Despertador

Varón y mujer

La figura del “varón cabeza de familia” que se complementa con la mujer ama de casa ha quedado radicalmente cuestionada. La sociedad cambió; las leyes y el lenguaje deben cambiar en consecuencia.

El autor es Senador de la República

Cuando en 2019 se reformó la Constitución para incorporar el principio de representación paritaria de mujeres y hombres en todos los órganos del Estado, también se modificó el artículo 4º de ese ordenamiento para sustituir la palabra "varón" por la palabra "hombre".

Estas palabras expresaban una paradoja. El artículo 4º comenzaba diciendo: "El varón y la mujer son iguales ante la ley". Era 1975, Año Internacional de la Mujer, cuando se incorporó dicha oración. Con ella se pretendía establecer el principio de igualdad de ambos géneros ante la ley; para erradicar la discriminación jurídica hacia las mujeres. Sin embargo, de manera consciente o inconsciente, se introdujo al texto constitucional una sutil discriminación.

En lugar de decir "hombres", el artículo 4º de la Constitución decía "varones". Las definiciones que hay sobre el término "varón" son diversas y algunas parecen neutras. Por ejemplo, una definición dice: "Varón: Ser humano de sexo masculino". Otra dice: "Varón: persona de sexo masculino que ha llegado a la edad adulta". Pero hay otra que ya no parece neutral: "Varón: Hombre respetado y de buena fama". Y otra menos neutral aún: "Varón: Derivado del latín varo, valiente y esforzado". E incluso existe una definición todavía más clara: "Varón: Hombre que lleva la vara de mando".

A todo ello hay que agregar una importante confusión: varón coincide fonéticamente con barón. Aunque el título nobiliario barón se escribe con "b" labial o "b" grande y el término de la Constitución "varón" se escribe con "v" labiodental o "v" chica, al pronunciarse suena igual y agrega un contenido simbólico desigual adicional.

Así, al hablarse de varón se agregaba al hombre un conjunto de cualidades. Y como el lenguaje es uno de los mecanismos de reproducción de prejuicios discriminatorios, se modificó esa línea de la Constitución. El nuevo texto del artículo 4º dice así: "La mujer y el hombre son iguales ante la ley".

Sin embargo, en la Constitución subsistió el término "varón" en otros dos artículos: el 30, al hablarse de la nacionalidad, y el 34, al tocarse el tema de la ciudadanía. La fracción II del apartado B del artículo 30 dice: "La mujer o el varón extranjeros que contraigan matrimonio con varón o con mujer mexicanos..." Y el artículo 34 señala: "Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos…".

En días pasados, el Senado aprobó una reforma, que aún deben confirmar la Cámara de Diputados y los congresos Locales, para que dichos preceptos queden de la siguiente manera: Artículo 30, apartado B, fracción II: "Las personas extranjeras que contraigan matrimonio con personas mexicanas…". Artículo 34: "Son ciudadanas y ciudadanos de la República las personas que, teniendo la calidad de mexicanas…".

Las reformas mencionadas atienden a la idea de contar con un lenguaje no discriminatorio, pero reflejan, además, una transformación de mucho mayor fondo:

La palabra varón expresaba un modelo familiar y productivo instaurado en la segunda posguerra mundial. Gosta Esping-Andersen lo dice muy bien: "la clase trabajadora urbana de la posguerra se adhirió al modelo del varón cabeza de familia y la mujer ama de casa". Más aún: "el mercado de trabajo pasa a construirse en torno al sujeto masculino que constituye el sostén de la familia con su trabajo (y al que en lo sucesivo denominaremos 'el varón cabeza de familia'), mientras que las esposas y los demás miembros de la unidad familiar dependerán de unos derechos sociales derivados, y no personales. En otras palabras, el bienestar familiar dependerá del cabeza de familia".

Los cambios profundos en la estructura laboral han permitido la incorporación masiva de las mujeres al trabajo, lo cual ha fortalecido la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. La figura del "varón cabeza de familia" que se complementa con la mujer ama de casa ha quedado radicalmente cuestionada. La sociedad cambió; las leyes y el lenguaje deben cambiar en consecuencia.

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