MexPago: De la transaccionalidad simple a la integración funcional de soluciones de pago en digital
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MexPago: De la transaccionalidad simple a la integración funcional de soluciones de pago en digital

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MexPago: De la transaccionalidad simple a la integración funcional de soluciones de pago en digital

25/05/2020
Actualización 25/05/2020 - 12:12

Debería haber sido implementado hace mucho tiempo, pero todos sus clientes solían pagar la renta con transferencias o depósitos, con mínimos retrasos y sin mayor intervención que mandarles su factura.

El cierre obligado de los negocios de sus arrendatarios, sin embargo, frenó los pagos de forma dramática. Las acciones de cobranza no tardaron nada en escuchar que muchos podrían pagar si y sólo si aceptaran el pago con tarjeta de crédito.

Se ve lejos agosto de 2015, fecha en que MexPago pudo hacer la primera transacción electrónica. Su fundador, Luis Castillejos Ordaz, germinó la idea en un taxi en Brasil en 2012. Observó un sistema distinto al bancario tradicional para cobrar el servicio de transporte. Eso detonó la inquietud para configurar una empresa de pagos electrónicos con una plataforma desarrollada base cero.

Hoy, un equipo de sólo 15 colaboradores realiza 300 mil transacciones al mes a nivel nacional y están siendo beneficiados del interés creciente por el mundo de los negocios en línea.

¿Qué ha hecho que esta compañía tenga días inusualmente ocupados en medio del autoconfinamiento de muchos? Aquí tres tendencias para la reflexión:

1) El incentivo primario para la adquirencia ya cambió.- Y no es porque no siga siendo importante tener una terminal compatible con el mundo de los teléfonos celulares o que los bancos tradicionales sigan siendo complicados y caros para afiliar comercios, sino porque el disparador primario del interés para la afiliación de una empresa o profesionista independiente hoy es la transaccionalidad por internet.

2) Los cobros en línea están lejos de limitarse al comercio electrónico ortodoxo.- Basta con imaginar las múltiples actividades que requieren facilitar el pago de donativos (iglesias o ONG), la dinámica de micropagos que ocurren en un mundo donde el crédito se expande y los nuevos modelos de ingreso que surgen en servicios profesionales de toda índole entregados en múltiples plataformas de videoconferencias o de streamings.

3) La transformación digital ha dejado de ser optativa.- El freno de la economía física ha forzado el rediseño de casi todos los modelos de negocio. Y lo digital pasa por resolver métodos de pago en línea, lo más integrados posibles al ambiente web en el que navega un prospecto o cliente, sencillos y robustos, al tiempo que prevengan fraudes de diversa índole.

Las instituciones ágiles de Fondo de Pago Electrónico tienen una gran oportunidad para crecer en el actual entorno de mercado, pero tienen que sobreponerse con astucia y capacidad de comunicación a la enorme brecha de conocimiento tecnológico que existe entre oferentes de nuevas soluciones basadas en tecnología y tomadores de decisiones al interior de empresas, que no sólo ignoran la funcionalidad y aplicabilidad de muchas soluciones, sino que ni siquiera están conscientes de su nivel de desconocimiento.

Una casuística de mensajes puso en contacto al CEO de MexPago con el abogado corporativo de la empresa inmobiliaria. Su solicitud inicial fue una terminal para aceptar tarjetas. La solución resultó la adaptación de una API (Aplication Program Interfase) para que pudiera aceptar pagos con tarjetas en línea, en una interfase desde su portal, instantes después de haber mostrado a su deudor el estado de cuenta más actualizado. Todo confeccionado en días, sin reunión presencial alguna y recibiendo los fondos resultantes en el banco de su preferencia.

¿Por qué no lo hicimos antes?, sospecho que fue la reflexión del abogado. Y la respuesta es la misma que en muchos negocios en el mundo: porque no habían sentido el dolor que disparó su actuación. Y es que, como diría el filósofo, “así pasa cuando acontece”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.