA amenaza con romper la progresión orgánica que algunos países seguíamos en la búsqueda de un mejor lugar en las cadenas de la economía creativa, abriendo posibilidades ilimitadas para un reacomodo de los jugadores, dando realidad a la ahora célebre frase de Carney: “O estás en la mesa, o eres parte del menú”.
El autor es presidente de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI).